Cuando
te sientes responsable por otros, cuando te haces cargo de sus estados
anímicos, y quieres cambiarlos, no los estás respetando.
Excluyo por supuesto los casos de dependencia, niños y ancianos, enfermos.
Si
eres quien sostiene a la familia o a tus amigos, emocionalmente, estás
en un lugar que no te corresponde. Por eso, no es retribuido. Al
contrario, cada vez hay más reclamos, desagradecimiento, rechazo, poco
reconocimiento. Porque el otro eligió ese camino para crecer y se lo
estás quitando.
Les das guía, les muestras puertas, horizontes. Los orientas en la
oscuridad... Incluso la absorbes para alivianar su viaje,
transmutándolo. Podrás hacerlos sentir bien, por un momento, pero luego
volverán a sus hábitos mentales. No quieren salir de allí, por más que
lo digan, o se hagan la víctima. No es tu papel despertarlos, ni
cambiarlos.
El
respeto hacia el proceso del otro, es parte del aprendizaje del amor
incondicional. Es verdad, duele ver a seres queridos autoinfligiéndose
dolor, pero nosotros hemos pasado por eso. Necesitamos pasar por eso en
su momento. No seríamos quienes somos hoy, si no hubiéramos aprendido
esa lección. Cómo inocular lecciones a otra persona? Es imposible.
Suelta
tus cargas, tu supuesta responsabilidad. Cuando el deseo de hacer algo
por los demás se transforme en un peso, en sacrificio, es señal de
parar. Soltar. Callar. Decir no. Simplemente estar presente,
acompañando. Amando, así como es. Y cuando tu vibración aumente, sola
cambiara el clima. Una brisa de aire cálido, de respeto por el sendero
del otro, aclara los pasos. Da respiro. Hace pensar. Tu ejemplo es lo
mejor que puedes regalar. Tu mirada de pura aceptación incondicional.
-Laura Gerscovich-
No hay comentarios:
Publicar un comentario