-Una madre no solo te dio la vida… también te enseñó a amar sin condiciones.
Desde el primer día, su pecho fue abrigo, su voz fue calma, y sus manos, el primer refugio que conociste.
Amarla no debería depender de su edad, de su salud o de lo mucho que repita las mismas historias.
Porque cada arruga suya guarda una batalla que peleó por ti.
Y cada olvido suyo es parte del precio que pagó por estar siempre presente.
Quien cuida a su madre con ternura, está cuidando su propia humanidad.
Quien la respeta, aunque ya no entienda bien el mundo, está sembrando honra para su vejez.
Pero quien la desprecia, la ignora o se avergüenza de ella… está cavando el silencio que recibirá cuando sea viejo y necesite compañía.
La forma en que tratas a tu madre… es la forma en que la vida te tratará a ti.
Porque el verdadero amor se demuestra cuando ella ya no puede darte nada… pero tú aún le das todo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario