1. No marques más de dos veces seguidas.
Si no contestan, es porque no pueden o no quieren. Respétalo.
2. Devuelve el dinero que te prestaron antes de que te lo pidan.
Aplica también para paraguas, plumas, toppers y pequeños favores.
Eso se llama decencia.
3. Si te invitan a cenar, no pidas el plato más caro.
La gratitud vale más que el lujo presumido.
4. Evita preguntas incómodas:
“¿Y la boda?”, “¿Y los hijos?”, “¿Y el depa?”.
Esa vida no es tuya.
5. Sostén la puerta a quien viene detrás.
No es heroísmo. Es educación básica.
6. Si hoy tu amigo pagó el Uber, mañana te toca a ti.
Las relaciones se sostienen con reciprocidad, no con aprovechamiento.
7. Respeta opiniones ajenas.
Lo que para ti es un “6”, para otro puede ser un “9”.
8. No interrumpas. Escucha.
A veces el silencio enseña más que mil discursos.
9. Si cuentas un chiste y nadie se ríe, detente.
La incomodidad también es una respuesta.
10. “Gracias” nunca sobra.
Úsalo más seguido.
11. Halaga en público.
Corrige en privado.
12. No comentes el peso de nadie.
Mejor di: “Te ves muy bien”.
Y ya.
13. Si alguien te muestra una foto en su celular, no deslices.
No sabes qué más hay ahí.
14. Si alguien va al médico, no preguntes: “¿Qué tienes?”.
Di mejor: “Ojalá todo salga bien”.
Respeta la privacidad.
15. Trata igual a quien limpia que al director.
La verdadera grandeza se nota con quienes no te deben nada.
16. Si alguien te habla, suelta el celular.
Mirar la pantalla es faltar al respeto.
17. No des consejos si no te los piden.
Las lecciones no solicitadas no las escucha nadie.
18. Si te reencuentras con alguien tras años,
no preguntes edad ni sueldo.
Pregunta: “¿Cómo estás?”.
Eso pesa más.
19. Ocúpate de tu vida.
No todas las historias necesitan tu opinión ni tu control.
20. Quítate los lentes oscuros al hablar con alguien en la calle.
El respeto también está en la mirada.
21. No presumas tu dinero frente a quien apenas llega a fin de mes,
ni tus hijos frente a quien no puede tenerlos.
La elegancia verdadera es empatía.
La educación no se grita.
Se nota.
En lo pequeño.
En lo cotidiano.
En cómo tratas a los demás cuando nadie te está evaluando.
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