A
lo largo de nuestras vidas habremos escuchado esta expresión repetidas
veces, no solamente a personas que por su angustiosa situación se podría
considerar justificable, sino a otras muchas que gozan aparentemente de
todo lo que ambicionaron en este mundo: riqueza, poder, posición,
popularidad, etc. Y quizá alguno de los que les observan se preguntan
¿Qué le falta para ser feliz si posee «todo»?
La
Doctrina de los Espíritus a través del estudio, nos enseña que cuantos
estamos encarnados en este planeta vivimos dominados fundamentalmente
por el dolor y el sufrimiento debido al estado evolutivo en el que nos
encontramos. Recordándonos así que la Tierra es un “mundo de expiaciones
y pruebas” donde debemos progresar espiritualmente con el esfuerzo,
ante la necesidad del libre desenvolvimiento individual.
Siendo
la libertad moral proporcional al estado de avance del ser, colaborando
asimismo en el mejoramiento general de la Humanidad, que nos llevará a
la felicidad universal como resultado definitivo de la evolución.
La
gran mayoría de aquellas personas que disfrutan de “todo”, pero que
sienten persistentemente el vacio interior, ni siquiera se plantearon la
necesidad de adquirir, para añadir a su amplio abanico de propiedades,
la riqueza más natural y gratuita: la grandeza espiritual. Lucharon
durante años para conquistar aquello que era tangible y tocaban con las
manos, lo que podían mostrar a amigos y enemigos, engordando su orgullo y
vanidad, olvidando que la felicidad no consiste en atesorar bienes
materiales aquí en la Tierra. Bienes conquistados que no se podrán
llevar al otro lado de la vida física, ignorando que el único equipaje
que les acompañará serán las virtudes y las imperfecciones que
acumularon en su encarnación.
El
evangelio según el Espiritismo, Capítulo XXV, Ítem. 6 ya nos alerta al
respecto: “No amontonéis tesoros en la Tierra, donde el orín y los
gusanos los consume, donde los ladrones los desentierran y roban; más
amontonad tesoros en el cielo, donde ni el orín ni los gusanos los
consumen, porque donde está vuestro tesoro, allí está también vuestro
corazón”.
Cierto
es que la riqueza es una de las pruebas más difíciles de superar. Ella
nos predispone a cometer acciones que nos apartan del camino idóneo,
pero recordemos también que gracias a ella, utilizándola debidamente, se
puede adquirir el bagaje moral que nos hará el regreso a la Patria
Espiritual mucho más apacible. Si todos los que sienten la frase que
encabeza estas líneas dedicasen tan solo unos instantes de su tiempo
para meditar sobre esta situación, elevando el pensamiento a lo Alto
buscando respuestas, estamos seguros que las encontrarían.
Nuestros
amigos los Espíritus, observándonos con esperanza, se encuentran
siempre dispuestos a colaborar en el bien. Ellos tienen el compromiso de
inspirarnos, intuirnos y encaminarnos apartándonos del entorno
materialista que nos domina y que nos tiene sumergidos en le
negatividad. Tan solo esperan nuestra llamada para acudir a nuestro
lado.
Juan Miguel Fernández Muñoz.- Asociación de Estudios Espíritas de Madrid.
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