Algunas personas son sensibles al tono de voz ( sonidos ). A la vez según escuchan se produce cambios internos.....
En los bebés, niños pasa lo mismo ....
Se comprende que sonido es vibración, a la vez cada palabra y la forma de decir o comunicar es vibración. Entonces comprendamos el funcionamiento de la biología.
EL EXPERIMENTO CON AGUA.
El agua parece inofensiva, pero guarda un secreto inquietante: refleja lo que llevamos dentro.
Cuando fue expuesta a palabras de amor, formó cristales tan perfectos que parecían joyas de hielo. Al recibir insultos, se quebró en figuras caóticas, como si hubiese escuchado la herida detrás de cada palabra.
No era magia ni superstición, era un espejo microscópico de la emoción humana. El agua obedecía, mostrando belleza o deformidad según la frecuencia que la rodeaba.
Y entonces surge la pregunta inevitable: si el agua reacciona así… ¿qué efecto tienen nuestras palabras y pensamientos en nuestro propio cuerpo, compuesto en su mayor parte por ella?
Cada enojo sostenido podría ser como un golpe en los cristales internos. Cada gesto de ternura, una arquitectura luminosa que se forma en silencio.
Vivimos rodeados de agua, bañados en ella, tejidos por ella. Somos, en esencia, un río de memorias líquidas que registran cada vibración.
Quizás por eso sentimos alivio cuando alguien nos habla con dulzura, o peso en el pecho cuando recibimos desprecio: el agua dentro de nosotros cambia de forma, respondiendo sin resistencia.
El experimento no fue solo con frascos y microscopios, fue un recordatorio de que la materia escucha. Y lo más impactante es descubrir que siempre lo ha hecho.
Al final, lo que decimos y pensamos no se pierde en el aire: se graba en la sustancia misma de la vida, transformando cada gota que nos habita.
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