Hay una vieja historia del alacrán que pica incluso cuando eso lo lleva a morir.
Muchos no la entienden.
Pero ahora la veo distinta.
Cuando intentas mostrarle a alguien que puede salir de la tercera densidad…
que no es solo cuerpo…
que no es solo miedo…
que no es solo sistema…
Algunos reaccionan como el alacrán.
Te atacan.
Se burlan.
Se enojan.
Te contradicen.
Te juzgan.
Y tú te preguntas:
“¿Por qué atacan si solo intento ayudar?”
Porque es su naturaleza actual.
No es maldad.
Es identificación.
Cuando alguien está completamente fusionado con el personaje,
cualquier intento de cuestionarlo se siente como amenaza.
Y el personaje se defiende.
Pica.
No porque seas su enemiga.
Sino porque aún no puede ver más allá.
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Pero aquí viene lo importante.
Mi naturaleza no es picar de vuelta.
Mi naturaleza es el amor incondicional.
No el amor ingenuo.
No el amor que se deja herir sin límites.
Sino el amor que comprende.
El amor que entiende que cada alma despierta a su ritmo.
El amor que no necesita convencer.
El amor que no reacciona.
Si te atacan por hablar de conciencia,
no es señal de que estés equivocada.
Es señal de que tocaste algo que aún duele.
No todos están listos para salir del río.
Y no todos quieren cruzarlo.
Y eso está bien.
Mi tarea no es forzar.
Mi tarea es ser coherente.
Si su naturaleza es reaccionar,
la mía es sostener.
Si su naturaleza es miedo,
la mía es conciencia.
Si su naturaleza es defender el personaje,
la mía es recordar que no soy el personaje.
No todos entenderán.
No todos escucharán.
No todos cruzarán.
Pero el amor no se pierde por eso.
Porque el amor verdadero no depende de la respuesta del otro.
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