domingo, 29 de abril de 2018

INSOMNIO, CANSANCIO, AGOTAMIENTO, (Por Lo Hahn)

"Renovados, restaurados, renaciendo están mis niños.
A partir de unas horas atrás, empezaron a anclarse y posicionarse en sus chakras, códigos cristalinos de gran energía elevada. Estos códigos logran que se vayan desplazando y dejando atrás, patrones que han estado utilizando en su vieja energía, en su antigua vida. Muchos tendrán el descanso cortado, sueños raros, desfasaje de horas, insomnio, cansancio o agotamiento... Esto es momentáneo mis amorosos niños, una vez terminados de anclarse estos códigos en Ustedes, ya podrán seguir sus rutinas de sueño y actividad normal.
A mayor despliegue de transformación y limpieza, mayor serán estos sintomas, asi que traten de buscar momentos de conexión con la naturaleza y la Fuente Creadora, para pasar lo mejor posible estas horas.
Todo movimiento de anclaje de energía es para Ustedes mis corazones, para que continuen elevándose y por fin logren todo aquello que no han podido encontrar hasta ahora.
Busquen el reino divino pidan nuestra asistencia serán escuchados y socorridos prontamente.
LOS AMO, vivan en la abundancia que les da mi amor."
💗Canalizado por Kary Miño.
Son libres de COMPARTIR

sábado, 28 de abril de 2018

PUBLICACION DE (Ulises Alvarado)

"Sobre el cielo de mi casa hay mil colores volando.
¿Son pájaros o son sueños que por allí van pasando?
Quizás con ellos yo llegue hasta más allá del mar,
para pintar nuevos mundos donde jugar y jugar…
Mundos de alas y nubes, de flores en libertad,
de mil manos que se unen para entretejer la paz…"

¿HAY QUE PREGUNTARSE "PORQUÉ" O "PARA QUE"? (Por Emma Fernandez)

¿HAY QUE PREGUNTARSE “POR QUÉ” O “PARA QUÉ”?
En mi opinión, que es la de una persona que le da a las palabras la importancia que tienen, en la mayoría de las ocasiones sería más conveniente que las preguntas comenzasen con un ¿Para qué? en vez de con un ¿Por qué?
¿POR QUÉ? Busca conocer el origen, la causa o el motivo de un asunto.
¿Eres de las que se preguntan el “por qué”?
En el “por qué” hay, sobre todo, una especie de curiosidad, aunque si uno encuentra la respuesta verdadera a la pregunta que se quiere hacer –aunque la enuncie mal- es estupendo. Lo menos estupendo es que una vez satisfecha la curiosidad que hay tras ese “por qué” ahí se acabe todo y no se resuelva.
¿PARA QUÉ? Se emplea como medio de conocer las consecuencias o razones por las cuales ocurre, se produce, o se hace algo.
¿Eres de las personas que se preguntan el “para qué” de las cosas?
Te recomiendo que lo hagas.
En el “para qué” hay más implicación personal. Es una pregunta de los que saben que toda causa provoca un efecto, que todo tiene un sentido aunque no siempre se comprenda, y quieren saber qué les va a aportar eso que ha sucedido. Aceptan el dolor o la sensación de la situación que les ha ocurrido, pero no quieren que eso sea gratuito o que no vaya a servir para nada, así que se preguntan “para qué”.
Se acepta lo que haya sucedido, pero hay un interés espiritual en saber “para qué”.
¿Para qué tenía que vivir yo esta experiencia?
¿Para qué es necesaria?
Ese “para qué”, lo adelanto, provoca en muchas ocasiones un desasosiego personal, porque de pronto uno se encuentra sin respuestas para unas preguntas que hasta ahora no se habían manifestado, dejándonos –ilusoriamente- en paz.
¿Todo tiene un “para qué”?
Y si hasta ahora vivía más o menos tranquilamente sin saber el “para qué” de lo que me sucedía… ¿Para qué tengo que liarme ahora con este nuevo torrente de preguntas que me van a obligar a plantearme o replantearme muchas cosas y a padecer la incomodidad en la que viviré hasta que vaya encontrando respuestas?
No pretendo desanimarte, pero te lo advierto porque es el precio a pagar si quieres, de verdad, avanzar en tu Camino de Desarrollo Personal, en el que solamente sirve la verdad de la verdad, y en el que la omisión o el autoengaño no son más que trampas y zancadillas.
Interesarse en el “por qué” de las cosas es un camino más tranquilo. Es más mental y un poco intelectual, como si fuera una pregunta del ego que quiere satisfacer su curiosidad, mientras que en el “para qué” hay una pasión y una intranquilidad interna que al mismo tiempo llevan implícito un interés más auténtico y más profundo.
“Para qué” responde al sentido más espiritual que tienen las experiencias en la vida, responde a quienes sienten y saben que todo lo que les sucede en la vida tiene una razón y un objetivo.
“Para qué” es una pregunta a la que le cuesta encontrar respuestas, pero cuando éstas aparecen… la paz se instala, las cosas adquieren otro sentido, la comprensión desde el alma se manifiesta, el puzzle de la vida va cogiendo forma y se va percibiendo mejor…
“Por qué” aporta mucho, pero “para qué” aporta más y mejor.
No es un juego de palabras ni una puede sustituir a la otra.
De momento, te sugiero que sigas como hasta ahora, con “por qué”, pero hazte más a menudo la pregunta de “para que´”.
Te sorprenderás con las respuestas cuando aparezcan.

Te dejo con tus reflexiones…
(Y si te ha gustado, ayúdame a difundirlo. Gracias)
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viernes, 27 de abril de 2018

PENSARES Y SENTIRES DE (Alma Rosas)

Cometí muchos errores ya lo sé, me equivoque una y otra vez, lloré y derramé lagrimas por alguien
que no merecía.
Lloré con quien no debía, reí con falsas amistades.
Compartí secretos con alguien que no los guardaría .
Tropecé dos veces con la misma piedra y cuando decía nunca más,
me empujaron y caí estampada por tercera vez.
Perdoné demasiado y quizás por eso aquí estoy
por que quien no se equivoca, nunca hace nada.
Callé "te quieros" que por miedo se quedaron en el aire .
Callé verdades y por no hacer daño, abrace a personas que no merecían
ni el roce de mi piel.
Disfruté de pequeños detalles y aprendí poco a poco en qué consiste vivir.
Y el secreto está en no arrepentirse de nada

FELIZ FIN DE SEMANA.

¿SE LE PUEDE EXIGÍR A DIOS? (Por Emma Fernandez)

¿SE LE PUEDE EXIGIR A DIOS?
Comienzo reconociendo que este es un artículo destinado –aunque no es mi intención- a crear polémica, a incitar una discusión, o a remover unos principios asentados, ya que, en muchas ocasiones, nos han dicho que a Dios hay que dirigirse con humildad para rogarle, o que hay que aceptar el destino –me refiero al destino duro y difícil- con resignación.
Te adelanto que no voy a dar ninguna solución ni respuesta concluyente. Si sigues leyendo tal vez encuentres una respuesta –tu respuesta- o tal vez te aporte más confusión. Tú decides si quiere seguir.
Una amiga mía dice que cuando uno se dirige a Dios a pedirle algo tiene que hacerlo con determinación, siendo consciente del derecho al merecimiento, y que hay que pedir a lo grande –ya se encargará Él de dar lo que considere que es lo justo-, sin miedo, y que si uno se dirige a Dios desde una innecesaria y desorientada humildad, y comienza con un preámbulo en el que diga: “Señor, yo, que soy un pobre gusano, vengo a pedirte…” Dios no te deja terminar la frase, porque inmediatamente, por su generosidad, te dará una gran hoja de lechuga.
Si uno entiende a Dios como su Padre, si uno entiende a Dios como el súmmum del amor, o si uno sabe que por el hecho natural de Ser Humano ya tiene derecho a la felicidad, y a que le vayan bien las cosas… cuando se dirige a Dios… ¿Le puede exigir más cuidado, más atención, o mejores cosas?
Si uno se siente mal con las cosas de su vida –y “sentirse” no quiere decir que sea una realidad, sino que simplemente es un estado de ánimo ante una situación-, o si uno se siente desatendido o abandonado… ¿Tiene derecho a pedirle que le haga sentir claramente que sí es importante para Él –y por ello le reclama su cuidado- y que necesita un descanso en sus problemas o una luz o una fuerza extra para resolverlos?
¿Hasta qué punto se puede poner uno serio con Dios para manifestarle su descontento por lo que ocurre en su vida?
¿Hasta dónde puede reclamar o mostrar su disconformidad o enojo?
¿Realmente el único modelo de referencia ha de ser el Santo Job y su inagotable paciencia?
En mi opinión, uno es responsable en gran medida de su propia vida y de las cosas que pasan en su vida –no siempre ni al cien por cien-, y tiene la obligación de hacer de ella lo mejor y lo más digno, pero cuando no logra hacerlo bien del todo y las circunstancias se ponen muy duras… ¿Puede encargarle a Dios que le saque del atolladero?
Esto es un poco difícil de entender para los que no quieren creer, porque es indemostrable pero, según la teoría de las reencarnaciones, es posible que uno tenga que atravesar situaciones muy complicadas y dificultosas para aprender y para progresar en su evolución.
La realidad es que cuando uno está al borde de la desesperación le llegan a importar muy poco las teorías y lo que quiere es acabar inmediatamente con su penar, y en vez de seguir hasta el final para sacar la enseñanza que tenga que aprender lo que quiere es que alguien –Dios en este caso- le saque de su situación y se la cambie por otra más llevadera.
Es entonces cuando se Le pide –se dice que hasta los ateos le piden algo de vez en cuando a Dios-, pero… ¿Cómo se le pide?
¿Realmente alguien cree que Dios desea que se Le suplique con desesperación, desde la indigencia moral o la humillación?
Suponer eso sería como suponer que Dios tiene un ego muy grande y necesita eso para sentirse superior. Y no es así.
Tal vez Dios lo que siente ante la desesperación de las peticiones, ante las lágrimas y las congojas, ante el sufrimiento manifiesto, es una lástima humana, una compasión pura, un deseo de acogimiento ofreciendo su hombro o su abrazo –que se pueden llegar a sentir…-, pero al final ayuda en la medida que considere necesaria.
Esta mañana leí esta frase: “Un buen padre no es alguien en quien puedas apoyarte, sino alguien que te ayude a librarte precisamente de tu tendencia a apoyarte”. Y da para reflexionar mucho…
Por otra parte, tal vez exista o debiera existir la “Teoría de la Irresponsabilidad” diciendo que si uno es un irresponsable y no hace lo que sería conveniente que hiciera, si no toma las decisiones que sería conveniente que tomara, si no se enfrenta a lo que sería conveniente que se enfrentara, o si, por el contrario, hace todo lo que sería conveniente que no hiciera, entonces, en aplicación de la ley de Causa y Efecto, lo lógico es que después le vayan mal las cosas, y es casi justo que pague por ellas.
¡Quién sabe!, entonces tal vez Dios le responda que no puede ayudarle y que uno tiene que ser consecuente y aceptar el resultado de su irresponsabilidad. Y, ¡quién sabe!, tal vez lo mejor sea que Dios no se conmueva con sus peticiones, haga oídos sordos, y le deje con las consecuencias de sus acciones o inacciones para que aprenda.
Los padres y madres entienden un poco de esto. A veces, es necesario dejar al niño que soporte las consecuencias de sus actos para que aprenda qué es lo que no tiene que hacer la próxima vez, porque si le rescata, si no le deja que sea consciente de los resultados de sus actos, no habrá aprendido. Recuerda la frase que has leído un poco más arriba.
En mi opinión –que no tiene por qué ser la correcta- hay que pedir sin miedo, y si es algo que se siente que corresponde por justicia, por merecimiento, hay que pedirlo con firmeza. No con altivez, no con insolencia, no exigiendo-imponiendo, sino con fe y confianza en que uno tiene derecho –teniendo en cuenta lo de “hoy por Ti, mañana por mí”-. O sea, partiendo de la base de que uno haya hecho de algún modo méritos para merecer.
En mi opinión, hay algo que se puede hacer para tener más solvencia cuando se le pide algo a Dios, y es llegar a un pacto con Él –y, por supuesto, cumplirlo- de entregar a los otros una especie de diezmo. No hablo de dinero, que no siempre es posible, sino que se puede dedicar una parte del tiempo de la vida a ayudar a los otros –en la medida de lo posible-, a escucharles, a compartir lo que se tenga –ya sea compañía o una sonrisa-, a velar por la buena marcha del mundo, a rezar por quien lo necesita, a contagiar lo que de bueno se tenga…
Está bien pedir, pero también está bien dar. Y quien primero da, tiene un poco más de derecho a pedir.
EPÍLOGO
Hay un refrán que dice: “A Dios rogando y con el mazo dando”. O sea, que está muy bien eso de pedir o exigir –pero desde el derecho que uno tiene por su comportamiento y mérito, y no desde una exigencia déspota-, pero al mismo tiempo hay que hacer todo lo que esté en nuestras manos, poniendo todo de nuestra parte, para lograr lo que pretendemos, y no quedarnos en la petición y esperando la solución por parte de Dios o de los otros.
Te dejo con tus reflexiones…
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jueves, 26 de abril de 2018

MENTE Y CORAZÓN (Por José Miranda)

Buenos días querido público, el tema de hoy no es algo que yo controle al cien por cien, porque personas con conocimiento y control de la mente y todos los procesos emocionales, no debe de haber muchas, pues a mi entender se trata de algo muy abstracto y tremendamente difícil y complicado, pero por lo menos hay que intentarlo puesto que en torno a los pensamientos y los sentimientos giran la mayor parte de las realidades de la vida.
A lo largo y ancho de toda la sociedad, encontramos personas muy viscerales, muy de corazón, y otras muy mentales, se rigen mayormente por el pensamiento. Ambas formas de comportamiento son incompletas, y originan desequilibrios, extremismos y un gran repertorio de inconvenientes y mal funcionar en la conducta humana, viene a ser igual que si nos proponemos realizar todos nuestros trabajos con una sola mano, algunas tareas nos iba a ser muy difícil o imposible el llevarlas a cabo.
Mente y corazón, aunque son muy diferentes, deben formar un equipo bien avenido y en perfecta coordinación, ambos se necesitan y deben trabajar juntos en todas y cada una de las actuaciones, cada cual aporta una parte esencial para la realización de cualquier proyecto, del corazón parten los deseos, necesidades, el ímpetu de realizar, conquistar o adquirir, y la mente se encarga de calcular su conveniencia, viabilidad, crear los esquemas, formas y procesos de ejecución, etc.
En ningún momento son rivales, al igual que nuestras manos o piernas tampoco lo son, trabajan juntas y en coordinación, para el mismo patrón y proyecto, el éxito de una repercute en el éxito de la otra, y viceversa.
A lo largo de la historia hubo muchos ejemplos que demuestran estas realidades, el corazón desea algo, pero la mente le informa de que ese algo no es viable o no le interesa, los matrimonios o parejas de conveniencia que existieron y siguen existiendo, son claro ejemplo del tema que nos ocupa, el corazón nos empuja hacia la persona que nos gusta, y la mente lo hace hacia la que cree que nos interesa, ya sea por motivos económicos, de poder, de fama, de aparentar, etc., hay jóvenes que se casan o emparejan con personas muy mayores, incluso ancianas, y dicen que están muy enamoradas, porque el amor no tiene edad, pero se da la casualidad que en todos estos casos, la persona mayor o anciana es poseedora de gran fortuna, fama, poder, glamour, etc., en estos casos la mente venció al corazón.
El corazón se corresponde con el “ser” y la mente con el “saber”, ambos aspectos constituyen las dos principales columnas sobre las que se apoya el templo de la conducta humana, y cuando una se debilita o flaquea, el templo pierde estabilidad y se puede incluso derrumbar, las columnas no son rivales, son complemento, colaboradoras, cada una carga con el peso que le corresponde, y entre la dos aseguran la estabilidad y consistencia del templo.
Tan importante es el acto de amar, como el de saber amar, cuando amamos apasionadamente sin conocimiento de los límites y efectos del amor, a veces dañamos, esclavizamos, poseemos, subyugamos, y todo ello en nombre del amor. La mente no puede andar sola por el mundo, ni tampoco el corazón, son como el día y la noche, como el arriba y el abajo, el frío y el calor, el yin y el yang. Complemento lo uno de lo otro. Por hoy lo dejo y continuaré mañana bajo el título, "mente corazón y moderador" saludos. 

lunes, 23 de abril de 2018

EL INCONFORMISMO CONSTRUCTIVO (Por Emma Fernandez)

ME GUSTAN LOS INCORFORMISTAS CONSTRUCTIVOS
En mi opinión, el inconformismo es una de las cualidades interesantes del Ser Humano.
Aún es más interesante cuando ese inconformismo es constructivo, o sea, aporta alguna utilidad.
Hay un tipo de inconformismo que se queda en la protesta y posterior berrinche, en una sensación frustrante de no querer aceptar lo que esté sucediendo mientras que tampoco se hace nada para resolverlo. Ese es un inconformismo inútil que no va más allá de la pataleta infantil en la que uno se queda enrabietado, protestando a gritos o silenciosamente, pero casi más satisfecho con su propia rabia que con la solución.
Se queda nada más que en el rechazo, pero no propone ni provoca una solución.
Siempre he estado en contra del sectarismo y un poco afligido por las personas que pertenecen a esas sectas que les inculcan las ideas, las ideologías, lo que tienen que pensar, lo que tienen que creer, y hasta lo que tienen que sentir.
Es contraproducente y dramática esa renuncia absoluta a sí mismo y a sus principios para evitarse el tener que hacer sus propias cavilaciones y tomar sus propias decisiones, y es trágica esa aceptación incondicional de lo que otros le inculcan sin molestarse en revisarlo o en modificarlo con sus propias ideas.
Es lo que unos dicen de los que acatan y obedecen las cosas de la Iglesia sin objeciones –ya que poner algo en duda se entendería como pecado-, o lo que otros dicen de los Testigos de Jehová por el mismo motivo de falta de opinión propia, o cualquiera de las muchas sectas con reglas y normas totalitarias.
Uno puede ser Cristiano, o Ateo, o Testigo de Jehová, o de cualquier otra religión o doctrina o creencia, siempre que pertenecer a cualquiera de ellas le dé libertad para seguir siendo él mismo, y para que pueda hacer las modificaciones que considere oportunas, para dudar cuando dude, y para no estar de acuerdo con alguna parte del todo, sin que se penalice por todo ello.
Me incomoda que haya personas que no son capaces de pensar por sí mismas y tener sus propias filosofías –cotidianas o religiosas- y se manejan con lo que otros les dicen u ordenan, y siguen con los ojos y la mente y el corazón cerrados a ciertos gurús, o repiten como un loro lo que dicen algunos maestros sin antes pasarlo por el tamiz de su corazón.
Existe lo que se denomina inconformismo constructivo, y se refiere al hecho de que cuando uno no está de acuerdo con alguna de las cosas que se le presentan en la vida, en vez de quedarse en el refunfuño, o de sacar los defectos que ve y sus motivos de queja con el fin de herir o de pretender mostrar una supuesta superioridad, haga una aportación positiva, dé una opinión provechosa, haga alguna contribución eficaz con sus sugerencias, o sea, que ayude, que contribuya, que colabore en la mejora.
A mí me gustan las personas que me hacen cuestionar lo que pienso o lo que creo. Me encantan. No me cierro a recibir nuevas opiniones o puntos de vista atrincherándome en unas ideas mías que pueden correr el riesgo de quedarse arcaicas y, además, cortas porque yo no he sido capaz de ver algo más o mi punto de vista es muy cerrado y pequeño.
Me encanta el que me hace ver lo que no está bien y es posible mejorarlo mientras que, al mismo tiempo, me aporta una posible solución o una forma de mejoramiento.
Y en eso creo que podemos ayudar todos, colaborando en la mejoría de las cosas, siendo positivos y constructivos, aportando, construyendo…
Es bueno que nadie se conforme con las cosas que tienen posibilidades reales de ser mejoradas.
Es bueno ser un inconformista.
Es bueno cuestionar y cuestionarse… siempre que haya una buena intención detrás.
Es bueno no acatar las dictaduras, rebelarse si apetece contra los dogmas, huir de los sectarismos, no obedecer si no se está de acuerdo, verificar que las verdades sean verdades… pero también es bueno que todo eso se haga desde la mejor actitud y con la mejor intención.
Piénsalo… comprueba a ver si te gustaría ser inconformista constructivo y, si te gusta… adelante.
Te dejo con tus reflexiones…
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domingo, 22 de abril de 2018

PUBLICACIONES DE (Juan José Pina)

Te apetece leer un sentimiento...?
Un beso.
Esta noche me he sentado frente a ti,
la mesa mediaba entre nosotros
mientras cenábamos.
No ha sido una noche más.
Yo estaba en mi mundo
y mi mundo eras tú.
Inundabas toda la estancia,
cada rincón se impregnaba de ti
con tu presencia.
Toda tú,
en tu esplendor ante mis amantes ojos.
Habría sido una de las incontables veladas
donde hablamos y hablamos
durante la cena,
si no te hubieras hecho dueña de mis pensamientos.
Te miraba desde mi intimidad,
desfilaban mil pensamientos
por mi inquieta frente,
incapaz de pensar,
tú lo llenabas todo,
y te vi... tan hermosa,
como si no te hubiese admirado nunca
y llegaras a mi vida por primera vez,
tan radiante,
que me traicionó la garganta
desnudando mis emociones
y sonó una sola palabra.
Bella.
Hay momentos en mi vida,
en los que solo al pensarte,
emergen todas las sensaciones
y apareces ante mis ojos
SIMPLEMENTE BELLA.

LA FELICIDAD NO EXISTE, ES UNA CONSECUENCIA (Por Emma Fernandez)

LA FELICIDAD NO EXISTE: ES UNA CONSECUENCIA.
En mi opinión, hay algunas personas que nunca se llegarán a encontrar con la felicidad, y eso se debe a que no saben lo que están buscando y, además, lo están buscando en el sitio equivocado.
Algunas personas buscan la felicidad pensando que es “algo” que les va a aportar todo lo que se asocia a la felicidad, que siempre es superlativo.
Pero la felicidad no existe. No tiene entidad. No está en ninguna parte. No hay nada que sea “la felicidad”.
La felicidad no puede ser buscada como tal, porque es una tarea inútil.
La felicidad es una consecuencia de un estado de ánimo, de una receptividad a recoger lo mejor de cada cosa, de una actitud de rechazo a las cosas que innecesariamente desestabilicen la felicidad, de una conformidad sencilla, de una rebaja en las pretensiones de lo que se nos tiene que dar y lo que esperamos, o de una capacidad para encontrar las maravillas que aportan las cosas simples.
Aquí tienes una buena pregunta para hacerte de vez en cuando:
¿Qué es la felicidad para mí?
Y otra más:
¿En qué baso yo mi felicidad?
Y tiene que ser “Qué es la felicidad PARA MÍ” y tiene que ser “En qué baso yo MI felicidad”, porque si uno se pregunta por “la felicidad”, como algo general, la mente tiende a dispersarse filosofando y se olvida de uno mismo –que es el protagonista de la pregunta-, y se olvida de que “MI” felicidad es absolutamente distinta de cualquier otra felicidad.
Porque… ¿Qué es la felicidad?
Ante esta pregunta, tan general, pueden aparecer millones de respuestas, posiblemente tantas como personas hay en el mundo. Y no sólo porque cada persona necesita de distintas cosas para sentirse feliz, sino que ni siquiera estamos de acuerdo en las mismas palabras, y si uno dice “Amor”, no es el mismo amor a que se refiere otro, y si uno dice “Paz”, esa paz no es la misma paz para todos.
La falta de felicidad proviene, en muchos casos, de ideas y prejuicios equivocados y actitudes erróneas.
Es muy posible que algunos se choquen de frente con la felicidad, que les rodee por todas partes y a todas horas, que se les presente incansable e insistentemente, pero como no saben que eso es la felicidad la rechazan una y otra vez.
Quienes esperan que la felicidad venga acompañada de fuegos artificiales y banda de orquesta no la verán cuando la tengan delante.
Quienes sean capaces de ver la felicidad en la simple observación de las cosas, en la delicia de las emociones que le recorren a uno como un pequeño terremoto, o en el amor que uno ve, ofrece o recibe, tienen todas las papeletas para poder llegar a sentir la felicidad y a considerarse felices.
Quienes pretenden encontrar una felicidad que cumpla ciento cincuenta requisitos… no la van a encontrar nunca.
La felicidad es más fácil de vivirla cuando uno tiene predisposición para ser encontrado por ella, de tener los abrazos abiertos para cuando se presente, y de allanar el camino para que la mínima felicidad sea apreciada y valorada.
Con la felicidad pasa lo mismo con Dios, que es mejor estar receptivo a dejarse encontrar por Él, ya que si uno está abierto se va a presentar en todo.
La felicidad no se puede crear artificialmente –eso que se puede crear son los placeres, pero no es la felicidad-. Lo que sí se puede hacer es preparar un ambiente receptivo para que se manifieste sin objeciones.
Yo creo que ya nacemos felices y con la felicidad como componente intrínseco del Ser Humano. Sólo hay que fijarse en los niños: son felices hasta que empiezan a poner condiciones para permitirse sentir la felicidad.
Y esto de la felicidad de los niños es un excelente principio para una introspección profunda a partir de la cual poder ver la felicidad de otro modo.
Te dejo con tus reflexiones…
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lunes, 16 de abril de 2018

SUGERENIAS PARA QUIENES NO SABER "SENTIR" (Por Emma Fernandez)

SUGERENCIAS PARA QUIENES NO SABER “SENTIR”
En mi opinión, la razón de todas esas personas que dicen que tienen conflictos con la capacidad de sentir, y que son incapaces de hacerlo, se debe, sencillamente, a que no saben cómo se hace.
Sentir es una capacidad inherente en el Ser Humano. No es algo que haya que aprender fuera para incorporarlo.
SENTIR se compone de emociones, de impresiones, de conmociones, de estremecimientos, de paz, de sensaciones, de delicias placenteras, de sacudidas entusiastas, de palpitaciones inexplicables, de luz, de revoluciones, de comprensión sin palabras, de éxtasis, de asombros, de alegrías y de tristezas…en fin, de estados gramaticalmente indescriptibles. Nada que se diga, nada que se piense, podría explicar lo que es sentir. Pertenece a un mundo en el que las descripciones y la mente resultan inútiles. En esto no valen las teorías ni las tesis, porque sólo sirve la experimentación.
Uno de los errores habituales que se cometen es el de conformarse al encontrar una definición que se aproxime a lo que se está sintiendo. El riesgo en estos casos es el de conformarse con la explicación, y pretender sentir con el pensamiento, cosa ilógica. Hay quien cree que si su cerebro puede explicárselo entonces la sensación es más intensa. Hay quien cree, con más fundamento, que el cerebro lo que hace es condicionar el sentimiento, asociarlo a algo similar anterior, moldearlo a su gusto en vez de dejarle ser él mismo, intelectualizarlo de modo que se vive en el cerebro y no en la parte correspondiente donde impacta ese sentimiento.
Porque cuando uno se preocupa por lo que es “sentir”, y lo que implica, parece que solamente es cuando lo que se siente es doloroso, desagradable, o cualquiera de sus sinónimos, porque cuando lo que se siente es agradable o placentero, nadie se preocupa por ello. Simplemente lo disfruta.
¿CÓMO SE DEBE SENTIR?
Sin prevenciones. Sin estar a la defensiva. Evitando esa tensión que hace estar más atento a ver cuánto daño puede hacer algo que cuánto puede beneficiar. Hay que sentirlo donde golpee o donde acaricie, tal como llegue el sentimiento, y no es preciso pasarlo por el filtro de la mente, ni calificarlo o cuantificarlo antes de que llegue a su destino y ejerza su efecto. Se debe sentir abierto a la experiencia que pueda aportar.
¿DÓNDE SE DEBE SENTIR?
En el sitio de sentir: en los sentimientos. A otros les resultará más sencillo decir que en el corazón. Para este caso es lo mismo. Es un sitio distinto de la mente. No implica razonamientos, ni definiciones, ni siquiera justificaciones. Se siente y punto. Ya sea agradable o lo contrario. Tanto si se desea como si no se desea. Los sentimientos se escapan al control mental. Otra cosa es que una mente obstinada pretenda modificarlos impidiendo que se manifiesten con naturalidad, en cuyo caso se pierde la indudable aportación que pretendía aportar ese sentimiento. Conviene permitir que se manifieste como y donde tiene que ser. Luego, después de sentirlo y permitir que se diluya por sí mismo –que es lo correcto-, es cuando empieza la responsabilidad de cada uno de aprender rápido y dejarlo ir o de persistir estancándose en ello y provocándose daño o desilusión.
¿DESDE DÓNDE NO SE DEBE SENTIR?
No se debe sentir desde el ego, por supuesto. El ego es el orgulloso que nos habita, el vulnerable, el errado que es esclavo del victimismo, el que se preocupa por las apariencias, el cobarde, el que dice que es alguien, el que critica. Sentir desde el ego es equivocarse como persona.
No se debe sentir desde la preocupación. Para sentir de verdad se necesita la máxima limpieza de ánimo y espíritu, la mayor pureza; por lo tanto, si uno ya está predispuesto a sentirse atacado y afectado por lo que haya que sentir perderá la capacidad emocional que le permitiría apreciar cuándo lo que se siente es puro o está condicionado.
No se debe sentir desde la mente. La mente interfiere en el sentir. El sentir no tiene palabras, solo entiende de emociones, y no se rige por conceptos, mientras que la mente necesita clasificarlo todo y definirlo con palabras para comprenderlo. La mente analiza –acertada o equivocadamente-, pero no siente. Es más, cuando interfiere la mente mata a los sentimientos porque les despoja de su cualidad diferencial: la de no ser algo que se pueda atrapar y reducir a palabras.
No se debe sentir desde la tensión. La tensión es un estado anímico de excitación, de impaciencia, de exaltación, y por ello provoca un ambiente en el que los sentimientos –sean los que sean- no se manifiestan en libertad sino desde un condicionamiento que les impide ser ellos mismos naturalmente. Aunque los sentimientos sean de ira o de rabia, no hay que expresarlos desde una tensión previa, sino desde su propio estado.
No se debe sentir desde los prejuicios. Y muchas personas tienen preparadas unas reacciones que aplican igualmente en cada ocasión a sentimientos que aún siendo los mismos –en cuanto a nombre-, pero dependiendo del momento y del estado de ánimo, pueden ser distintos. La misma cosa, en diferente momento y en otra circunstancia, adquiere unos matices –positivos o negativos- que hacen que sea otra cosa distinta. Conviene permitir que los sentimientos nos impacten tal como son en el momento que llegan. Personalmente, creo que la respuesta pre-programada para una agresión de cualquier tipo no ha de ser la de ofrecer la otra mejilla incondicionalmente y con una sonrisa. Así como tampoco creo que ante una situación nueva haya que aplicar una respuesta vieja.
Hay que experimentarlos sin miedo. Forman parte de la vida.
La experiencia de la vida, a fin de cuentas, es la suma de todo lo que hemos sentido a lo largo de los años. Y eso habla de la importancia de saber sentir y de permitirse sentir.
Te dejo con tus reflexiones…

sábado, 14 de abril de 2018

ES MUY CONVENIENTE MOTIVARSE (Por Emma Fernandez)

ES MUY CONVENIENTE MOTIVARSE
MOTIVAR:
Dar causa o motivo para algo.
Influir en el ánimo de alguien para que proceda de un determinado modo.
Estimular a alguien o despertar su interés.
En mi opinión, es muy importante encontrar en la vida motivos para seguir adelante, implicarse en aquello que le dé satisfacciones, y buscar cosas con las que conseguir motivaciones para que la vida esté llena de alicientes que puedan aportar momentos de esos en los que uno comprende que la vida es una delicia y que Vivir aporta placeres.
La falta de motivación espanta a la esperanza y a la alegría. Deja una vida más vacía. Por eso es tan importante estimularse y empeñarse en hacer o lograr cosas que le aporten intensidad o calidad a la vida.
Conviene preguntarse:
¿Qué es lo que REALMENTE quiero?
¿Qué me aportaría satisfacción?
¿Qué cosas me alegran o me agradan?
¿Qué cosas de las que están a mi alcance y son posibles me aportan optimismo y algún tipo de goce?
¿Qué es eso que tanto me gusta y siempre voy aplazando?
Luego, por supuesto, para que tenga alguna utilidad lo descubierto en las respuestas es necesario concretar objetivos y ponerse a la tarea irrenunciable de hacerlos realidad.
¿Y si no tengo motivaciones?, ¿Y si nada me ilusiona? Estas preguntas han de tener respuesta, y no valen las que sean del estilo de “no” o “nada”. Esas respuestas no son ciertas. Es posible que uno no haya encontrado –porque no se ha puesto a buscarlo- aquello que le haga implicarse con una o varias cosas en las que enfrascarse. Siempre hay algo que, en mayor o menor medida, ilusiona. Siempre. Y se trata de darle prioridad o preponderancia a la búsqueda de ese motivo, y hacerlo de un modo inaplazable, con auténtica insistencia y abnegación.
¿Y si descubro que estoy desilusionado?, ¿Qué hago con mi desilusión? La respuesta es clara y evidente: deshacerte de ella. No tiene ninguna utilidad positiva y sí muchas negativas. De lo que no hay que deshacerse es de la esperanza: por ninguna razón y con ningún motivo.
La desilusión es un estado de ánimo propiciado por el ego, porque no se cumplen sus expectativas. Expectativas que, como no mide las posibilidades reales de sus fantasías, pueden ser del todo inalcanzables con lo cual lo que se suponía iba a ser motivo de ánimo –la ilusión- acaba convirtiéndose en motivo de desánimo –la desilusión- y, lo que es peor aún y más grave, de frustración. Así que hay que tener ilusiones, pero que sean en gran medida realistas.
“Quien tiene un por qué para vivir, encontrará casi siempre el cómo”, escribía Viktor E. Frankl.
Las motivaciones son la energía de la vida. Son necesarias. Una vida sin motivaciones es una vida carente de muchos de sus principales alicientes.
Sin motivaciones la vida se puede convertir en un hastío o en una apatía continua que condenen al estancamiento y la desgana, que son formas de ir hacia atrás.
Resumiendo: tener motivaciones, sí, pero que puedan llevarse a la práctica, para evitar que puedan acabar convirtiéndose en motivo de frustración.
Motivarnos conseguirá alejarnos de la apatía y de la paralización en el Camino de la Vida y del Progreso, y del consiguiente sentimiento de inutilidad y fracaso.
Revisa. Recuerda. Pregúntate. Observa y obsérvate. Si no tienes motivos a mano para ponerlos en marcha, echa la vista atrás y acuérdate de qué es aquello que siempre te gustó hacer y no hiciste, de cuáles eran tus planes o proyectos de la juventud, qué admiras o te apetece de lo que hacen los otros… Busca y encontrarás.
Te dejo con tus reflexiones…
(Y si te ha gustado, ayúdame a difundirlo. Gracias)
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LOS HOMBRES (Por Alma Rosas)

Hiciste llorar a un hombre? Que triste, no te puedo felicitar, por qué?...
Déjame te explico:
"LOS HOMBRES"
Tienen que cortarse el cabello más seguido que nosotras.
Tienen que verse bien sin maquillajes; la ropa de ellos es más cara.
Cuando hace frío nos prestan sus suéteres, chamarras, etc.
Ellos soportan también celos, malos humores.
Tienen que trabajar arduamente para poder pagar el cine, café, perfume, flores y más.
Y para colmo aún así hay mujeres que juegan con sus sentimientos y obvio que la pasan peor porque son más dados a estar solos o simplemente callar.
Debemos valorarlos más aunque se diga que son el sexo fuerte pero eso no quita de que sientan y sean apreciados;
Hay muchos hombres que valen la pena y saben amar de verdad.
Merecen todo el amor y respeto que exista porque son el completo de nuestro caminar en la vida.
Mujer!!! Amalo, respetalo, valoralo, consientelo y sobre todo dale a saber que vale mucho.

Gracias por existir caballeros!!!

viernes, 13 de abril de 2018

TE QUIERO (Por Juan José Pina)

TE QUIERO
Te quiero desde mis manos vacías,
carentes de ti, rebosantes de la nada,
que sueñan con rozar tus cabellos
cuando al viento se ondulan
y se enredan en tu cara.
Desde el pensamiento,
que oculto en la intimidad te nombra
y en su silencioso sonido
renace el sentir de un alma
que está viva.
Desde el espejo de tu mirada,
donde sueño reflejar mi rostro
frente a ti
y decirte en un rosario de sentimientos
la verdad que me inspiras.
Te quiero más allá de los labios,
cuando me sonríes
y en su comisura cautivan mi aliento,
reteniéndolo en un suspiro,
que custodia un latido cargado de emoción.
Desde la fantasía,
que desbordante inventa las palabras
donde viven los besos,
mientras las caricias soñadas
adormecen entre las sílabas de un deseo
y en un susurro mis pensamientos
te envuelven en un abrazo
del que no me quiero soltar.
Te quiero desde lo más recóndito de mi,
desde donde solo me quiero,
para quererte a ti.

viernes, 6 de abril de 2018

SOSIEGO: EL GRAN OLVIDADO (Por Emma Fernandez)

SOSIEGO: EL GRAN OLVIDADO
De sosegar.
Quietud, tranquilidad, serenidad.
En mi opinión, el SOSIEGO contiene en su esencia una gran sabiduría, y ser sosegados nos aportaría algo que bastante necesario.
SOSEGAR es aplacar, pacificar… también es aquietar las alteraciones de ánimo, mitigar las turbaciones y movimientos o el ímpetu de la cólera e ira. ¡Qué más se le puede pedir!, ¿Por qué no estamos ya en un continuo sosiego?
Se merece una atenta reflexión para comprender dentro de uno lo que significa.
¿Cuántas veces hemos tenido una necesidad importante de tener sosiego y no lo hemos tenido? Muchas.
“¡Paciencia!”, nos pedimos a veces. Y cuando la pedimos estamos pidiendo saber esperar algo que se desea, pero… ¿Por qué no nos pedimos sosiego? ¡Es es que sosiego lo que realmente queremos! Queremos serenidad durante esa espera.
Queremos aplacarnos, pacificarnos, escaparnos de la tiranía y el descontrol del caos; tener la calma que a veces necesitamos para enfrentarnos a las circunstancias o para afrontar las situaciones difíciles.
No es aplazar las cosas que tenemos que afrontar lo que necesitamos, sino tener la ecuanimidad suficiente para atrevernos con ellas desde un estado equilibrado y libre.
Y eso es lo que nos puede proporcionar el sosiego.
Nos permite desembarazarnos de esas emociones que tanto nos alteran, que tanto nos descontrolan, y cuyos resultados posteriores emocionales casi siempre son desoladores.
El carácter descontrolado que a veces se manifiesta en nosotros es fuente de posteriores diatribas internas, en las que nos reprochamos el descontrol, la falta de gobierno entonces es cuando nos prometemos que la próxima vez estaremos más serenos, que contaremos hasta diez antes de explotar –o hasta mil-, pero no lo haremos porque seguiremos a merced de los arrebatos de una personalidad sin asentar, sin aquietarse, lejos del estado de imparcialidad, objetividad, neutralismo y equilibrio que nos aporta el sosiego.
Y que quede claro que no estoy hablando de pasividad, de indolencia, de desidia, de indiferencia… nada de eso, porque se trata de afrontar lo que haya que afrontar pero desde un estado en el que el ímpetu descontrolado no tiene cabida, en el que la ira o la cólera no se manifiesten con su descontrol y furia, arrasando, a veces, de un modo tan destructivo que lo convierte todo en irreparable.
Sólo un Proceso de Desarrollo Personal puede acercarnos a ese sosiego.
Sólo mediante un Proceso de Autoconocimiento en el que uno descubra quién es por encima de quien está siendo, y desarrolle su propia escala de valores –que será quien dicte el orden de importancia de las cosas- es como uno puede acceder a ese estado en el que uno es capaz de apreciar las cosas en su justo valor y medida, en el que puede mantener la serenidad para que no le alteren en su esencia las cosas a las que se les da importancia aunque no sean importantes, y el aplomo conveniente para ver los asuntos complicados de la vida con la ecuanimidad que requieren.
Ser una persona sosegada es siempre interesante. Permite ver las cosas inquietantes con un cierto desapego que siempre es bienvenido, permite desdramatizar lo duro, y quedarse a salvo de los vaivenes inquietantes e innecesarios de la vida.
Recomiendo efusivamente que mediante la meditación, la relajación, el yoga, la lectura, la música relajante, o el medio que cada uno considere adecuado, uno contacte con esa parte que lleva dentro de sí que le hará salirse del personaje y ponerse más en contacto consigo mismo.
Te dejo con tus reflexiones…
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martes, 3 de abril de 2018

SOMOS ESCLAVOS Y VICTIMAS DE NUESTRA MENTE (Por Emma Fernandez)

SOMOS ESCLAVOS Y VÍCTIMAS DE NUESTRA MENTE
En mi opinión -y generalizando, que siempre es una temeridad-, tenemos un grandísimo desconocimiento de nuestra mente y su funcionamiento, y sólo en contadas ocasiones somos conscientes de ella, porque la mayoría del tiempo funciona de un modo inconsciente convirtiéndonos por ello en sus esclavos y víctimas. Si esto no fuera tan dramático resultaría gracioso.
Este es un asunto que requiere mucha atención y dedicación, y recomiendo que se busque información sobre la mente –cada uno según el tipo de interés que tenga sobre ella-, porque aquí escribiré, pero poco y resumido.
La mente, NUESTRA mente, está funcionando continuamente, sin parar. Incluso mientras dormimos. De ahí, precisamente, la necesidad de conocerla bien.
He recalcado en mayúscula NUESTRA, porque observo en muchos casos que hay personas que se sienten esclavas de su mente, y hacen y deciden según su mente les propone o manda, y no se dan cuenta de algo que es muy evidente: LA MENTE ES UN INSTRUMENTO A NUESTRO SERVICIO. Nos pertenece. Está ahí, como cualquier instrumento, para usarla cuando nos interese, cuando NOSOTROS queramos hacer uso de ella.
A mí me parece que le hemos dado tanta autonomía, y tanto poder, que ha acabado creyendo que es ella quien manda sobre nosotros, y por eso nos pasa que acabamos convertidos en sus víctimas y esclavos.
El riesgo de dejar a la mente que funcione por sí misma es que cuando nos presenta SUS elucubraciones, no las cuestionamos y acabamos aceptando que son NUESTROS propios pensamientos.
Las mentes –el 99% de las mentes- están absolutamente condicionadas por traumas, complejos, miedos, falta de autoestima, zancadillas propias, nervios, deseducación, falta de ordenación, inseguridades, inexperiencia… no disponemos de una mente ordenada, objetiva, sensata, inafectada, descondicionada, y clara, que nos podría aportar ideas o soluciones correctas, sino que cada una de las cosas que hace están contaminadas desde su nacimiento.
Uno hace buen uso de la mente cuando es consciente de todo el proceso mental, cuando se queda atento y dirigiendo los pensamientos, gobernándolos, procesando la información que tenemos o los conocimientos que hemos adquirido en experiencias similares anteriores, relacionando ideas, sopesando objetivamente, y viendo tanto los pros como los contras.
El problema –lo repito- es que cuando nos presenta SU idea la adoptamos sin más creyendo que es NUESTRA idea. ¿Esto quiere decir que tenemos que dudar de nuestros propios pensamientos? La respuesta es SÍ.
En los asuntos más triviales o menos graves –qué ropa me pongo hoy, por ejemplo-, o en los que se requiera una reacción inmediata ante un peligro –si alguien nos tira una piedra, por ejemplo, es mejor hacer caso al instinto de apartarnos que ponerse a procesar mentalmente la velocidad, trayectoria y peso de la piedra-, no hace falta pasarlo por el proceso mental, pero cuando se llega a un asunto importante sí conviene controlar todo el proceso.
Es conveniente, si es posible, buscar un momento tranquilo en que se pueda reflexionar sin prisa, y es bueno tener un sitio donde no vayamos a ser interrumpidos, y entonces, y ESTANDO SIEMPRE CONSCIENTES de la mente y de todo el proceso, plantearnos el asunto y verlo con objetividad, revisando las respuestas para ver si son propias.
SE EXPERIMENTA LO QUE SE PIENSA. Es la mente quien se encarga de calificar las emociones y los sentimientos. Es ella quien los traduce a su lenguaje –en demasiadas ocasiones catastrofista o negativa- y quien nos hace creer que un asunto es grave, es como para estar deprimido, es para llorar, o es para rendirse. Su interpretación no es una interpretación objetiva –por los motivos que se indicaron antes-, así que le falta la ecuanimidad para adjudicar esas clasificaciones bien. Y esto es un asunto tremendamente importante como para obviarlo.
LA MENTE ES CAPAZ DE CREAR LO QUE ES CAPAZ DE CREER. Tal es su poder. Demasiado poder para un instrumento a nuestro servicio que no se caracteriza precisamente por hacer las cosas muy bien. Y otra vez se confirma la necesidad de controlar la mente, de no darle carta blanca para que haga lo que quiera, para que derive hacia donde quiera –y nos arrastre perjudicándonos en su deriva-, ni permitir que haga conjeturas sin tener conocimientos suficientes y sin una claridad diáfana que la haga casi infalible.
Tiene fuerza incluso para llegar a somatizar lo que clasifique como “problema”. Cambia a su antojo nuestro estado de ánimo y nos lleva del optimismo a la infelicidad cómo y cuando quiere, con una sola insinuación suya.
Conocer y, sobre todo, controlar la mente es más serio y más importante de lo que inocentemente llegamos a imaginar. Dependemos de ella sin darnos cuenta, nos gobierna sin contar con nuestra aprobación.
Nos hemos acostumbrado desde el principio a identificarnos con ella. Estamos convencidos de que nosotros somos nuestra mente. Si uno se pregunta: ¿Quién soy yo?, responde la mente inmediatamente y, si dejamos la pregunta de ese modo, y hecha sin dirigirla directamente a quien le corresponde contestar, la respuesta que nos va a dar la mente es, en realidad, la respuesta a quién es ella, o –en el mejor de los casos- quién cree que somos nosotros en función de su concepto de nosotros, y la idea que nos aporte va a estar referenciada a lo que maneja bien, que son las ideas y los conceptos; nos puede relacionar con un nombre, una edad, un parentesco, una profesión… en fin, cosas que nosotros no somos, ya que meramente son papeles que representamos.
La consciencia es vital en este asunto. Tenerla clara y alerta a todas horas para ser capaz de discernir lo que es NUESTRO y lo que es de la mente; conviene saber diferencia claramente las decisiones, actos, impresiones y asuntos que son de ella, y los que son NUESTROS, por decisión sopesada y propia.
Recomiendo ponerse a pensar uno mismo por decisión propia y controlando todo el proceso, y no permitir y aceptar incondicionalmente todas las propuestas o ideas de la mente, ya que no todas van a ser equivocadas o ir en nuestra contra, pero conviene que lleven nuestro visto bueno consciente.
Más información aquí:
¿CÓMO FUNCIONA LA MENTE Y POR QUÉ SE DESCONTROLA TANTO?
http://www.jananguita.es/como-funciona-la-mente
¿QUÉ ES LA MENTE Y CÓMO APROVECHAR SU PODER AL MÁXIMO?
http://www.jananguita.es/que-es-la-mente
Te dejo con tus reflexiones…
(Francisco de Sales, es el creador de la web www.buscandome.es, para personas interesadas en la Psicología, la Espiritualidad, la Vida Mejorable, el Autoconocimiento, y el Desarrollo Personal. Te invito a visitarla)

lunes, 2 de abril de 2018

AQUELLA MI INFANCIA (Por Emma Fernandez)

AQUELLA MI INFANCIA
Mi infancia corrió
por calles sin asfaltar,
por campos sin desbravar,
y por el patio de un colegio.

Corrí el mundo
en las calles que rodeaban mi casa,
entre árboles de otro siglo,
bajo el sol de siempre.
Mis piernas novicias,
huesos casi recién nacidos,
fueron entonces mis alas y mi coche y mi caballo.
Tuve el infinito al alcance de mis piernas.
Todos los mundos imaginarios me fueron sumisos.
Lo imposible y lo prohibido desaparecieron.
Tanto correr...
para llegar a hoy,
a esta edad,
a este cansancio,
a este sitio tan lejos de mi infancia,
en el que me sigo alimentando
de recuerdos y nostalgias.
Hay mucha vida en estas piernas tan amables
que me han traído hasta hoy,
cosa que les agradezco.
Francisco de Sales
(Más poesías en www.franciscodesales.es)
Obras Francisco de Sales
franciscodesales.es