Cuando no aceptamos la situación que estamos viviendo, la estamos rechazando, y lo que estamos consiguiendo es perpetuarla en el tiempo. Ahí invitamos al sufrimiento como compañero y repetiremos la historia una y mil veces más, hasta que aprendamos a ver lo que hay detrás de ese rechazo, de esa negación. Recuerda que tú solito te has anclado, te has encadenado a esa situación. Cuando la aceptas tal y como es, dejas de controlar, de querer manipular, de imponer tu voluntad. Dejas tu orgullo, tu testarudez. En ese momento aprendes a confiar y a soltar las riendas. Es ahí cuando todo empieza a moverse con soltura; libremente; en completa paz y seguridad, sabiendo que lo que siga sucediendo es lo que ES, está donde debe de estar; ocurrirá lo que tiene que ocurrir. Porque todo lo que nos acontece, es para nuestro bien; para nuestro avanzar en el Ser".
domingo, 29 de noviembre de 2020
sábado, 28 de noviembre de 2020
LAS 12 CLAVES EVOLUTIVAS (Por Myriam Gomez Sastre)
viernes, 27 de noviembre de 2020
LO PERFECTO TIENE TAMBIÉN SU LADO OSCURO (Por Emma Fernandez)
En mi opinión, esa
aspiración casi obsesiva con que algunas personas se dedican a la
búsqueda de la perfección, para que todo en su vida sea impecable,
requiere de un esfuerzo que raramente se ve compensado con el resultado.
A todos nos agrada más el orden que el barullo, y lo magnífico es mejor
que lo mediocre, pero… ¿qué precio hay que pagar por un 10 cuando un 9
cuesta la mitad –de trabajo, de esfuerzo, de renuncia o de sufrimiento- y nos puede la misma satisfacción?
¿Es uno mismo, conscientemente, quien aspira a los magnífico o es el
ego quien lo pretende? porque si es el ego… estaremos pagando un precio
excesivo por contentar al insaciable e inconformista ego.
¿Qué se esconde detrás de esa búsqueda de la perfección?
Puede ser una virtud o puede ser un problema… porque si es un ideal al
que se aspira, y esa aspiración está lejos de nuestro alcance, aquello
que parecía que nos iba a dar contento al cumplirlo se va a convertir en
frustración por no poder cumplirlo.
Las utopías son un cebo atractivo, pero también tienen una parte negativa: la frustración cuando no se alcanzan.
Lo perfecto también tiene una cara B cuando lo perfecto es nada más que
una fantasía, un desvarío, una ficción. Somos imperfectos por
naturaleza, la perfección –sobre todo cuando es obsesiva- se convierte
en una quimera emponzoñada.
El bienestar está muy bien y está al
alcance; el mejor-estar –lo que llamamos la excelencia- queda lejos,
está difícil, y es un poco como un espejismo ya que al alcanzarlo no
proporciona lo que prometía.
Si me dan a escoger entre lo sublime
con un alto coste emocional, o con demasiadas renuncias, o si es
excesivo el tiempo de vida que tengo que invertir o derrochar para
lograrlo, o si me voy a perder otras cosas para conseguirlo –por
ejemplo, vivir-… pues no me interesa.
No somos perfectos: somos
reales, somos humanos, y la imperfección y los errores forman parte de
nuestro día a día. ¡Qué se le va a hacer!
Prefiero conformarme
con algo menos, con algo que esté simplemente bien, con no hacer de ese
logro una guerra que me lleve a la enemistad conmigo, al infortunio, o a
la desesperación de la frustración.
Prefiero la paz a la guerra; será cosa de la edad, pero ahora lo veo así.
Prefiero evitar la rigidez y quedarme con lo liviano que sea levemente placentero.
La vida no debería ser un drama, pero hay quienes se empeñan en convertirla en eso.
¿Tú eres uno de esos?
¿O prefieres renunciar a la absoluta perfección y aceptar tu humanidad?
Te dejo con tus reflexiones…
Francisco de Sales
martes, 24 de noviembre de 2020
CREA RETOS PERSONALES (Por Conny Vera)
AYUDAR A QUIEN LO NECESITE (Por Emma Fernandez)
En mi opinión, todas las personas
nos hemos sentido perdidas o atravesando una desgracia, y hemos
necesitado de apoyo en algún momento de nuestra vida.
O por lo menos, en algún aspecto de nuestra vida.
Quizás hemos tenido la fortuna de contar con alguien que nos haya dado
un consejo, un ánimo, una luz o una esperanza, y con eso nos ha ayudado a
salir y seguir adelante.
Es bueno que, en otro momento distinto,
en el que nos encontremos un poco asentados, estemos atentos por si
aparece en nuestra vida alguien que nos esté pidiendo –aunque sea sin
palabras- un poco de apoyo, ánimo, o confianza.
Me gusta creer en algo como eso que denominan “cadena de favores”.
Hoy por ti y mañana por mí.
Y, para ello, no es necesario ser sabio ni experto en dar consejos, ya
que en muchas ocasiones los otros no piden un consejo (y darlo puede ser
una osadía que perjudique más que beneficie), y lo que piden es que se
les escuche –para que, a su vez, ellos mismos se escuchen y pongan orden
en sus ideas-, o sólo pretenden vaciar lo que les atormenta por dentro,
que alguien les coja la mano, los acoja en un abrazo, o simplemente
sentir que les prestan atención.
La prudencia, y la sabiduría interior, son buenas consejeras para saber cómo actuar en estos casos.
Opino, en estos casos, que “menos es más”.
Que es mejor dar menos –sin quedarse corto- que sobrecargar.
Que es mejor alumbrar que deslumbrar.
Pocas palabras concisas mejor que largas peroratas.
También es mejor una leve sonrisa –que habla de esperanza- que una cara compartida de tristeza.
Y un abrazo es mejor que una regañina.
Es conveniente ser comprensivo y empático más que crítico y castigador.
Conviene estar atento a lo que el otro necesita, dejándose guiar por el
corazón, poniéndose en su lugar para que la empatía ayude en la
comunicación. Aunque no debemos olvidar en esos momentos que el otro es
el otro. Yo soy yo y tú eres tú.
Y es lo mejor que se puede hacer: saber quedarse fuera de su problema para poder enfrentarlo con ecuanimidad.
Si uno se está ahogando en el mar lo que necesita del otro es que
mantenga la calma y con sangre fría busque una solución y le socorra, y
no que se tire al agua para ponerse a su lado para pedir ayuda entre los
dos.
El otro actúa como puede, o como mejor cree. Evidentemente,
nosotros en su lugar y circunstancias estaríamos actuando del mismo
modo.
Lo que el otro necesita no son amonestaciones,
precisamente, sino acogimiento integral, paz, una mano amiga, o un apoyo
en el que descansar para reponerse o para reencontrar el camino.
Por nuestra parte, apoyar al otro, sí. Siempre que no exista mala voluntad en el otro o interés en hacer mal.
Sólo tenemos que pensar en nosotros, en cómo nos sentiríamos en su
misma situación, y actuar del modo que nos parezca adecuado. O actuar
del modo en que nos gustaría que actuaran con nosotros si nos
encontráramos en su caso.
Apoyar, ayudar, animar, alentar… hermosas palabras.
¡Cuántas veces hemos necesitado algo de eso y no aparecía…!
Por eso, cada vez que surja la posibilidad de hacerlo por otro, no lo
eludamos y cumplamos esa excelente sugerencia de amar al prójimo.
Ayudar es una forma divina de amar.
Te dejo con tus reflexiones…
Francisco de Sales
lunes, 23 de noviembre de 2020
CONNY VERA nos dice:
sábado, 21 de noviembre de 2020
CAMINOS SIN RETORNO (Por Eileen Caddy)
No puedes crear lo nuevo si permaneces inmers@ en lo viejo. Un bebé
recién nacido no puede permanecer apegado a su madre. Para que se
separen se ha de cortar el cordón umbilical. Lo mismo sucede con esta
vida espiritual. Una vez que has echado a andar por el camino
espiritual, decidido a vivir en las sendas del Espíritu, debes hacer un
corte limpio con tu vieja forma de vida. No se puede tener un pie en
ambos mundos. La elección está en tu
mano. Que no haya retroceso en esa elección. Continúa avanzando. Cuando
el camino es áspero, quizá te aferres a los llamados “buenos días del
ayer” y quieras regresar. No hay regreso en esta vida. Un bebé no puede
volver al vientre de su madre cuando la vida se le hace difícil. Un
polluelo no puede volver a su cáscara, ni una mariposa a su crisálida.
La vida no puede ir hacia atrás. Ha de ir adelante, siempre
adelante..... Eileen Caddy
SI VAS A JUZGARME (Por Ulises Alvarado)
Si vas a juzgarme, ponte mis zapatos, recorre el camino que me ha tocado
transitar, vive mi vida, las penas, las alegrías, mis miedos, mis
dudas, comete los mismos errores y aciertos. Camina por este sendero de
años creciendo, y experimentando, las veces que he tropezado y me ha
tocado levantarme una y otra vez, salta al vacío y siente el vértigo,
no emitas juicio pues solo
Dios sabe lo que hay en el corazón del hombre, y aun así él no me juzga, cada uno tiene su propio camino
viernes, 20 de noviembre de 2020
SALUDO DE BUENAS NOCHES (Por José Miranda)
Hola gentes, ¿que tal ha ido el día? en mi caso sin sorpresas, solo cosas normales de la convivencia, lo mas destacado es que me han dado dos noticias contrapuestas, esta mañana me encontré con gente que hacía tiempo no veía y me dijeron, !oye! ¿Como haces para mantenerte tan joven?, parece que el tiempo no pasa para tí, en cuanto llegué a casa fuí junto a mi amigo el espejo y le comente el caso, y el me dijo, estas bien.
Y esta tarde otras personas me han dicho que si me encuentro enfermo porque estoy muy estropeado y enbejecido, y al llegar a casa de nuevo he estado hablando con mi espejo, y me ha vuelto a decir que estoy bien, y también me ha aconsejado que escuche a la gente con respeto, y que cuando quiera saber como estoy, para eso tengo mis propios ojos, mis capacidades y mi propio espejo.
La misma cosa o caso, se puede ver, apreciar y conceptuar de forma muy diferente e incluso opuesta, y todas las versiones son la verdad del que la emite, el cristal o filtro de sus gafas psicológicas solo le permite verlo y apreciarlo de esa forma, hemos de saber escuchar los comentarios ajenos sin que nos afecten en ningún sentido, porque yo se de muchas personas que si le dices que ha engordado o que esta mas estropeada o embejecida, la moral se le cae al suelo.
Conclusión: Escucha y respeta a todos, pero tu a lo tuyo y no permitas que opiniones o pareceres ajenos afecten a tus sentimientos.
Buienas noches y portaos bien.
jueves, 19 de noviembre de 2020
UN POCO DE HUMOR (Por Leopoldo Jimenez Camarena)
martes, 17 de noviembre de 2020
CITAS DE RUMI, EL POETA MÍSTICO (Por Pau Yael)
lunes, 16 de noviembre de 2020
REEDUCARNOS (Por Emma Fernandez)
En mi opinión, la práctica totalidad de las personas que habitamos este
mundo hemos sido educadas de un modo incorrecto, o de un modo
incompleto, o de un modo que no fue imparcial y sensato del todo, o con
unos principios con los que ya no estamos de acuerdo –tal vez nunca
hemos estado de acuerdo con ellos- pero seguimos acatando
inconscientemente.
O sea, que necesitamos reeducarnos.
Y esto es una tarea obligatoria.
Y, preferiblemente, que no se aplace más y se comience nada más terminar de leer este artículo.
Si nuestra educación no fue la correcta es muy posible que no sea
nuestra responsabilidad, pero reeducarnos sí es nuestra responsabilidad.
Somos conscientes de que hay cosas nuestras que no nos convencen, cosas
que no hacemos tal como nos gustaría hacerlas, comportamientos
habituales que a veces no nos agradan, actitudes de las que nos
avergonzamos, pensamientos que nos asustan…
Somos conscientes de
que hay cosas nuestras que deberían ser de otro modo, que deberíamos
cambiarlas, que deberíamos replantearnos para no repetirlas una y otra
vez, que hacemos sin saber por qué o para qué, que nos dejan una
sensación insatisfactoria de no ser realmente nosotros mismos, o que
preferimos ocultar por temor o vergüenza…
La parte de la
educación que no se refiere al comportamiento social, la que de verdad
nos afecta a cómo nos comportamos en los asuntos importantes, está
implantada en nuestro inconsciente lo que nos hace actuar de un modo
inconsciente.
Ese es el problema. Que llevamos tanto tiempo
actuando de acuerdo con esa educación que hemos acabado por creer que
“es que soy así”, o nos hemos conformado con pensar que “esto a mi edad
ya no tiene remedio”.
Y no es cierto. Uno no es así, y sí tiene remedio se tenga la edad que se tenga.
Siempre se está a tiempo de hacer cambios, siempre a tiempo de mejorar.
Cada persona tiene la responsabilidad de su propia vida y la obligación de hacer de ella una vida plena y satisfactoria.
Ante esto nadie debe desentenderse, ignorarlo, excusarse, negar esa
responsabilidad, menospreciar la realidad, abandonar o abandonarse. Es
una RESPONSABILIDAD con todo lo que ello implica.
La mente es un
elemento pasivo que registra la información que se le da, y como al
nacer uno tiene la mente vacía de este tipo de información, lo que le
dan en su infancia como educación lo registra, se lo cree, y actúa en
función de ello. Nuestra actuación exterior está condicionada por las
instrucciones que están grabadas en el interior.
Así que conviene ponerse a la tarea de reeducar el inconsciente.
Hay que comenzar por comprender que uno no es, esencialmente, por su
naturaleza y predisposiciones, quien está siendo –salvo increíbles
excepciones-, sino que está siendo el que le han dicho que es y actúa en
función de como le han dicho que es.
¿Cómo reeducar la mente?
En estados de meditación, o de relajación un poco profunda, se puede
alcanzar un situación en la que uno contacta directamente con el
inconsciente y puede hablarle y reeducarle.
En mi opinión, lo
que funciona bien es mostrarle al inconsciente la verdad de la cosas, la
realidad de lo que es uno mismo y de quién es uno mismo, o sea, no el
que los educadores crearon, sino el que uno ha ido descubriendo y
formando a lo largo de las experiencias de su vida, el que uno ha
comprobado y decidido que es porque realmente se siente de acuerdo con
él.
Se trata de convencer al inconsciente de esta realidad actual
lo mismo que en su momento los educadores le inculcaron otra
información como verdad.
Se trata de ir descubriendo y conociendo
quién es uno, y se trata de actuar y mostrarse siempre como es uno. Y
que todo uno, todas las partes que lo componen acepten la nueva
situación y la nueva visión de las cosas, y que actúen en función de
esta verdad.
Ahí está la clave.
Averigua quién y cómo eres realmente, y sé tú mismo.
No el “tú mismo” que te han dicho que eres, sino el que realmente eres. Y tu tarea es averiguarlo –primero- y serlo –después-.
Te dejo con tus reflexiones…
Francisco de Sales
domingo, 15 de noviembre de 2020
PARA VIVIR MEJOR (Por Tuzky Maitena)
Para vivir mejor:
No te preocupes, * ocúpate .*
Ocupa tu tiempo, ocupa tu espacio, ocupa tu mente.
No te desesperes, * Espera.*
Espera que las cosas se calmen, espera que el tiempo pase, espera se desarme la rabia.
Dispón buenas palabras, dispón buenas vibraciones, disponte siempre.
No te canses, * Descansa.*
Descansa tu mente, descansa las piernas, descansa de todo.
No te molestes, * Acomoda.*
Acomoda tu cuerpo, acomoda tu espíritu, acomoda tu vida.
No desconfíes, * Confía.*
Confía en tu sexto sentido, confía en ti.
No presiones, * Impresiona.*
Impresiona por la humildad, impresiona por la sencillez, impresiona por la elegancia.
No generes discordia, * Genera Concordia.*
Concordia entre las naciones, concordia entre las personas, concordia personal.
No molestes, * trata bien.*
Trata bien a las personas, trata bien a los animales, cuida el planeta.
No te sobrecargues, * Recargate.*
Recargue sus fuerzas, recargue su coraje, recargue su esperanza.
No estorbes, * Trabaja.*
Trabaja tu humanidad, trabaja tus frustraciones, trabaja tus virtudes.
No conspires, * Inspira.*
Inspira personas, inspira talentos, inspira salud. 🙏🙏🙏
Claudia.A.Vidal
viernes, 13 de noviembre de 2020
¿CUANTOS AÑOS NO TIENES (Por Emma Fernandez)
A raíz de escuchar al señor Helios Herrera en un vídeo, me he puesto a pensar en lo que explica.
¿Cuántos años tiene usted? –pregunta- y las personas responden, según
es costumbre, el número de años que han trascurrido desde que nacieron
hasta la actualidad.
- Tengo veinte años, cuarenta años, sesenta y tres años…
- No. Usted no tiene esos años. Esos son los que YA NO TIENE -dice-.
A veces, es conveniente que alguien te haga ver lo que crees que estás
viendo sin darte cuenta. O que te digan lo mismo con otras palabras u
otro enfoque para que lo veas bien.
Los años transcurridos son
los que ya pasamos, los que se terminaron, los que no volverán, los que
se han restado de nuestra vida.
Y el consumo y suma es imparable.
Cada segundo que pasa va engordando los años que no tenemos, y nos van
quedando menos por disfrutar y vivir.
Conozco varias personas que
cuando leen la prensa lo primero que miran es la página donde aparecen
las esquelas de los fallecimientos del día anterior, y la ojean con
curiosidad pero sin reflexión.
Esas personas ya no viven, ya
acabaron su oportunidad de disfrutar de la vida. Nosotros aún seguimos,
pero… ¿somos conscientes de que estamos vivos, estamos en la vida,
podemos vivir?
Los años transcurridos son físicamente
irrecuperables, aunque nos queden los recuerdos y las enseñanzas, pero
lo importante es el ahora continuo que es la vida, el ahora que va
consumiendo poco a poco lo que teníamos reservado en el almacén que
llamamos futuro.
Cada segundo que pasa es un segundo menos que nos queda.
Somos capaces de coser el cojín roto porque pierde el relleno; somos
capaces de arreglar el grifo que pierde gotas de agua; somos capaces de
ponernos a buscar cualquier objeto que hayamos perdido, aunque sea tan
simple como un alfiler, pero… ese perder continuamente los segundos… ¿lo
solucionamos?
Sí, ya lo sé, la vida va a pasar y se va a gastar de todos modos, pero eso no es lo mismo que “perderla”.
Perderla es desatenderla, o no sacarle todo el jugo, o no hacer de ella
un sitio digno y confortable en el que estar mientras dure, o no
responsabilizarse conscientemente de ella.
Quizás deberíamos cambiar la pregunta de “cuántos años tienes” por la de “cuántos años te quedan por vivir”.
Quizás deberíamos dedicarle un tiempo a esta cuestión y hacer algo.
Lo que cada uno decida hacer.
lunes, 9 de noviembre de 2020
21 MENSAJES PARA TRANSMITIR A CADA MIEMBRO DE LA SIGUIENTE GENERACIÓN (Por Belkis Salazar De Baclini)
domingo, 8 de noviembre de 2020
UN AMOR NORMAL (Por Emma Fernandez)
UN AMOR NORMAL
El dueño de mis sueños
no es un Príncipe,
ni es bello,
ni tiene magia en su mirada.
Es un hombre normal,
con su sonrisa ocasional y sus preocupaciones,
con unos días buenos y otros apagados,
que me quiere como buenamente puede y sabe,
sin grandes sorpresas en los aniversarios,
ni noches románticas de novela,
ni besos que quitan la respiración hasta el desmayo,
ni es endemoniadamente apuesto,
ni deslumbrante ni arrasador.
Es un hombre corriente,
de los que trabajan y sudan,
no tiene un repertorio de frases seductoras,
no es galán ni galante,
pero cuando me da la mano me da su vida,
si me mira con sus ojos tímidos tiemblo,
y si me dice chata me suena con banda sonora.
No es el que aparece en los sueños de la fantasía
pero tiene lo que de verdad es imprescindible:
me ama.
Y yo le amo.
Francisco de Sales
DISFRUTA ALLÍ DONDE ESTÉS Y NO POSEAS NADA, NADA NOS PERTENECE. (Por Conny Vera)
sábado, 7 de noviembre de 2020
ANSIEDAD CÓMO COOMBATIRLA (Por Emma Fernandez
La demanda actual que
presentan muchos pacientes deja en evidencia el hábito de dirigir la
gran mayoría de sus pensamientos y conductas hacia el exterior.
Lo
que suelen hacer es crear con ello toda una tempestad de pensamientos e
imágenes que actúan añadiendo aún mas estrés, al tratar de buscar
constantemente soluciones que no alcanzan y ante la impotencia de tener
pensamientos intrusivos, recurrentes y persistentes, que producen
inquietud y conductas repetitivas, denominadas compulsiones dirigidas a
reducir la ansiedad asociada.
Sin embargo, las cosas no son como
parecen, este comportamiento no es una enfermedad de los tiempos
modernos. Es un problema que viene de lejos. Hay que buscar caminos que
distraigan la mente de la búsqueda obsesiva de soluciones al dolor y la
sensación de amenaza.
Podemos estar años rumiando con pensamientos e
imágenes de una ex pareja, centrándonos en “aquellos momentos lindos”
vividos en los dos primeros meses, pese a que el otro ya ha constituido
una nueva familia
Voy a usar un cuento para explicar las resonancias que tengo en la práctica clínica:
Cuentan que el alumno preguntó a su maestro: “Maestro, siento dentro
de mí dos lobos que luchan. Uno me lleva a ideas, sentimientos y
acciones positivas y el otro en cambio es malo, negativo, violento.
¿Cómo sé cuál de los dos ganará?”
Y el maestro le respondió: “Eso es fácil. Ganará aquel al que alimentes”.
Aquellos pensamientos, ideas, sentimientos e incluso acciones que
cultivemos, aquellas a las que “demos de comer”, son los que
prevalecerán en nosotros al final.
No podemos evitar sentir o pensar
determinadas cosas. Somos tanto ese lobo bueno, con sus ideas y
sentimientos buenos, como el lobo malo con sus emociones negativas. Esa
dualidad está en nosotros. No lo podemos evitar. Pero también somos esa
tercera parte que observa los lobos, que los identifica, y puede decidir
a cuál de los dos alimenta, a cuál le quiere dar de comer. Siempre hay
una parte (mayor o menor) de voluntariedad en lo que podemos pensar e
incluso sentir.
Imaginemos que tenemos un pensamiento obsesivo, que
no queremos pero que no podemos evitar. Solo nos agota y nos quita
energía, y no lo queremos.
En todas estas circunstancias podemos hacer algo para minimizarlo:
1. Toma distancia de él. Míralo desde fuera, como si fuera ese lobo.
Desapégate de él. No te pelees. Bien, ha venido, está aquí otra vez. No
pasa nada, no es mi voluntad. No soy yo, porque yo no lo quiero conmigo.
2. Sé consciente de que no va a estar contigo eternamente. Pase lo que
pase antes o después se irá. Tardará más o menos, pero desaparecerá.
3. Y ahora es cuando puedes empezar a hacer algo. Lo primero, no le
dediques tu atención, no te metas en él, no le des tu energía mental. No
lo explores más, todos los caminos están recorridos ahí dentro. Puede
que no se vaya ahora mismo pero mientras esté yo no lo voy a atender.
4. Usa el STOP de pensamiento. Es una técnica muy útil: detén activa y
voluntariamente ese pensamiento y pon otro en tu mente. Fuérzate a
hacerlo. De forma voluntaria trata de pensar en otra cosa.
5. Si
de pronto te ves que el pensamiento ha vuelto, casi sin darte cuenta, no
te rindas y repite la secuencia. Una y otra vez, repite el proceso de
apartarlo y pensar en otra cosa. Verás que cuanto más veces lo haces más
fácil te resulta.
6. Si es un pensamiento obsesivo franco es
posible que no consigas quitarlo del todo incluso con estas técnicas. Es
normal, puede que necesites una ayuda extra. Pero todo el esfuerzo que
haces de apartarlo y no prestarle atención, observarlo desde “fuera” y
no alimentarlo, es francamente útil. No cae en saco roto.
7. A veces
consigues hacer otras cosas, pero sientes que una parte de ese
pensamiento sigue en algún espacio de tu mente, con menor intensidad.
Está bien, de nuevo evita sentirte atraído por él. Sigue con tus cosas y
deja que vaya apagándose poco a poco. Ante todo, no le des de comer…
8. A algunas personas les sirve quedarse observando ese pensamiento
“parásito” ajeno a nosotros e imaginar cómo el viento lo desplaza y lo
barre, como a una mala nube en el cielo.
Estas técnicas nos
sirven tanto para los pensamientos obsesivos como para cuando nos vemos
repetidamente rumiando en nuestra mente algo a lo que no queremos
dedicar más atención y que nos desgasta. Si lo practicamos veremos cómo
resulta útil en muchísimos casos.
Si te reconoces con este tipo de
pensamiento persistente y que te hace padecer, estás necesitando ayuda
profesional. Es el momento de consultar, sin miedo ni vergüenza. En
ocasiones se hace necesaria también alguna medicación para poder
manejar mejor los estados de ansiedad.
Elena Ruth Mandel
viernes, 6 de noviembre de 2020
PARA CERRAR BIEN LOS CICLOS (Por Myriam Gomez Sastre)
jueves, 5 de noviembre de 2020
INTERESANTE REFLEXIÓN (Por Eugenia Lagrost....)
miércoles, 4 de noviembre de 2020
ASHER IBRAIM Nos Platica.
lunes, 2 de noviembre de 2020
APRENDE A RELATIVIZAR (Por Emma Fernandez)
En mi opinión, saber relativizar, lo mismo que ser ecuánime, o ser
desapasionado, o ser imparcial, incorruptible, ponderado, razonable, o
ser íntegro, son cualidades muy preciadas cuando se trata de evaluar con
claridad las cosas que nos suceden, los acontecimientos que vivimos, o
incluso los sentimientos y variaciones por los que uno transita.
Hay una tendencia habitual a clasificar mal los hechos, porque casi
siempre se hacen desde un estado dramático, pesimista, sufriente o
afectado, o, por el contrario, se hacen en momentos de exaltación o
euforia, y en todos esos casos falta el equilibrio necesario para ver
las cosas en su exactitud, ya que cualquiera de los dos estados tiñen la
realidad de las cosas.
Todos hemos tenido ocasión de comprobar
que más de una vez hemos sido excesivos al calificar un estado o valorar
una situación, y hemos visto cómo aquello que aparentó ser tan trágico
en su momento con el paso del tiempo fue diluyendo su exageración y fue
quedándose en su auténtica realidad, y ésta no era tan grave ni tan
aparatosa.
Algunos hasta hemos sido capaces de sonreír al
recordarnos desquiciados ante algo que ahora comprobamos que no era tan
grave como nos pareció entonces.
El modo de evitar ese mal trago
que a veces nos proporcionamos es saber relativizar (“Introducir en la
consideración de un asunto aspectos que atenúan sus efectos o
importancia”), y de ese modo ser capaces de verlo ya, en el momento en
que está sucediendo, en su auténtica dimensión.
Al final acabamos
recurriendo a menudo a ese dicho de “Todo tiene remedio, menos la
muerte”, porque vamos comprobando con el paso del tiempo que las
tragedias –casi todas- pierden sus aristas dolientes, se les diluyen la
rabia y el rencor, disminuyen la desgracia, y se quedan en hechos “más o
menos normales”; hechos que, por supuesto, rechazamos porque van en
contra de nuestro deseo de ausencia de conflictos, o porque nos llegan
en un momento que estamos bajos de ánimo.
Relativizar implica desapasionarse de la realidad aparente para poder apreciar la auténtica realidad.
Cuando vemos que le sucede a otro el mismo hecho o uno similar al que
nos sucede a nosotros, podemos tomar dos puntos de observación y opinión
distintos: o menospreciamos lo que le sucede al otro –aunque sea
exactamente lo mismo- y en cambio engordamos lo que nos sucede a
nosotros –que, repito, es exactamente lo mismo-, o puede que -si somos
sensatos- podamos ser capaces de verlo de una forma desapasionada,
porque es al otro al que le sucede y no a nosotros, por tanto no están
implicados y activos esos motivos personales de implicación que
conllevan y aportan algo de confusión.
Me refiero a cuando en un
hecho concreto nos jugamos nuestra economía, nuestra estabilidad
emocional, nuestro bienestar, o nuestro presente y futuro. Cuando le
pasa al otro, LE PASA AL OTRO, por tanto no le afecta a uno mismo.
Hay que partir de tener una buena tolerancia a la frustración, y
aceptar sin drama que las cosas no siempre salen a nuestro gusto, y que
hay otras cosas que no dependen de nosotros y por tanto no podemos
influir en su resultado. De esas otras cosas es mejor no
responsabilizarse y no sentirse culpable, y aún menos regañarse o
enojarse consigo mismo, porque es algo que no depende de sí mismo.
Las cosas son lo que son, y somos nosotros los que le añadimos tragedia
o felicidad. Está bien lo segundo. Lo primero, conviene revisarlo: hay
que ser ecuánime, objetivo, neutral, imparcial… y no hay que dejarse
arrastrar por las emociones o los sentimientos, por el impulso bruto,
por la pasión confusa, o por ese arrebato descontrolado que tantas veces
nos lleva al arrepentimiento.
La vida se lleva mejor con serenidad y reflexión, con una dirección consciente de lo que uno quiere en su vida y para su vida.
Conviene ejercitarse en la tranquilidad ante los hechos que se presenten, seas cuales sean.
Y tener claro que UNO MISMO está, y ha de estar, por encima de los
vaivenes, de las circunstancias, de los “caprichos” del destino, de los
otros y sus actitudes y sus actos, por encima de su propia soberbia y su
cólera, de su propio ímpetu y su mente desbocada.
No estoy
proponiendo anestesiarse, ni anular los sentimientos y las emociones, ni
quedarse impávido ante la vida, ni suicidar la capacidad de
conmovernos, sino que promuevo tener la capacidad de separarse de las
cosas y verlas en su justa medida, y preservarse para que el mundo no se
acabe convirtiendo en un enemigo furibundo e invencible.
VIVIR… se trata de VIVIR y no de sufrir.
Te dejo con tus reflexiones…
Francisco de Sales
Si te ha gustado ayúdame a difundirlo compartiéndolo.