sábado, 4 de abril de 2026
LO DE CASA SE SANA EN CASA (Por Alice Luna)
TODOS QUIEREN SER LIBRES, HASTA QUE SE DAN CUENTA DEL PRECIO QUE HAY QUE PAGAR (Por Leon Interno)
TODOS QUIEREN CONSTRUIR ALGO GRANDE (Por Mentalidad Hombre)
SOBRE SOLEDAD (Por Daniela Pol)
HAY GENTE TAN POBRE QUE LO ÚNICO QUE TIENE ES DINERO (Por León Interno)
VIVIR CON ALGUIEN QUE SE ENOJA POR TODO, TE DESTRUYE EN SILENCIO (Por Andrés Pulido)
TU CUERPO SABE VOLVER A LA CALMA..... (Por Coach Marifer)
SOBRE "SEMANA SANTA" (Por Mabel Ana Solvas)
No se trata de atacar creencias ni de burlarse de quien siente algo genuino. Se trata de ir más allá de lo que nos enseñaron como única verdad. Porque una cosa es el mensaje… y otra muy distinta es lo que hicieron con él.
EL DESAPEGO ESTOICO (Por Wilber Arana)
NO TODO EL QUE PIDE TU ATENCIÓN, MERECE TU PRESENCIA (Por Mentalidad Ganadora MJ)
NO SE TRRATA SOLO DE LO QUE SE PIENSA, SINO DE LO QUE ESE PENSAMIENTO REPRESENTA (Por Laberinto Universal)
SALVEN A LOS LOCOS (Por Tuzky Maitena)
TENER UNA SOLA PAREJA....... (Por Taty Bosch)
APRENDER ES MUY NECESARIO (Por José Miranda)
Hola gente, aquí estamos navegando en este día que nos han regalado, para algunos de nosotros puede que sea motivo de alegría, se nos ha dado una oportunidad más de escribir unos renglones en el libro de nuestra vida, y para otros puede que no sea motivo de alegría, todo depende de nuestra actitud, escala de valores y de cómo va transcurriendo la jornada, y también cómo practicamos el arte de vivir.
La vida humana nos la da Dios, o La Naturaleza, o como cada uno
de nosotros lo entienda, en colaboración con nuestros padres terrenales,
en los primeros años de nuestra vida nos
enseñan todo lo elemental y necesario para después caminar por cuenta
propia, (crear la personalidad), pero después es responsabilidad nuestra
el vivirla de un modo u otro, hay quien hace de su vida una obra de
arte, y hay quien hace un desastre, en buena parte depende de nuestros
conocimientos, y la forma de ponerlos en práctica, de aplicarlos a la
acción.
Yo hasta hace poco, era bastante ingenuo, muy inocente, y en algunas ocasiones mi actuar en algunos frentes de la vida, le faltaba cordura, acierto y responsabilidad.
A veces tenemos nuestras propias convicciones, pero con algo de dudas, y cuando alguien de gran prestigio y fiabilidad lo confirma, ya sea a través de un libro o ponencia o cualquier otra forma, nos supone un plus de satisfacción al comprobar que vamos bien orientados en nuestro caminar.
El conocimiento puesto en práctica, conduce al mejoramiento en el actuar, y el correcto actuar en armonía con las Leyes de la vida conduce al bien, a la alegría y a muchos otros estados que en su conjunto nos acercan a la felicidad auténtica.
Y como se suele decir, mañana será otro día,en ello confío, un saludo y hasta siempre.
viernes, 3 de abril de 2026
EL SACO DE PLUMAS (Por Manuelita Verónica)
Había una vez un hombre que calumnió a un amigo suyo; el motivo fue la
envidia que sentía al ver el éxito que aquél había alcanzado en su vida.
Tiempo después se arrepintió de la ruina que trajo con sus calumnias a ese amigo.
Visitó entonces a un hombre muy sabio a quien le dijo:
“Quiero arreglar todo el mal que le hice a mi amigo. ¿Cómo puedo hacerlo?”.
A lo que el sabio respondió:
“Toma un saco lleno de plumas ligeras y pequeñas y sueltalas una a una por donde vayas”.
El hombre, muy contento por aquel pedido tan fácil, tomó el saco lleno de plumas y partió.
Al cabo de un día ya las había soltado a todas; por lo que volvió a visitar al sabio y le dijo:
“Ya he terminado”.
El sabio contestó:
“Esa es la parte más fácil. Ahora debes volver a llenar el saco con las mismas plumas que soltaste… Sal a la calle y búscalas”.
El hombre se sintió muy triste y angustiado, pues sabía lo que eso significaba, sabía que no podría juntar casi ninguna.
Al volver, el hombre sabio le dijo:
“Así como no pudiste juntar de nuevo las plumas que volaron con el
viento, así mismo el mal que hiciste voló de boca en boca y el daño ya
está hecho. Lo único que puedes hacer es pedirle perdón a tu amigo, pues
no hay forma de revertir lo que ya hiciste. Simplemente piénsalo dos
veces la próxima vez que hagas comentarios sobre otra persona”.
ESA NO ES MI REALIDAD (Por Angeles Calatayud)
VIVIR O SOBREVIVIR (Por Herrero de La Aldea)
La mejor noticia que podemos recibir cada mañana es la de que aún
continuamos con vida; sin embargo, lo más probable es que esta mañana
usted haya abierto los ojos, se haya levantado apresuradamente y, aunque
suene ilógico, se haya percatado de todo, menos de que aún esta vivo.
¿Cuál es la diferencia entre vivir inconsciente de
que se disfruta de estar vivo, y vivir consciente de estar gozando del
privilegio de estar vivo? La diferencia estriba, indiscutiblemente, en
que sin estar consciente de estar vivo, no se valora la vida; en cambio,
estando consciente, se agradece, primero que nada, al Supremo la gracia
de estar vivo, y se valoran, por lo tanto, cada uno de los instantes en
que uno permanece con vida.
Asegurar, de acuerdo al adagio
popular, que "nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde", resulta
demasiado fatalista: hay personas que en este mundo sí saben lo que
tienen -la vida-, y disfrutan de ella compartiéndola con las de los
demás.
Sea usted una de estas personas. No caiga en el error
de no saber lo que tiene hasta que lo haya perdido; resístase a formar
parte de ese "nadie" que nunca supo que tenía vida y, por lo tanto,
nunca supo valorarla.
Piense cuál sería la reacción de una persona
que hubiera muerto y que de repente, milagrosamente, se le otorga vida
de nuevo. Usted no tuvo que morir ayer para estar vivo hoy; sin embargo,
ese regalo le fue otorgado nuevamente y no deja de ser el más
maravilloso que hay.
El tiempo pasa tan de prisa a nuestro
alrededor que tan sólo nos damos oportunidad de "sobrevivir", somos
esclavos de la rutina y pasamos cada uno de nuestros días sumergidos en
un mar de problemas y de situaciones triviales que pocos momentos libres
nos dejan.
He dedicado algunos instantes a recordar cuando
fue la última vez que estando en alguna reunión o simplemente platicando
con alguien haya escuchado algún comentario que dijera algo tan simple,
como, "ayer vi un hermoso atardecer", o bien, "vi a un grupo de aves
volar hacia el sur", y aún no puedo recordarlo.
Píenselo bien y estoy seguro que estará de acuerdo conmigo en que este tipo de comentarios ya no se escuchan fácilmente.
Alguno pensará en estos momentos que esos son comentarios
superficiales y de gente que no tiene nada sobre que hablar, que mucho
mejor seria discutir de temas de actualidad como son las crisis
económicas en el mundo o la falta de valores que vive la sociedad, si
bien es cierto que estos son temas de interés para todos ya que los
vivimos 24 horas al día, todos los días, también es cierto que en el
mundo existen muchas cosas más que vale la pena apreciar pero que por
decisión propia o de la misma sociedad nos hemos abstraído de ellas.
Vivimos en un mundo en el cual es mas importante saber a cuanto cerró
la bolsa hoy que como amaneció nuestra madre, o bien, enterarnos sobre
todos los detalles de los casos más resonantes a preguntar que tal
estará ese amigo que tengo tiempo sin ver.
Con esto quiero decir
que hemos puesto a las personas en un segundo plano, que nos hemos
vuelto frívolos y egoístas, que solo nos importa lo que esta en
"nuestro" mundo y cualquier situación, persona o cosa que no pertenezca a
él, no nos importa.
Nos hemos olvidado que somos las
personas las que movemos al mundo y no al revés, hemos olvidado el VIVIR
para pasar tan sólo a SOBREVIVIR en un mundo regido por el caos y la
complejidad.
Cuantificamos nuestro tiempo en dinero, no nos
importa pasar algunas horas extras en nuestro trabajo para ganar una
mejor posición en la empresa y sentir que así podemos ganar el mundo,
pero nunca nos percatamos que al hacer eso estamos perdiendo cosas tan
grandes como: la infancia de nuestros hijos, la oportunidad de disfrutar
a nuestros padres o de visitar algún amigo.
Lo mas irónico de esto
es que estas cosas que alimentan y engrandecen al ser humano son gratis
y tan sólo nos cuestan un poco de nuestro tiempo.
Al
escribir estas palabras me he dado cuenta que es más valioso para mi
pasar 30 minutos con mis hijos jugando fútbol, que pasar tres horas
intentando terminar ese proyecto que de cualquier forma veré mañana.
Me he dado cuenta de que me cuesta menos tomar el teléfono y hablarle a
mi madre para preguntarle sobre que tal amaneció hoy, a discutir
interminablemente con mis colegas sobre el futuro de la economía.
Me he dado cuenta de que es más importante para mi escuchar los sueños
de mis amigos, que ver las frivolidades que pasan por la televisión.
¡Me he dado cuenta de las cosas que me hacen sentir vivo!
Estoy convencido de que nacimos para VIVIR. Mira a tu alrededor y ante tanta grandeza, responde:
¿Piensas seguir SOBREVIVIENDO?
HE DESPERTADO (Por Leopoldo Jimenez)
LOS SABIOS NO ODIIAN (Por Emma Fernandez)
Diccionario de la Lengua Española – ODIO:
Antipatía y aversión hacia algo o hacia alguien cuyo mal se desea.
Wikipedia – ODIO:
El odio es un sentimiento de profunda antipatía, disgusto, aversión,
enemistad o repulsión hacia una persona, cosa, o fenómeno, así como el
deseo de evitar, limitar o destruir a su objetivo.
El odio se
describe con frecuencia como lo contrario del amor o la amistad. El odio
puede generar aversión, sentimientos de destrucción, destrucción del
equilibrio armónico y ocasionalmente autodestrucción, aunque la mayoría
de las personas puede odiar eventualmente a algo o alguien y no
necesariamente experimentar estos efectos.
El odio no es
justificable desde el punto de vista racional porque atenta contra la
posibilidad de diálogo y construcción común. Es posible que las personas
sientan cierta aversión sobre personas u organizaciones, incluso
ciertas tendencias ideológicas.
El odio es una intensa sensación de
desagrado. Se puede presentar en una amplia variedad de contextos, desde
el odio de los objetos inanimados o animales, al odio de uno mismo u
otras personas, grupos enteros de personas, la gente en general, la
existencia, la sociedad, o todo. Aunque no siempre, el odio a menudo se
asocia con sentimientos de enojo.
En mi opinión, el odio es un sentimiento absurdo y autoagresivo que produce al que odia peores efectos que al odiado.
En la mayoría de las ocasiones el que odia vive en un estado inquieto,
desagradable, de sufrimiento y tensión, mientras que el odiado ni
siquiera es consciente de que es odiado y, en la mayoría de los casos
vive tranquilamente y ni siquiera se preocupa por ello.
Odiar a
alguien –decía un sabio- es como tomarse un veneno con la intención de
que le haga efecto al otro: es uno mismo el perjudicado. Paradójico,
irrazonable, disparatado, incongruente, erróneo, contradictorio.
Odiar no resuelve nada. Más bien al contrario.
Es conveniente –por la propia paz personal- aprender a comprender al
otro, aceptar su humanidad -que le hace errar o tener malas
intenciones-, entender y admitir que lo que ha hecho puede ser parte de
su proceso de evolución y aprendizaje -aunque en esta ocasión nos haya
tocado hacer el papel de víctimas-, dar permiso a los otros para que se
equivoquen, y desdramatizar las cosas no tomándoselas como algo personal
aunque aparenten del todo ser “algo personal”.
“Desear el mal a
alguien”. Eso es odiar. Desde un punto de vista cristiano es reprobable
del todo y hasta está prohibido y penado. Desde el punto de vista de la
bondad humana tampoco está bien. Pero es una decisión personal qué hacer
con los sentimientos y cómo canalizarlos.
He pasado revista de
todas las personas con las que he tenido alguna relación a lo largo de
mi vida, que han sido muchísimas, y he podido comprobar –con alegría-
que nunca he odiado a nadie. Sí es cierto que he podido estar enfadado
con alguien o que hay personas que no me gustan e incluso que me han
hecho daño, pero no las odio.
¿Para qué?, ¿Qué adelanto con ello?, ¿Qué me aporta de bueno?, ¿Qué sentido tiene?
Supongo que es posible que me cuestionara esto de otro modo si hubiera
pasado por una experiencia traumática en mi vida (por ejemplo, una
violación o haber sido víctima de violencia continuada), pero a pesar de
pasar por alguna de esas experiencias, y desde mi estado actual de
conciencia, supongo que sabría comprender, entender que el otro –el
odiado- tal vez sea más otra víctima que un verdugo.
Sé, eso sí,
que acabaría llegando a la misma conclusión: que persistir en un estado
del que yo soy la principal víctima, y la más sufriente, es una decisión
inútil y perjudicial.
Volvería a preguntarme: ¿Para qué?, ¿Qué adelanto con ello?, ¿Qué me aporta de bueno?, ¿Qué sentido tiene?
Y si eres de los que odian a alguien, te sugiero que te hagas las mismas preguntas.
Te dejo con tus reflexiones…
“Oír o leer sin reflexionar es una tarea inútil”. (Confucio)
Francisco de Sales
CUENTOS PARA DESPERTAR (Por Natalia Ignaccolo)
Había una vez un anciano que pasaba los días sentado junto a un pozo a la entrada de un pueblo.
Un día, un joven se le acercó y le preguntó:
-Yo nunca he venido por estos lugares. ¿Cómo son los habitantes de esta ciudad?
El anciano le respondió con otra pregunta:
-Cómo eran los habitantes de la ciudad de la que vienes?
El joven respondió:
-Egoístas y malvados, por eso me he sentido contento de haber salido de allí.
– Pues los habitantes de esta ciudad también son así, egoístas y malvados, le respondió el anciano.
Un poco después, otro joven se acercó al anciano y le hizo la misma pregunta:
-Voy llegando a este lugar. ¿Cómo son los habitantes de esta ciudad?
El anciano de nuevo le contestó con la misma pregunta:
-¿Cómo eran los habitantes de la ciudad de donde vienes?
-Eran buenos, generosos, hospitalarios y trabajadores. Tenía tantos amigos que me ha costado mucho separarme de ellos.
-También los habitantes de esta ciudad son así – respondió el anciano.
Un hombre que había llevado sus animales a tomar agua al pozo y que
había escuchado la conversación, en cuanto el joven se alejó, le dijo al
anciano:
-¿Cómo puedes dar dos respuestas completamente diferentes a la misma pregunta hecha por dos personas?
-Mira – le respondió – Cada uno lleva el universo en su corazón.
Quien no ha encontrado nada bueno en su pasado, tampoco lo hallará aquí.
En cambio, aquel que tenía amigos en su ciudad, encontrará también aquí
amigos leales y fieles. Porque las personas son lo que encuentran en sí
mismas; encuentran siempre lo que esperan encontrar.
LA MEJOR ENSEÑANZA (Por Jorge Bucay)
La mejor enseñanza que podemos dejarles a nuestros hijos, es como salir adelante sin su ayuda - un cuento de Jorge Bucay
Mi mamá era hija de una pareja de campesinos de Entre Ríos.
Nació y creció en el campo entre animales, pájaros y flores. Ella nos
contó que una mañana, mientras paseaba por el bosque recogiendo ramas
caídas para encender el fuego del horno vio un capullo de gusano
colgando de un tallo quebrado.
Pensó que sería más seguro para la
pobre larva llevarla a la casa y adoptarla a su cuidado. Al llegar, la
puso bajo una lámpara para que diera calor y la arrimó a una ventana
para que el aire no le faltara.
Durante las siguientes horas mi
madre permaneció al lado de su protegida esperando el gran momento.
Después de una larga espera, que no terminó hasta la mañana siguiente,
la jovencita vio cómo el capullo se rasgaba y una patita pequeña y
velluda asomaba desde dentro.
Todo era mágico y mi mamá nos contaba que tenía la sensación de estar presenciando un milagro.
Pero, de repente, el milagro pareció volverse tragedia.
La pequeña mariposa parecía no tener fuerza suficiente para romper el
tejido de su cápsula. Por más que hacia fuerza no conseguía salir por la
pequeña perforación de su casita efímera.
Mi madre no podía
quedarse sin hacer nada. Corrió hasta el cuarto de las herramientas y
regresó con un par de pinzas delicadas y una tijera larga, fina y
afilada que mi abuela usaba en el bordado.
Con mucho cuidado de
no tocar al insecto, fue cortando una ventana en el capullo para
permitir que la mariposa saliera de su encierro. Después de unos minutos
de angustia, la pobre mariposa consiguió dejar atrás su cárcel y caminó
a los tumbos hacia la luz de la ventana.
Cuenta mi madre que, llena de emoción, abrió la ventana para despedir a la recién llegada, en su vuelo inaugural.
Sin embargo, la mariposa no salió volando, ni siquiera cuando la punta de las pinzas la rozó suavemente.
Pensó que estaba asustada por su presencia y la dejó junto a la ventana abierta, segura de que no la encontraría al regresar.
Después de jugar toda la tarde, mi madre volvió a su cuarto y encontró
junto a la ventana a su mariposa inmóvil, las alitas pegadas al cuerpo,
las patitas tiesas hacia el techo.
Mi mamá siempre nos contaba
con qué angustia fue a llevar el insecto a su padre, a contarle todo lo
sucedido y a preguntarle qué más debía haber hecho para ayudarla mejor.
Mi abuelo, que parece que era uno de esos sabios casi analfabetos que
andan por el mundo, le acarició la cabeza y le dijo que no había nada
más que debiera haber hecho, que en realidad la buena ayuda hubiera sido
hacer menos y no más.
Las mariposas necesitan de ese terrible
esfuerzo que les significa romper su prisión para poder vivir, porque
durante esos instantes, explicó mi abuelo, el corazón late con muchísima
fuerza y la presión que se genera en su primitivo árbol circulatorio
inyecta la sangre en las alas, que así se expanden y la capacitan para
volar. La mariposa que fue ayudada a salir de su caparazón nunca pudo
expandir sus alas, porque mi mamá no la había dejado luchar por su vida.
Mi mamá siempre nos decía que muchas veces le hubiese gustado
aliviarnos el camino, pero recordaba a su mariposa y prefería dejarnos
inyectar nuestras alas con la fuerza de nuestro propio corazón.