Si miras con amor a la vida,
la vida te mirará con amor de vuelta.
No porque todo sea justo,
ni porque nada duela,
sino porque tu forma de mirar
transforma lo que tocas.
La vida no siempre responde
como esperamos.
A veces hiere,
a veces cansa,
a veces parece indiferente.
Pero incluso en esos días,
la manera en que eliges mirarla marca la diferencia.
Mirar con amor no es negar el dolor.
Es atravesarlo sin endurecer el corazón.
Es no permitir que las heridas
te vuelvan:
Alguien frío
Alguien cerrado
Alguien distante de sí mismo.
Cuando miras la vida con amor, aprendes a agradecer lo pequeño.
Un gesto simple.
Una palabra a tiempo.
Un momento de calma
en medio del ruido.
Empiezas a notar que no todo está perdido, que aún hay luz
entre las grietas y que la esperanza no hace ruido,
pero sostiene.
La vida devuelve amor de formas silenciosas.
En personas que llegan
cuando más lo necesitas.
En despedidas que duelen
pero liberan.
En aprendizajes que al principio no entiendes, pero después agradeces.
Mirar con amor es confiar,
aun cuando el camino se vuelve incierto.
Es seguir siendo amable
en un mundo que a veces
olvida cómo serlo.
Porque al final, la vida no responde a lo que exiges,
sino a lo que ofreces.
Y cuando eliges mirarla con amor, aunque no siempre lo notes de inmediato, la vida de alguna manera termina mirándote con amor de vuelta.
Abrazos de luz y bendiciones infinitas
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