En
este escrito nos explican los espíritus evolucionados, el porque de las
muertes prematuras, en niños y jóvenes y el porque de las vicisitudes
de la vida.
Las
vicisitudes de la vida son de dos clases, o si se quiere, tienen dos
origenes muy diferentes que conviene distinguir: las unas tienen la
causa en la vida presente, y las otras fuera de esta vida, (en vidas
pasadas).
No
debe creerse que todo sufrimiento en la tierra sea necesariamente
indicio de una falta determinada; a menudo son simples pruebas elegidas
por el espíritu para acabar su purificación y activar su adelantamiento.
Así
es que la expiación sirve siempre de pruebas, pero la prueba no es
siempre una expiación; pruebas o expiaciones son siempre señales de una
inferioridad relativa, porque el que es perfecto no tiene necesidad de
ser probado. Un espíritu puede, pues, haber adquirido cierto grado de
elevación, pero queriendo aún adelantar más, solicita una misión, una
tarea que cumplir, por lo que será tanto más recompensado si sale
victorioso, cuanto más penosa haya sido la lucha.
Tales
son, especialmente, esas personas de instintos naturalmente buenos, de
alma elevada, de nobles sentimientos innatos, que parece que nada
trajeron de malo de su existencia precedente, y que sufren con una
resignación muy cristiana los más grandes dolores, pidiendo a Dios
sobrellevarlos sin murmurar. Por el contrario, se pueden considerar como
expiaciones las aflicciones que excitan la murmuración y conducen al
hombre a rebelarse contra Dios.
El
sufrimiento que no excita murmuraciones, sin duda puede ser una
expiación; pero más bien indica que ha sido escogido voluntariamente y
no impuesto, y la prueba de una fuerte resolución es señal de progreso.
Pérdida de las personas queridas. - Muertes prematuras.
Cuando
la muerte viene a segar en vuestras familias llevándose sin
contemplación a los jóvenes antes que a los viejos, decís muchas veces:
"Dios no es justo, puesto que sacrifica al fuerte y lleno de esperanza,
para conservar a los que han vivido muchos años llenos de desengaños;
puesto que se lleva a los que son útiles y deja a los que no sirven para
nada; puesto que destroza el corazón de una madre, privándole de la
inocente criatura que constituye toda su alegría". Humanos, en este caso
es cuando debéis elevaros por encima de las pequeñeces de la vida
terrestre para comprender que el bien está muchas veces en donde
vosotros creéis ver la ciega fatalidad del destino. ¿Por qué medís la
justicia divina por el valor de la vuestra? ¿Podéis pensar que Dios
quiera por un simple capricho, imponeros penas crueles? Nada se hace sin
un fin inteligible, y cualquier cosa que suceda, todas tienen su razón
de ser.
Si
muere un hombre de bien que tiene por vecino a un perverso, os
apresuráis a decir: "Mucho mejor hubiera sido que se hubiese muerto
éste". Os engañáis mucho, porque el que se va, concluyó su tarea, y el
que queda, puede muy bien ser que aun no la haya empezado.
¿Por
qué quisiérais, pues, que el malo no tuviese tiempo de acabarla, y que
el otro quedase estacionado en la tierra? ¿Qué diríais del preso que
hubiese concluído su condena y se le retuviera en la cárcel mientras se
diese libertad al que no la hubiere concluído? Sabed, pues, que la
verdadera libertad consiste en desprenderse de los lazos del cuerpo, y
que tanto tiempo como estéis en la tierra estáis en el cautiverio.
Acostumbráos
a no vituperar lo que vosotros no podéis comprender, y creed que Dios
es justo en todas las cosas; muchas veces lo que os parece un mal, es un
bien; pero vuestras facultades son tan limitadas, que el conjunto de lo
grande se substrae a vuestros sentidos obtusos.
Esforzáos
en salir con el pensamiento de vuestra estrecha esfera, y a medida que
os elevéis, la importancia de la vida material disminuirá a vuestros
ojos, porque sólo os parecerá un incidente de la duración infinita de
vuestra existencia espiritual, la sola verdadera existencia.
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