Si alguna vez tienes que irte… que tu salida hable bien de ti.
No todo final necesita gritos, reproches o palabras que sigan hiriendo cuando ya no estás.
Hay despedidas que se hacen en voz baja, con respeto y con la gratitud de lo que fue, aunque no haya sabido durar.
Irse con elegancia no significa que no dolió.
Significa que eliges no convertir el dolor en daño.
Que decides no ensuciar la historia solo porque no tuvo el final que esperabas.
No todo adiós necesita culpables, y no todo fracaso merece guerra.
No hables mal de quien un día fue refugio.
No destruyas por orgullo lo que ya se rompió solo.
La verdadera madurez se nota cuando puedes cerrar la puerta con cuidado, incluso si por dentro estás temblando.
A veces marcharse bien es el último acto de amor… o al menos de humanidad.
Porque la forma en que te vas dice más de ti que las razones por las que te fuiste.
Y quien sabe irse con dignidad demuestra que, aunque el amor no haya permanecido, el respeto sí aprendió a quedarse. 
єναѕтуℓєχ
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