Todos llevamos una herida en el alma.
La herida de todo lo que pudimos hacer y no hicimos.
De todo lo que pudimos decir y no dijimos.
De todo lo que pudimos ser y no fuimos.
Es una herida que se arrastra vida tras vida. Nos hace presa de enojos, frustraciones, tristezas y desesperanza. De allí se enganchan todos los miedos. Por eso soltar no es una idea superficial sino una necesidad suprema.
El cielo escribe lo que nos toca vivir. Nosotros luego hacemos lo que podemos. Decidimos siempre nosotros aunque no parezca pero es así
.
En cada si, en cada no y en cada silencio. A veces nos atrevemos otras nos parte el miedo. Sea como sea lo que nos toca vivir esa herida del alma queda presa en el cuerpo. Y entonces yo me pido perdón. Tal vez para sanar, tal vez para soltar, tal vez para fluir pero no la niego ni se la cargo al de al lado. Le hago un altar y le agradezco que este allí, porque significa que al menos el intento sigue intacto. Y ese intento es amor que aun no pude parir.
A l e j a n d r aB a l d r i c h
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