En mi opinión,
la mente, que debería ser nuestra aliada siempre, en algunas ocasiones
se convierte en nuestra más encarnizada y puñetera enemiga.
La
mente es un instrumento a nuestro servicio. Está ahí para que la
utilicemos bajo nuestro gobierno, para que le saquemos el partido que
nos puede aportar pero, en cambio, parece más bien que ella es “cada uno
de nosotros” –como que la mente es “Yo” y es quien manda- y parece como
si nosotros estuviésemos condenados a padecer sus desbarajustes y
caprichos.
Con eso de que se conoce bastante el funcionamiento de
la mente, pero no del todo, yo veo que queda un espacio en el que
suponer que lo que vas a leer es posible que funcione así. Esta
suposición se ha generado a raíz de escuchar a muchísimas personas las
jugarretas que les hace su mente.
Se trata de lo siguiente…
Creo que conviene que no les prestes una atención reiterativa a los
pensamientos desagradables, porque si los traes a menudo a tu mente –o
si permites que se queden durante mucho tiempo- la mente va a creer que
se debe a que son importantes para ti, y se encargará de seguir
presentándotelos a menudo.
La sugerencia en estos casos es que,
cuando aparezcan, no les prestes atención y te obligues a centrarte en
otra cosa distinta que requiera toda tu atención, de modo que la mente
esté tan absorta en tu propuesta voluntaria de ocupación que no le quede
tiempo ni atención para sus pensamientos negativos reiterativos
obsesivos.
Por ejemplo, te puedes obligar a contar desde 1000
hasta 1, hacia atrás, en inglés y sólo los números impares. También te
puede servir poner una música que te absorba de tal modo que toda tu
atención esté en escucharla y cantarla, incluso mejor si hasta la
bailas. O si pones pensamientos agradables –seleccionados por ti
conscientemente- donde sólo había pensamientos dramáticos y
desagradables. Cualquiera de estas sugerencias, si las haces bien,
funcionan. También puedes usar cualquier truco tuyo que te sirva para
centrarte en algo que te permita olvidarte del resto.
Lo
recomendable ante estos pensamientos es no hacerles caso. No entablar
una conversación con ellos –porque ese puede ser también parte de su
objetivo-, así que conviene no decir ni sí ni no, ni vete pensamiento,
ni ya lo veré en otro momento. Cualquier cosa que se le diga al
pensamiento lo va a utilizar para engancharnos. Lo mejor es obligarse a
centrarse en otra cosa.
A algunas personas les funciona dirigirse
a esos pensamientos inquietantes desde el corazón y, con amabilidad y
una sonrisa, pedirles amablemente que les dejen diciéndoles que ya no
son útiles. “Ese asunto no me interesa, ya no quiero seguir dándole
vueltas”.
Si no se les presta atención, si uno no es reiterativo e
insistente con ellos, irán pasando a segundo término como hacen las
cosas que realmente no nos importan.
Mientras más se centre uno en ellos, más los está engordando y les está invitando a que se queden y no se vayan.
La frase interesante dice: “NOS RESULTARÍA MUCHO MÁS SENCILLO OLVIDAR
LAS COSAS DESAGRADABLES SI NO INSISTIÉSEMOS TANTO EN RECORDARLAS”.
Comprender en la mente y en el corazón y en el alma esta frase sería definitivo para acabar con esos pensamientos gravosos.
Hay cosas que les han de pertenecer ya al pasado y hay que dejarlas en
ese sitio que es el que les corresponde, y no pretender mantenerlas
vivas para que nos recuerden nuestros errores o el dolor que nos han
aportado.
Darse permiso para olvidar en una demostración de Amor Propio.
De las experiencias desagradables conviene extraer la enseñanza que nos
pueden aportar… y dejarlas inmediatamente desvanecerse, deshacerse de
ellas, borrarlas, olvidarlas.
Con las cosas que nos pre-ocupan
conviene no entretenerse excesivamente y sólo dedicarles un tipo de
atención consciente y de calidad, donde uno controle la mente y la
utilice con ecuanimidad, y donde “preocupar” se sustituya por “prever”;
conviene verlas desde la objetividad y no desde la tensión nerviosa, no
desde la ansiedad y la perturbación sino desde el equilibrio y la
imparcialidad que aporta el poder ver las cosas sin sentirse implicado
en ellas.
Este es un ejercicio que requiere su tiempo, que se va
mejorando a medida que se va ensayando más y más, y que funciona siempre
y cuando uno tenga claro lo escrito: que la mente es un instrumento a
nuestro servicio. Que uno manda en su mente. Y que uno ha de revisar los
pensamientos que presenta la mente, porque son los pensamientos de la
mente y no siempre coinciden con nuestros pensamientos propios.
Te dejo con tus reflexiones…
Francisco de Sales
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