Hoy el planeta nos habla. Nos pide que volvamos a las cosas simples: estar en casa, compartir en el seno familiar o quizás estar sola. Hoy el planeta necesita respirar, llegó a sentirse en colapso y gritó a los cuatro vientos: -¡no puedo más! ¡Sí, no puedo más! Hagamos un alto, ya ha sido suficiente. - Esta historia se parece mucho a la mía y quizás a la tuya. Así probablemente nos hemos sentido muchas veces: colapsando, con intranquilidad, con la necesidad de tomarnos un respiro y con la necesidad de vivir en paz.
Hoy, aprendamos de nuestra Madre Tierra, volvamos a nuestra esencia, a nuestro ser. Aprovechemos el momento para nosotros también respirar, para pensar, para sentir y para sanar. ¿Cuántas veces hemos deseado que el tiempo se detenga? No salir de casa, tener tiempo para nosotras mismas o para nuestros hijos, nuestra pareja, nuestros padres y madres, nuestros amistades, hermanos y hermanas; o tan sólo para estar en soledad. Hoy tenemos esa oportunidad, tenemos la oportunidad de ver el mundo desde nuestra ventana y no desde afuera. No estamos en una crisis, estamos en un momento oportuno.
Es la oportunidad de no correr más en las mañanas, de tomarnos el cafecito con tranquilidad, de seguir produciendo pero con menos ruido, con menos hablar, con más silencio y más yo conmigo misma.
Es la oportunidad de escuchar más el silencio, apreciar más el aire que respiramos, apreciar más los rayos del sol o el sonido de la lluvia, de tener un tiempito para cantar, dibujar, leer… de volver a crecer.
Hoy es el momento de entender que este estado que me obliga a volver a mí, también me obliga a practicar la solidaridad. Que me enseña que si pienso en mi bienestar primero mágicamente estoy proyectando y entregando mi bienestar a muchas personas, que probablemente lo necesiten más que yo.
Hoy demos gracias, gracias, gracias y mil gracias, porque nunca habíamos tenido tanta oportunidad en nuestra breve historia de vida. Nunca tantas personas en el mundo pueden sentir el valor de la soledad y el valor de la compañía, el valor del silencio y el valor del ruido, el valor del aire, la salud y el bienestar.
Hoy nos damos cuenta que la mayor cura está en nosotros mismos, que no hay hospitales, medicamentos, ni médicos que nos hagan sentir mejor que nuestra propia voluntad de volver a nuestra esencia, en el seno de nuestro hogar o de nuestro propio ser.
¡Qué oportunidad tan maravillosa que nos ha dado Dios de reinvindicarnos como seres de luz! ¡Qué oportunidad tan grande nos ha dado Dios para apreciar las cosas simples de la vida!, ¡Qué oportunidad tan infinita nos ha dado Dios de solidarizarnos con quien más nos necesita!
¿Tiempo de crisis? ¡No! Tiempo de amor y de paz interior. El miedo hoy se convierte en el milagro de amor más grande que nuestras generaciones han podido presenciar.
No dejemos que esta oportunidad nos haya sido dada en vano.
Gracias, gracias, gracias por este momento y esta oportunidad de volver a ser yo y poderlo compartir contigo.
Buenas tardes GUERRER@S GRACIAS POR EXISTIR NAMASTE.
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