En mi opinión, demasiadas personas y en demasiadas ocasiones encargan
el asunto de su felicidad a cosas o personas ajenas a sí mismas.
He leído una frase de James T. Mangan que me ha hecho pensar en escribir
lo que sigue a continuación. La frase dice: “Yo soy el CÓMO de CÓMO
alcanzar la felicidad en esta tierra”.
Quienes hayan captado ya todo lo que encierra la frase no necesitan seguir leyendo: Ya saben lo principal o ya lo saben todo.
CÓMO se alcanza la felicidad en esta tierra es a través de uno mismo y
por medio del Uno Mismo. Así de rotundo y tajante. Así de cierto. Y no
hace falta darle más vueltas.
Uno no es feliz porque otro sea
feliz, ni siquiera aunque ese otro sea su persona más querida; si acaso,
se alegra de que el otro sea feliz, o se siente satisfecho, pero la
felicidad no es compartible ni es contagiosa.
La felicidad se vive en carne propia.
Sólo cuando uno se alía consigo mismo es feliz. Cuando uno deja de
ponerse trabas y zancadillas. Cuando deja de ser excesivamente
auto-exigente y excesivamente auto-crítico.
Sólo cuando se da
permiso para serlo, porque muchas personas llevan dentro de sí un
impedimento que no les permite ser felices. Algunas personas creen que
no tienen derecho a la felicidad y, ciertamente, no tienen felicidad
aunque sí tienen derecho.
Sólo cuando uno se da permiso es feliz,
porque no se puede ser feliz sin quererlo, oponiéndose, plantándose una
cara mustia, avinagrada, boicoteándose todas las posibilidades.
Sólo cuando uno colabora con lo sencillo, no poniendo demasiadas trabas
para que la felicidad pueda manifestarse. Ser feliz es, también, una
actitud. Y se requiere vocación. Todos hemos visto niños que no tienen
juguetes y ni siquiera la comida del día garantizada pero a pesar de
ello son felices. Todos hemos visto gente que vive en chabolas
miserables, o en inframundos, pero que no les falta una sonrisa y no les
abandonan ni la esperanza ni la ilusión.
Sólo es feliz quien
rebaja las expectativas, quien no exagera las pretensiones y quien no
pone excesivas condiciones para ser feliz. Sólo quien se conforma con
menos de lo imposible y tiene unas pretensiones muy realistas que huyen
de la utopía. Si no se ponen condiciones materiales para alcanzar la
felicidad, mejor: más posibilidades hay. Si uno recuerda momentos de
felicidad de su vida posiblemente sean en sitios o asuntos que no tengan
que ver con lo material.
Es recomendable no confundir alegría,
o satisfacción, o placer, o risas, o euforia, con felicidad. Pueden
coincidir en alguna ocasión, pero también pueden caminar y manifestarse
por separado. Uno puede estar alegre, como un estado puntual, pero no
ser feliz. Y uno puede ser inmensamente feliz sin necesidad de tener que
manifestar alegría.
La felicidad es global, aunque haya aspectos
de la vida que no sean óptimos e incluso sean adversos. La alegría, la
satisfacción, las risas, son extrovertidas, visibles, claramente
notables, y es excelente que uno pueda disfrutarlas y que no falten
nunca, pero solamente son un preámbulo o un destello de lo que es la
verdadera felicidad, que puede ser mucho más discreta, más íntima, casi
introvertida, pero que se siente, sin palabras y sin alharacas, en lo
más profundo y que se manifiesta, la mayoría de las veces con una
invisible sonrisa que procede de la sensación, inexplicable e innegable,
de haber alcanzado un estado de aceptación integral de la persona que
es cada uno y la situación o circunstancias que vive en ese momento.
Uno es el CÓMO. Uno decide si quiere colaborar en crear su propia
felicidad o si quiere pasarse al enemigo, al que pone obstáculos y
zancadillas, al traidor mal encarado que priva de la posibilidad de ser,
en cualquiera de sus medidas, feliz.
No hay que olvidarlo: la
felicidad depende de Uno Mismo. No depende de las cosas que le pasen a
uno sino de lo que uno haga con esas cosas que le pasan. No se debería
condicionar la felicidad a que se cumplan todos los sueños, a que la
situación económica o amorosa sea óptima, a que los hijos o los padres
estén bien, ni a ninguna de las muchas circunstancias –ni las agradables
ni las desagradables- que componen nuestra vida.
La felicidad se
basa en la aceptación de lo que uno es en este momento, en la
comprensión de la parte humana que le compone –con todo lo que ello
implica-, en entender que nada ajeno ha de influir en ella –ni para bien
ni para mal-, y en que la felicidad es un asunto de uno para con uno
mismo.
Quien comprenda y practique esto ya tiene el 90% de la
felicidad asegurada. El resto, hasta el 100%, ya depende de lo que uno
vaya añadiendo con momentos que le pueden acercar al estado de
felicidad: el sexo, la música, un paseo, un libro, una conversación
amable, un abrazo, una buena relación sentimental, un amigo… en todo
ello, si sabe mirar, encontrará motivos para afianzar su felicidad.
No es tan inalcanzable, es cuestión de poner las expectativas en un lugar accesible.
Te dejo con tus reflexiones…
domingo, 21 de noviembre de 2021
CÓMO SE ALCANZA LA FELICIDAD EN LA VIDA (Por Emma Fernandez)
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