miércoles, 31 de mayo de 2017

LA ALEGRÍA Y LA TRISTEZA-4 (Por José Miranda-1)



La alegría es la ausencia de miedos, inseguridades, desconfianzas, rencores, envidias, etc. Si la envidia nos corroe, no podemos estar alegres, si el miedo nos invade por alguna causa, tampoco, y así sucesivamente ocurre con todas las imperfecciones humanas.
La alegría auténtica y la felicidad son primas hermanas, la felicidad la describía un escritor como, “un estado de paz y de dicha interna que proporciona a su poseedor un gozo inefable e indescriptible”, y la alegría auténtica es la consecuencia de esa paz y dicha interna manifiesta a través de los estados anímicos.
A la persona de carácter alegre no quiere decir que no le sucedan eventos y circunstancias de naturaleza dolorosa y desagradable, lo que pasa es que su estado de comprensión y aceptación de todo acontecer, suaviza o anula los efectos angustiosos o depresivos, y la ausencia de estos efectos ayudan a mantener el equilibrio, y desde el equilibrio hay mas posibilidades de elegir la mejor solución de cualquier problema.
La paz interior es imprescindible para que pueda manifestarse la alegría auténtica, y para que la paz sea con nosotros, tenemos que estar de acuerdo y en armonía con nuestra conciencia, si nuestra conciencia nos acusa o reprocha algunas de nuestras actuaciones, la paz se hace imposible, y sin paz no hay alegría auténtica.
Y ahora voy a explicar algo que suena a cuentos de hadas, pero yo creo en ese algo porque le encuentro fundamento, se trata de que cada vez que venimos a este mundo físico el Amor Divino no nos deja solos ante una existencia con muchos proyectos y compromisos que cumplir, y dificultades que superar, a cada SER cuando encarna se le asigna otro Ser mas evolucionado y con los conocimientos necesarios para poder servirle de guía y apoyo en la realización de su programa, (o cumplimiento del destino) todos hemos oído hablar en alguna ocasión de Ángel de la Guarda, el Espíritu Guía, el Protector, etc., muchos escritores en sus libros hacen referencia, incluso con detalles, de ésta realidad, y yo como dije antes lo encuentro justo y necesario para no perderse por los laberintos y senderos de la Vida.
Vamos a llamarle el Guía para simplificar, pues bien, la misión de nuestro Guía es la de apoyarnos en los momentos de confusión, debilidad, desorientación, duda, etc., pero ese apoyo o ayuda nos la prestará sin interferir en nuestro libre albedrío, nos puede dar ideas, producir sentimientos de confirmación o de disconformidad, a veces cuando nos equivocamos de dirección y caminamos en sentido opuesto a nuestro destino o programa de realización, El intenta por todos los medios de comunicarnos de alguna forma nuestro error, a través de sentimientos, pensamientos, ideas y sobre todo convirtiéndose en la voz de nuestra conciencia, y cuando ve que no le prestamos atención y continuamos en la dirección equivocada, siente que fracasa su misión como guía, y el compromiso de ayuda y orientación al que se comprometió queda sin cumplir, y como es lógico se siente triste no solo por no poder ayudarle, sino porque en la mayoría de los casos se trata de un Ser cercano a su familia y le une a su protegido sentimientos de cariño y amor fraterno.
Los estados anímicos de nuestro guía, dependiendo de nuestra sensibilidad, condición moral y espiritual, etc., nos afectarán en mayor o menor grado, de modo que cuando nuestro Guía, Ángel de la Guarda, o como le queramos llamar se encuentre triste, lo mas normal es que nosotros sintamos desde nuestro interior sentimientos de tristeza y sin saber el porqué,
De todo lo expuesto en relación a nuestro Guía, deducimos que para poder disfrutar de la alegría autentica es condición casi indispensable que nuestro caminar por la vida esté dentro de los senderos del bien, y que conduzca a la meta final de nuestro destino, cuando es así todos los Seres encargados de nuestra custodia y apoyo se sienten felices y en armonía con nosotros, dando lugar al milagro de “estoy contento y no se ni porqué”.    
La alegría auténtica es un estado natural de una persona como consecuencia de una conquista de virtudes, capacidades y un gran conocimiento de la vida y sus procesos, y se manifiesta casi de continuo sin que para ello sea necesario ningún tipo de condición o circunstancia especial.
La alegría condicionada es fugaz y circunstancial y su manifestación es consecuencia de aquellos eventos o circunstancias que nos producen satisfacción, placeres, euforia, etc., tiene espacio y lugar en todo tipo de personas sea cual sea su nivel de progreso, evolución, nivel moral y cultural etc., hasta la persona mas depresiva tiene algunos momentos de gozo y satisfacción y ello le permite sentirse contento y alegre aunque solo sea por momentos.
De lo expuesto se deduce que la alegría condicionada y el contento, viene a ser la misma cosa, ambos estados son consecuencia de una circunstancia o evento específico.
Yo tengo un conocido que afirmaba que el “tintorro” era una fuente de alegría, ahora esta muy enfermo del hígado y ha cambiado de opinión, dice que es una alegría fraudulenta con paquete sorpresa, y que después del “gustirrinin” que produce el degustarlo y agarrar la famosa “moña”, es inevitable el padecimiento que produce la “resaca”, o proceso que el cuerpo emplea para eliminar el exceso de alcohol y restablecer el equilibrio.
Y lo peor viene cuando ambos procesos (el “moñero” y el “resaquero”) se producen de forma continuada, y durante largo tiempo, entonces los órganos necesarios para el mantenimiento de la salud, se dañan, y a partir de ahí empieza un padecimiento  continuo y en ocasiones irreversible, es decir de por vida, y como es lógico cualquier tipo de padecimiento ahuyenta la alegría.
Los grandes, medianos y pequeños placeres que la vida ofrece, cuando existen es para uso y disfrute de los mismos, pero como ocurre con el resto de las cosas, en sus dosis adecuadas, dentro de sus márgenes y en su tiempo y fecha, y entre la gran variedad de los mismos, hay muchos de ellos a los que no podemos optar por variados motivos, pues las limitaciones, ya sean económicas, físicas, psíquicas, intelectuales, etc, sitúan fuera de nuestro alcance a muchas formas de los mismos.
Los placeres son para la vida como los aderezos que le dan un toque de sabrosura, pero dentro del amplio repertorio de los mismos, los hay compatibles con la alegría y felicidad e incompatibles.
Si yo tengo mal configurada mi escala de valores y prioridades, un buen número de mis actuaciones estarán fuera de tiempo y lugar, y me producirán inestabilidades, desequilibrios y perturbaciones que harán imposible el poder estar alegre.
Los vicios cuando los practicamos es porque nos aportan algún tipo de placer o satisfacción, pero para viciarse respecto a algo, hay que exceder las dosis adecuadas, o bien crear hábitos y necesidades, que aunque en un principio nuestra naturaleza las rechace, después de repetidas practicas crea una necesidad psíquica y física que al satisfacerla produce efectos placenteros, pero si no la satisfacemos nos produce ansiedad, nerviosismo, alteración de la conducta y un gran y amplio repertorio de males y enfermedades que ahuyentan de nuestro lado cualquier tipo de alegría.
Cuando consumimos alcohol o drogas para sentirnos contentos, es comparable a cuando pedimos un préstamo sin necesidad, antes de pedir el préstamo vivíamos al nivel que nos permitían nuestras posibilidades y conquistas, lo mucho o poco que teníamos era nuestro y con ello contábamos cada día, como no nos conformábamos pedimos un crédito, y durante el tiempo que nos duró, vivimos por encima de nuestras posibilidades, pero cuando se acabó, de lo del diario que teníamos en un principio, hay que descontar lo que tenemos que devolver del crédito, y como consecuencia viviremos durante un tiempo peor de lo que vivíamos en principio, este descenso de nivel si se hubiera producido antes de pedir el crédito, nos sería mas llevadero, pero después de vivir durante un tiempo a mas alto nivel, el descenso en picado por debajo de lo que en principio estábamos, no se lleva bien, y como consecuencia, nuestra alegría y nuestro contento tendrá que esperar a que nos acostumbremos de nuevo al nivel actual, y si hemos aprendido la lección, disfrutaremos de lo conquistado y si hay algo que nos fascina, primero lo conquistaremos y después lo disfrutaremos.
Siempre que se nos brinde la oportunidad de disfrutar de algún tipo de placer, lo primero es conocer las contraindicaciones, los efectos secundarios y el precio, a lo largo y ancho de la historia, existen innumerables relatos de condenas y largos periodos de esclavitud, por el disfrute de placeres fugaces, que de haber conocido el precio a pagar se hubieran rechazado.
Dentro de la alegría hay niveles y calidades, y según los mismos se expresa de una forma diferente, hay quien ve tropezar y caer a alguien, y se parte de risa, cuando alguien tropieza y se cae, lo mas normal es que se haya hecho daño, y si alguien se ríe y alegra de que ocurra, dicha alegría es mas bien cutre, y demuestra baja condición moral y espiritual.
La persona de elevada moral y espiritualidad, siente el dolor y padecimiento ajeno tanto o más que el propio, y cuando alguien padece o se hace daño lo que menos le da es la risa.
Para estar alegre, no necesariamente hay que estar riendo, cantando o saltando, la alegría auténtica, a veces es silenciosa, tranquila, apacible, discreta, etc., y en muchos casos suele pasar desapercibida, pero su poseedor tiene paz en su alma y amor en su corazón entre muchas otras virtudes y capacidades, y cuando mira, acaricia, cuando piensa, bendice, y de su corazón se desprende Amor hacia todo lo que es ha sido y será de una forma sencilla y natural.
El repertorio de todo lo que puede contribuir a favor o en contra de la alegría y la tristeza, es interminable, y por tanto no lo podemos incluir todo en este escrito, de modo que para no hacerlo excesivamente largo lo vamos a dar por terminado, afirmando de nuevo que todo lo que aquí se expresa, solo es la opinión de una persona que intenta ser lo mas feliz y alegre posible, porque está seguro de que ambas realidades harán que la vida sea mucho mas sabrosa y objetiva.       
             


Firma Pepe el Terrícola.

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