Hola gentes, ¿Que tal lo lleváis? Me gustaría pensar que habéis contestado que va todo bien, pero como ya llevo siete décadas y algo mas por estos mundos, el poder de la observación sumado al conocimiento adquirido de lo que significa la VIDA y sus infinitos procesos, me dice que todo no puede ir bien, el día en que todo valla perfecto ya no necesitamos de estar por estos mundos y otros parecidos, ya habremos acabado el periodo de formación espiritual que se cursa en los mundos físicos, y por supuesto que seguiremos formándonos en áreas mas elevadas en los mundos y dimensiones apropiadas para ello.
Hoy me voy a referir a lo que solemos conceptuar como pasión de madre o de padre, que el que la padece esta en la creencia que es un buen amante de sus hijos, y en algunas de las ocasiones resulta ser amor hacia sí mismo por reflejo o rebote de sus propios hijos.
Voy a poner un ejemplo para facilitar la comprensión de lo que intento explicar.
Cuando mandan un satélite o nave espacial a órbita, para el despegue del suelo y elevarlo hasta fuera de la atmósfera, se necesita de una gran fuerza de propulsión que se la proporcionan unos reactores adicionales al satélite o nave, cunado ya han salido de la atmósfera los reactores se desprenden del satélite o nave para no ser una pesada carga que dificultaría su capacidad de maniobra y el poder llevar a cabo su misión con facilidad.
En nuestra función de padres ocurre algo similar, somos como la fuerza de propulsión y guía que conduce a nuestros hijos desde el nacimiento hasta que llegan a una edad adulta y madurez, y después hemos de apartarnos para que sean ellos por sí mismos los que elijan en total libertad el rumbo de sus vidas, porque ellos pertenecen a otra generación y posiblemente su misión y programa de Vida o destino sea muy diferente al nuestro, con lo cual son ellos quienes tienen que descubrir el sendero que han de transitar, y en ningún caso nos corresponde a nosotros indicar, y mucho menos imponer el rumbo a seguir.
Somos muchos los padres que nos creemos en el derecho y obligación de conducir a nuestros hijos a lo largo y ancho de toda su vida, diciéndole y a veces imponiéndole lo que deben hacer y lo que no deben de hacer, lo que es bueno o malo para su vida.
A veces menospreciamos sus capacidades, y sobre todo, no tenemos en cuenta de que su vida es diferente en todo y por todo a la nuestra, corresponden a otra generación, a una sociedad mas avanzada y puede que más complicada, y tendrán que hacer frente a situaciones y circunstancias muy diferentes a las nuestras, y son ellos los que traen las instrucciones y capacidades adecuadas al programa a realizar, o destino como algunos le llamamos.
Eso no quiere decir que nos desentendamos de ellos, es justo y necesario el estar siempre vigilantes y atentos por si nos necesitan estar dispuestos a atenderles en lo que se pueda, pero respetando su libertad y dejándoles que elijan el rumbo de su existencia, son ellos los que al término de su existencia tendrán que presentar cuentas y resultados, por tanto, también son ellos los que gozan del privilegio de elegir.
Es conveniente hacer autocrítica de vez en cuando, porque existimos muchos padres que intentamos conseguir a través de los hijos, logros y niveles que no fuimos capaces de conseguir por nosotros mismos, con lo cual queremos dar a entender que queremos lo mejor para ellos y en realidad queremos que triunfen en lo que nosotros creemos haber fracasado para así dar por superadas nuestras frustraciones.
Son las ideas del día, saludos.
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