La esperanza suele confundirse con pensar que todo saldrá bien. Pero no es eso. La esperanza verdadera aparece precisamente cuando no hay garantías, cuando el camino es incierto y cuando las respuestas aún no han llegado. No nace de la comodidad, sino de la capacidad de seguir caminando en medio de la niebla.
Hay momentos en la vida en los que todo parece detenido. Los planes fallan, las puertas se cierran y la mente empieza a imaginar el peor escenario. Sin embargo, algo dentro de nosotros sigue insistiendo. Una pequeña voz que dice: “aún no termina aquí”. Esa voz es la esperanza.
La esperanza no niega la oscuridad. La atraviesa. No promete que será fácil, pero recuerda que ninguna noche es eterna. Y a veces, cuando todo parece perdido, la esperanza es lo único que queda… y resulta ser suficiente para dar el siguiente paso.
No hay comentarios:
Publicar un comentario