Cada
quien tiene su temperamento y según su naturaleza, le gusta esto,
detesta aquello, es normal. Pero si no hace intervenir un elemento
superior denominado sabiduría, dominio, voluntad, para controlar y
orientar, es posible predecirle, sin correr el riesgo de equivocarse,
que camina directamente hacia los precipicios. Que tenga estos impulsos,
de acuerdo, cada quien es estimulado por fuerzas instintivas. Sea que
provenga del estómago, de los intestinos o del sexo, siempre existe algo
que empuja, pero no es una razón para dejarse llevar.
Por
esta razón, ante cada impulso que los atraviese, díganse: «Veamos, ¿qué
resultará de esto si lo dejo salir?» Por supuesto, mientras su
consciencia no esté despierta, hay aún muchas cosas que pueden
alegrarlos; pero estas alegrías se transforman en sufrimientos,
amarguras y remordimientos. Mientras que las dichas de un hombre sabio e
iluminado siguen siendo oro puro. No hay que privarse de alegrías ni de
placeres, sino solamente conocer su naturaleza y reemplazarlos por
mejores alegrías y placeres, más puros, más nobles, más benéficos.
Omraam Mikhaël Aïvanhov
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