Honra lo que fue.
No la fantasía de lo que pudo haber sido,
sino la transformación que ocurrió dentro de ti.
Esa fue la versión tuya que emergió después de conocerla,
porque fue real en el instante en que existió.
Honra lo que despertó,
porque abrió una puerta que ya no puede cerrarse.
Honra lo que enseñó:
incluso las despedidas contienen sabiduría
para quien deja de resistirse a ellas.
Y cuando hayas honrado todo eso…
sigue caminando.
No conviertas una experiencia en una cadena.
No conviertas un recuerdo en un altar
donde sacrifiques tu presente.
Lo que debía dejar en ti, ya lo dejó.
Lo que debía mostrarte, ya te lo mostró.
Lo que debía enseñarte, ya te lo enseñó.
El resto es apego disfrazado de destino.
Y el apego siempre intenta revivir
lo que el alma ya comprendió.
Honra. Agradece. Integra. Y continúa.
Porque las experiencias más profundas
no llegan para que vivas dentro de ellas para siempre.
Llegan para que nazcas de nuevo a través de ellas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario