Hay una verdad incómoda que casi nadie dice en voz alta:
Muchas personas viven de tus problemas.
No porque sean malas necesariamente, sino porque el sistema funciona así.
El abogado aparece cuando tienes conflictos.
El médico trabaja cuando tu cuerpo se enferma.
La policía interviene cuando alguien rompe las reglas.
El profesor enseña porque nacemos sin saber.
El arrendador gana mientras tú aún no tienes casa propia.
El dentista aparece cuando descuidas tu sonrisa.
El mecánico cobra cuando tu auto falla.
Y muchos negocios crecen gracias a tus necesidades, tus errores, tus descuidos o tus emergencias.
Así funciona el mundo:
donde hay una carencia, alguien ofrece una solución.
Donde hay dolor, alguien vende alivio.
Donde hay caos, alguien cobra por ordenar.
Pero aquí viene lo más irónico:
El ladrón, aunque parezca absurdo, es el único que desea que tengas mucho.
No para verte feliz.
No para verte libre.
No para aplaudir tu éxito.
Sino porque mientras más tengas, más cree que puede quitarte.
Por eso, no basta con prosperar.
También debes aprender a proteger lo que construyes.
Protege tu salud.
Protege tu dinero.
Protege tu casa.
Protege tu paz.
Protege tu mente.
Protege tu energía.
Porque en esta vida no todos celebran tu crecimiento.
Algunos esperan tu caída.
Otros esperan tu descuido.
Y unos cuantos solo están mirando qué pueden sacar de ti.
La lección es simple, pero dura:
Sé bueno, pero no ingenuo.
Sé generoso, pero no descuidado.
Crece, pero mantente alerta.
Porque el mundo no siempre ataca al débil… a veces también observa al que está prosperando.
No hay comentarios:
Publicar un comentario