Si un mono empezara a acumular más bananas de las que podría comer en toda su vida, mientras otros monos de su misma manada mueren de hambre a pocos metros, los científicos no lo llamarían exitoso.
Lo estudiarían.
Querrían saber qué falla en su conducta.
Qué parte de su instinto se descontroló.
Qué miedo lo domina.
Qué vacío intenta llenar.
Qué enfermedad lo lleva a guardar tanto mientras otros no tienen nada.
Pero cuando un ser humano hace lo mismo…
lo ponemos en la portada de una revista.
Lo llamamos genio.
Visionario.
Magnate.
Ejemplo de éxito.
Hombre poderoso.
Modelo a seguir.
Y tal vez ahí está una de las contradicciones más brutales de nuestra sociedad:
cuando un animal acumula sin sentido, nos parece extraño.
Cuando un humano lo hace, lo convertimos en ídolo.
No se trata de odiar la riqueza.
No se trata de atacar a quien trabaja, crea, invierte o construye.
El problema no es tener más.
El problema es tener tanto que ya no puedes usarlo, mientras otros no tienen ni lo básico para vivir.
El problema es cuando la acumulación deja de ser seguridad y se convierte en obsesión.
Cuando el dinero deja de ser herramienta y se vuelve identidad.
Cuando el éxito se mide solo por cuánto tienes, no por cuánto bien haces con lo que tienes.
Porque hay una diferencia enorme entre prosperar y devorar.
Prosperar es crecer sin perder humanidad.
Devorar es subir pisando a otros y llamar “mérito” a la indiferencia.
Vivimos en un mundo donde millones trabajan hasta romperse solo para sobrevivir, mientras unos pocos acumulan fortunas tan grandes que ni cien vidas alcanzarían para gastarlas.
Y aun así, muchas veces aplaudimos más al acumulador que al que comparte.
Admiramos el exceso.
Normalizamos la desigualdad.
Confundimos ambición con grandeza.
Confundimos riqueza con valor humano.
Pero una pregunta incómoda queda flotando:
¿cuánto necesita realmente una persona para vivir bien?
¿Y en qué momento tener demasiado deja de ser éxito…
y empieza a ser síntoma?
Tal vez el verdadero progreso no sea crear más millonarios rodeados de hambre.
Tal vez el verdadero progreso sea construir una sociedad donde nadie tenga que perder su dignidad para comer, vivir, curarse o descansar.
Porque si un mono acumulara todas las bananas mientras su manada se muere…
lo llamaríamos conducta anormal.
Pero si lo hace un humano, le tomamos fotos, lo entrevistamos y lo convertimos en portada.
Y eso dice menos sobre el rico…
y mucho más sobre lo enferma que puede estar una sociedad que aprendió a admirar la acumulación, incluso cuando alrededor hay hambre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario