martes, 9 de junio de 2026

EL JUEGO QUE YA NO JUEGO (Por Chely Sanchez Meza)

 

Habito un mundo extraordinariamente extraño.
Un mundo donde cada ser humano corre detrás de una ilusión distinta, defendiendo con pasión aquello que considera real, sin detenerse un instante a preguntarse si aquello que protege, teme, adora o combate es algo más que un personaje dentro de una representación temporal.
Veo a millones entregando su energía a banderas, doctrinas, ideologías, religiones, partidos políticos, tradiciones heredadas, teorías cambiantes y narrativas que se contradicen unas a otras.
Y sin embargo, casi nadie parece recordar lo más importante:
Que todo esto es un juego.
Un juego inmenso, fascinante, complejo y absorbente.
Un juego tan envolvente que la mayoría ha olvidado que está jugando.
Han olvidado que son más grandes que el tablero.
Han olvidado que son más antiguos que los personajes.
Han olvidado que existían antes de cada historia que hoy defienden.
Yo ya no juego a tener razón.
No juego a convencer.
No juego a pertenecer.
No juego a seguir consignas.
No juego a repetir creencias porque otros las repiten.
No juego a programar mi mente con los pensamientos de segunda mano que circulan por este extraño teatro llamado mundo.
Prefiero permanecer en silencio.
Observar.
Contemplar.
Escuchar.
Y desde la quietud de mi Esencia mirar cómo las olas del mundo vienen y van mientras algo eterno permanece inmóvil en mi interior.
Desde ese lugar veo discursos sin coherencia, conflictos sin sentido, guerras de opiniones donde nadie escucha y donde todos desean vencer.
Y entonces sonrío.
Porque comprendo que ese no es mi juego.
Mi juego es otro.
Mi juego consiste en permanecer presente.
Mi juego consiste en recordar.
Mi juego consiste en distinguir lo verdadero de lo aparente.
Mi juego consiste en atravesar con la mirada los velos de la ilusión hasta tocar aquello que no puede ser manipulado, comprado, programado ni destruido.
Mientras otros buscan seguridad en las estructuras externas, yo la encuentro en el espacio silencioso que existe detrás de todos los pensamientos.
Mientras otros buscan respuestas afuera, yo regreso una y otra vez al santuario interior donde la Verdad no necesita palabras.
Y desde ahí observo.
Observo el movimiento sin moverme.
Observo el ruido sin entrar en él.
Observo la ilusión sin combatirla.
Porque he descubierto que no necesito ganar el juego para estar a salvo.
Solo necesito recordar quién soy mientras lo juego.
Y cuando ese recuerdo se hace presente, desaparece el miedo.
Desaparece la urgencia.
Desaparece la necesidad de pertenecer.
Y solo queda la inmensa serenidad de saber que mi verdadera naturaleza nunca estuvo atrapada en ninguna historia.
Por eso camino ligero.
Por eso contemplo.
Por eso disfruto.
Porque mi Esencia no habita en el tiempo ni en el espacio.
Mi Esencia habita en la eternidad del Aquí.
Y desde ese lugar eterno, observo el juego… y sonrío.
“El secreto no es ganar el juego. El secreto es recordar que eres más grande que el tablero.”
Chely Sánchez Meza

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