Esta semana me plantearon en dos oportunidades “quiero dejar de sufrir”…
¡Cuánta sinceridad interna hace falta para decir estas cuatro palabras!
La respuesta obvia sería: “entonces deja de hacerlo”, sin embargo, eso
sería tan ingenuo y provocativo como cuando alguien se coloca en una
posición de juez o superado y le dice a una persona que tiene una
adicción que simplemente deje de tenerla. Las preguntas que
frecuentemente nos hacemos son: ¿Qué hace falta, entonces, para dejar
de sufrir? ¿Qué significa el sufrimiento en nuestra vida? ¿Es posible no
sufrir?... Sin lugar a dudas puedes vivir en la felicidad y en la paz
cuando los momentos que vivimos son muy difíciles, pero debemos
desapegarnos al sufrimiento, que es como un hilo muy largo y enredado,
con el cual tienes hay opciones: lo cortas o encuentras la punta y lo
envuelves con amor, ambas igualmente válidas. El corte del hilo es una
decisión interna irrevocable, por lo que vamos a dedicar unos minutos a
analizar cómo encontrar la punta del hilo para desenredarlo, agradecerle
y dejarlo ir.
El primer paso es preguntarse con absoluta sinceridad
qué siento que gano con mi sufrimiento y anotarlo. ¡Y no sirve que
digas “nada”, porque si lo haces es que en algún lugar consciente o
inconsciente debe haber una recompensa por sufrir! Luego advierte lo
absurdo de esa creencia. Puedes preguntarte: ¿realmente eso que creo es
VERDAD? Te voy a dar algunos ejemplos: creer que después del
sufrimiento habrá una recompensa (miedo al castigo y a ser feliz).
Absurdo, puesto que la energía del sufrimiento nos llevará a tener
enfermedades o realidades de dolor. Creer que la persona que sufre es
abnegada, empática y consciente de lo que ocurre (adicción heredada del
clan). Absurdo porque a nadie le sirve el sufrimiento del otro, quien
quiere hacer el bien lo hace con alegría. Llamar la atención de nuestro
entorno para que nos ayude o apoye (manipulación) o creer que si
sufrimos seremos más “queribles”. Absurdo porque instintivamente
buscamos rodearnos de personas positivas y alegres.
El segundo paso
es reconocer QUÉ ES LO QUE CREO QUE ME HACE SUFRIR. Por ejemplo:
determinada persona, una enfermedad, una circunstancia… Anótalo y luego
analiza: NADA puede HACERTE sufrir, tú DECIDES sufrir ante eso cuando
podrías decidir irte, dejar atrás o reconocer que lo que pasa
simplemente ES y que ningún sufrimiento va a cambiarlo, lo más probable
es que lo empeore.
Finalmente anotar acciones que reemplacen el
SUFRIR y empezar a ponerlas en práctica. Por ejemplo: ESCUCHAR (a quien
creo que me hace sufrir) sin juzgarlo y sin identificarme con lo que
dice, es SU visión, SU realidad. La hago mía si quiero. CANTAR Y BAILAR
música alegre cuando siento que caigo en el sufrimiento. REEMPLAZAR los
pensamientos de dolor por AFIRMACIONES POSITIVAS. Si el pensamiento es
sobre el pasado puedes decir la frase de UCDM: “el pasado no puede
hacerme daño porque ya pasó”.
Recuerda que “No hay amor suficiente
capaz de llenar el vacío de una persona que no se ama a sí misma”, por
lo tanto usa toda tu energía en amarte y la felicidad vendrá
naturalmente.
María – Bioneuroemoterapeuta
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