Una frase que suena, aunque pocos la ponemos en práctica. Lo que no deseamos que nos hagan, suele formar parte de lo que otros suelen hacer y nosotros también.
Es parte de este entramado social que se ancla en el miedo y sus aliados de turno.
En definitiva no se trata de no hacer lo que no queremos que nos hagan,
lo que forzamos, en muchos casos, es un verdadero fastidio. Es el juego
trillado de las recompensas, un juego que siempre se desequilibra.
Dejar de hacer y amar es una verdadera revolución que libera las relaciones humanas mendicantes.
Allí no hay conflictos y no necesitas especular si acaso debes o no hacer algo. Lo natural trasciende lo forzado y la vida se despliega sin condicionarla.
Lleva tiempo entender que somos nosotros quienes establecemos las causas y sus efectos.
"Quién este libre de pecados que tire la primera piedra". Otra frase conocida y pocas veces aceptada. El miedo siempre se adueña de las circunstancias y la piedra se lanza. Lo que sigue es una constante: reclamos, demandas, preocupaciones, dudas, insatisfacción, venganza, una larga lista que ahonda el conflicto por no reconoconocernos
Es tan antinatural creer que somos sólo aquello que aceptamos como aceptar lo que no somos. Ambos estados nos desequilibran y nos atrapan en luchas con nuestros personajes de turno. Somos cada expresión humana y somos divinos.
Abrazar la vida es abrazarnos por completo, es romper el linaje de los juicios que juegan a perpetuarse en una cabecita que gira y gira.
Reconocer nuestro viaje es honrar nuestra travesia, completa, no sólo una parte. Reconocernos es comprender que lo que pasó fue el efecto de lo que lo causó y que somos nosotros, experimentando distintos estados de conciencia.
Por qué le harías a alguien lo que no deseas que te hagan a ti. ¿Quién lo haría?
Dejar de hacer y amar es una verdadera revolución que libera las relaciones humanas mendicantes.
Allí no hay conflictos y no necesitas especular si acaso debes o no hacer algo. Lo natural trasciende lo forzado y la vida se despliega sin condicionarla.
Lleva tiempo entender que somos nosotros quienes establecemos las causas y sus efectos.
"Quién este libre de pecados que tire la primera piedra". Otra frase conocida y pocas veces aceptada. El miedo siempre se adueña de las circunstancias y la piedra se lanza. Lo que sigue es una constante: reclamos, demandas, preocupaciones, dudas, insatisfacción, venganza, una larga lista que ahonda el conflicto por no reconoconocernos
Es tan antinatural creer que somos sólo aquello que aceptamos como aceptar lo que no somos. Ambos estados nos desequilibran y nos atrapan en luchas con nuestros personajes de turno. Somos cada expresión humana y somos divinos.
Abrazar la vida es abrazarnos por completo, es romper el linaje de los juicios que juegan a perpetuarse en una cabecita que gira y gira.
Reconocer nuestro viaje es honrar nuestra travesia, completa, no sólo una parte. Reconocernos es comprender que lo que pasó fue el efecto de lo que lo causó y que somos nosotros, experimentando distintos estados de conciencia.
Por qué le harías a alguien lo que no deseas que te hagan a ti. ¿Quién lo haría?
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