Es decir, existe una falsa felicidad derivada del deseo de poseer, acumular y controlar; cuando hay un deseo, una necesidad de poseer/pertenecer a algo o alguien proviene de la personalidad, no del alma...
La necesidad de tener, poseer y saber provienen de la personalidad, del ego; y una vez cumplida esa necesidad, deseo, satisfacción, aparecerá otro deseo una y otra vez; esa aparente felicidad es muy efímera para sostenernos en ella.
La verdadera felicidad y alegría proviene de un lugar mucho más profunda, sostenible e invisible, proviene de un espacio donde el deseo y las inclinaciones internas son fruto del reconocimiento interno de la propia individualidad, para entonces, asumir y cumplir las propias responsabilidades, retos, pruebas, trascendiendo entonces los límites y bloqueos con la suficiente confianza.
Encontrar la felicidad exige sanación, liberación y trascendencia de todo lo que No eres; la felicidad pide librarte de apegos, hábitos, pensamientos, emociones, relaciones, miedos y dudas que habitan dentro de ti bajo la forma de automatismos, programas y arquetipos heredados, adquiridos, impuestos y autoimpuestos.
La verdadera felicidad es la satisfacción, el regocijo interno de saberse autónomo y creador de la propia vida conscientemente; es aceptar los cambios día a día entendiendo que el universo es movimiento, que el movimiento tiene diferentes ritmos, frecuencias, ciclos de más o menos actividad y saber adaptarse con facilidad es la base de la paz y la alegría ( MJ11).
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