En mi opinión, es muy
extraño que esta palabra tenga significados tan opuestos. Nos parece que
“ser orgulloso” es malo y “sentirse orgulloso” es bueno. Que “tener
orgullo” es bueno –y, en realidad, es más apropiado “tener dignidad”- y
otras veces decimos que los que “tienen orgullo” son mala gente. Un lío.
Por una parte está el sentido positivo de la definición: “sentimiento de
satisfacción por los logros, capacidades o méritos propios o por algo
en lo que una persona se siente concernida” y por otra parte está el que
a mi parecer es negativo: “arrogancia, vanidad, exceso de estimación
propia, que suele conllevar sentimiento de superioridad”.
Yo me he acostumbrado a decir “satisfacción” cuando me refiero a la
primera acepción y “orgullo” cuando hablo de la segunda. Así evito
confusiones y dejo claro a lo que me refiero.
Para mí, el orgullo es un asunto infame del ego. No me parece algo
natural de la persona, porque no quiero creer que una persona sea así
por naturaleza sino que pienso que es una deformidad a la que uno llega,
consciente o inconscientemente, y que no trata de remediar.
Es el ego quien contiene el orgullo entre sus peores características,
esa insolencia que es insultante, ese aire de superioridad que no
siempre es cierto, esa soberbia y altivez que debería avergonzar a quien
las muestra.
Uno ha de sentirse satisfecho con sus logros y con lo mejor de su
persona, y hasta contento y radiante, pero con una felicidad sencilla y
natural que no es una presunción ni le hace creerse a uno por encima o
por delante de los otros, como hace el orgulloso. Uno tiene derecho a
expresar sus mejores sentimientos hacia sí mismo y por aquellas cosas
personales por las que siente dicha. Está muy bien hacerlo.
El orgullo “malo” no aporta nada positivo. No tiene nada de beneficioso y
sí mucho de perjudicial. Y, como ya he escrito, es una manifestación
del ego. Por eso mismo, cuando uno permite que el ego se exteriorice de
ese modo, le conviene cuestionarse unos asuntos muy elementales… ¿por
qué dar permiso al ego para que se entrometa?, ¿quién autoriza al ego a
tomar protagonismo y expresarse en nombre de la persona?, ¿dónde está la
autoridad personal?, ¿cómo permites que el orgullo se entrometa en las
relaciones con las personas queridas?
Quien crea que puede tener algo de orgullo, aunque sea leve o aparezca
ocasionalmente, le conviene hacer una revisión de estos aspectos y
hacerse algunas preguntas:
- ¿Te ofendes fácilmente?
- Quítate la necesidad de tener siempre la razón.
- Supera la necesidad de sentirte superior a los demás.
- Practica la sinceridad.
- Pon humor en tu vida.
- Aprende a des-dramatizar las cosas.
- Conócete más y mejor.
- Ejercita unos oídos que escuchen con amor.
- Relaja tu vida.
- ¿Reconoces el valor de los demás?
- Entrégate más a los otros.
- No uses tu orgullo cuando te sientas atacado.
- Resuelve tus miedos y complejos.
- No te molestes tanto.
- Permítete dudar de que todo lo que haces está bien.
- ¿Controlas tu arrogancia?
- Evita los conflictos innecesarios.
- Comunícate de otros modos.
- Pon más amor en tu vida.
- Date permiso para ser más humano.
Te dejo con tus reflexiones…
Francisco de Sales
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