Tarde o temprano, tendrás que aprender a hacerlo. Tendrás que aprender a gestionar tu estado emocional. ¿Qué significa esto? Principalmente, ponerte como centro y eje de tu vida. Autoobservarte. Ser dueño de tus emociones, reconocerlas, sentirlas y asumir tu responsabilidad sobre ellas. Culpar a los demás de tus estados emocionales no es saludable. No te lleva a crecer, sino a la inmadurez permanente. Cuando el otro tiene la culpa de todo lo que pasa en tu interior, algo no marcha bien… Y tiene un peligro: que llegues a desconectarte totalmente de ti mismo y a depender de todo lo que ocurra en tu entorno. Cualquier cosa puede hacerte reaccionar, cualquier cosa puede irritarte, cualquier cosa puede hacerte llorar… Pones tu poder fuera. Y, por tanto, cualquiera puede llevarte al desequilibrio con solo abrir la boca y decir “mu”.
No valen excusas. Ni que eres hipersensible, ni que de pequeño te pasó aquello, ni que te consideras una semilla estelar empática y abierta a sentir todo cuanto ocurre a tu alrededor. Y, sobre todo, no valen excusas si únicamente culpas al mundo y te desentiendes de tu responsabilidad. Porque, te lo recuerdo, tú estás aquí para adueñarte de tu estado emocional. Lo demás es el rol de víctima que aprendiste. Lo de siempre: es que el otro, es que me dijeron, es que ya ves qué personas tan malas y desconsideradas, es que fíjate qué mal está la gente, es que mira qué poco respetan, es que nadie me entiende… Tienes que aprender a hacerlo, y además de forma urgente. Porque el mundo no va a cambiar para ti. Eres tú quien ha de aprender a autosostenerse emocionalmente y a insensibilizarse ante los múltiples desafíos que la vida (en forma de situaciones y de personas) te va a presentar. No te hablo de que te conviertas en un insensible, sino de que no uses tu sensibilidad como excusa para que cualquier pequeñez te afecte. La diferencia es obvia.
Que seas sensible es maravilloso, pero que seas sensible y te victimices por serlo no es lo más adecuado. Es lo fácil. Pero no te lleva a crecer. Te lleva a más de lo mismo. Has de aprender a sacarle partido a tu sensibilidad, y a no usarla como instrumento de autotortura. Profundizar en sus aspectos positivos, y tomar conciencia de que ese exceso de sensibilidad puede gestionarse de otra manera. El hecho de que seas sensible no debe convertirte en víctima, sino en una persona valiosa con mucho que aportar. Reinterpreta la situación y, en lugar de asumir el papel de “pobrecito yo”, aprende a no dar tanta importancia a lo que sucede. Exponte a lo que temes. Al rechazo, a esas personas “insensibles”. A TODO. Y verás como las cosas mejoran y tu perspectiva cambia. Es una cuestión de enfoque. De actitud. De aceptación. Usa la sensibilidad como acicate para el crecimiento: no la conviertas en obstáculo infranqueable o castigo del destino. Es posible hacerlo. Muchas otras personas ya lo han hecho. Se han abierto a nuevas posibilidades y han crecido. ¿Por qué no ibas a hacerlo tú? Reflexiona. Indaga en todo lo que dice este texto, aunque tu ego victimista se haya vuelto a poner rabioso: “Otro insensible que no me entiende”… Pues mira, no. Te habla otra persona sensible. Otra persona a la que también le cuesta a veces, pero que sigue adelante y ha reconocido el valor de esa sensibilidad. Ahora te toca a ti. Te toca abrir el regalo que te estoy ofreciendo. Te toca madurar. Y, sobre todo, abrirte a la posibilidad de que puedas gestionarte como una persona coherente capaz de comprenderse a sí misma, capaz de comprender al otro y capaz de reconocerse sensible sin que ello implique poner sus emociones y su equilibrio interno en manos de los demás.
Javier López Alhambra
Almas Estelares - Javi López
No hay comentarios:
Publicar un comentario