No hay soledad más amarga que la que se siente estando acompañada. 
Esa sensación de estar en la misma cama, pero a kilómetros de distancia, intentando “salvar” algo que ya solo te sostiene a ti. Te callas lo que te duele por no pelear una vez más, te tragas tus palabras para no romper el vínculo, pero mientras intentas salvar la relación, te estás perdiendo a ti misma.
Ese nudo en la garganta y ese cansancio que no se cura durmiendo son las señales de que tu integridad se está desangrando. Estás bajando tus estándares para encajar en una vida que ya no te pertenece.
Recuerda: no estás aquí para ser funcional para los demás, estás aquí para ser íntegra contigo. Si intentar salvarlo juntas te está dejando sola por dentro, es hora de dejar de pedir permiso para existir y empezar a escuchar tu propia ley interna. Tu paz no se negocia con nadie.
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