La vida mejora cuando aprendemos a desearle el bien a la gente… a pesar de todo.
Porque no todo el que te hirió merece seguir viviendo gratis en tu cabeza.
No todo el que te falló merece quedarse sentado en tu corazón como una deuda pendiente.
Y no toda traición merece convertirse en veneno dentro de ti.
Desearle el bien a alguien que te hizo daño no significa justificarlo.
No significa olvidar lo que pasó.
No significa volver a abrirle la puerta a quien ya demostró que no sabe entrar con respeto.
Significa algo más fuerte:
significa que ya no quieres cargar odio por personas que quizá ni siquiera piensan en ti.
Hay gente que te rompe, te usa, te critica, te abandona o te traiciona…
y aun así, el verdadero crecimiento llega cuando puedes decir:
“Que le vaya bien… pero lejos de mí.”
Porque la paz no siempre se encuentra ganando una discusión.
A veces se encuentra soltando una guerra interna.
La vida cambia cuando entiendes que desear el mal también te ata.
Te mantiene mirando hacia atrás.
Te roba energía.
Te endurece el alma.
Y tú no naciste para convertirte en lo mismo que te lastimó.
Desea el bien.
Suelta el peso.
Cierra la puerta.
Sigue caminando.
Porque cuando el corazón deja de vengarse en silencio,
por fin empieza a sanar de verdad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario