Hay un momento exacto en el camino de todo gran proyecto, negocio o transformación personal en el que todo parece oscurecerse. 
La motivación inicial se esfuma, el cansancio pesa más que nunca y la mente empieza a susurrarte excusas perfectas y lógicas para abandonar.
Ese es el punto de quiebre. 
Pero aquí hay un principio que separa a los promedios de las leyendas: la dificultad máxima no es una señal de que debes detenerte, es el filtro que usa el mundo para saber quién lo quiere de verdad.
Cuando las cosas se ponen realmente difíciles, recuerda que es exactamente ahí donde la gran mayoría de la gente se rinde. 
El dolor de la disciplina se vuelve insoportable para ellos. Y es precisamente por eso que el éxito y la libertad están reservados para unos pocos.
El dolor es temporal. El arrepentimiento de haber abandonado cuando estabas a un solo paso de lograrlo, te perseguirá siempre. 
Si estás atravesando ese momento oscuro hoy, no cedas. Estás a punto de cruzar la línea que los demás no se atrevieron a pisar.
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