Porque hubo un tiempo en que olvidaste quién eras, la vida, las heridas, las pérdidas y los silencios fueron cubriendo tu esencia como polvo sobre un espejo sagrado, y entonces comenzaste a buscar afuera: en personas, en señales, en amores, en respuestas, aquello que ya habitaba dentro de ti.
Pero el alma nunca olvida del todo, solo espera el momento exacto para despertar, y un día comprendes, que no estabas caminando hacia la luz, porque jamás estuviste lejos de ella, eras tú, regresando a ti.
Ves y también sientes esa chispa recordando que nació del mismo fuego eterno, la conciencia despertando del olvido, la luz reconociéndose a sí misma después de haberse perdido en la experiencia humana.
Cuando sanas, no te conviertes en alguien nuevo, te conviertes en quien siempre fuiste antes del miedo y entonces dejas de buscar desesperadamente.
Y entiendes que el universo no está fuera de ti guiándote desde la distancia, late dentro de ti, respirando contigo, esperando que recuerdes: Nunca fuiste oscuridad intentando alcanzar la luz, siempre fuiste luz aprendiendo a recordarse en medio de la noche.
Autor. Luna Morales
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