En
ocasiones, sin darnos cuenta, nos acostumbramos a situaciones que no
nos favorecen como, por ejemplo, a rutinas diarias o a relaciones que no
nos hacen felices, simplemente porque actuamos impulsados por los
hábitos que marcan el ritmo de nuestra vida.
Es
como si la vida se moviera tan rápidamente, que no nos da tiempo de
detenernos y reflexionar sobre el camino que transitamos... ¿vamos por
el camino correcto o, al menos, estamos en el camino que nos permitirá
ser más felices y sentirnos más satisfechos?
Vamos por la vida prácticamente en piloto automático, olvidándonos de vivir y limitándonos a sobrevivir como podamos...
Nuestra
capacidad de adaptación es enorme, pero el problema es que “adaptarse”
tiene que ver con la SUPERVIVENCIA, no con la FELICIDAD. Esto significa
que podemos adaptarnos a situaciones que no nos hacen felices, solo
porque prevalece el instinto de supervivencia, que es sumamente
dominante...
Esta
es una de las razones por las que las personas pasan gran parte de su
vida realizando trabajos que no disfrutan o manteniendo relaciones que
no les brindan satisfacción emocional con personas con las que incluso
ya no tienen nada en común, solo por el hábito de haber permanecido
juntos por un largo tiempo.
Para ir en busca de lo que queremos tenemos que actuar y tomar decisiones....
Hay
un momento para la adaptación y un momento para el cambio. Hay momentos
en los que necesitamos descansar en nuestra zona de confort y otros en
los que necesitamos salir de ella. La clave está en encontrar el
equilibrio perfecto para saber cuándo ha llegado la hora de cambiar y
cuándo ha llegado el momento de avanzar en un sentido diferente...
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