Para ser feliz, a veces no necesitas tenerlo todo.
A veces necesitas dejar de cargar lo que te está destruyendo por dentro.
Hay dos cosas que roban la paz en silencio:
El temor de un mal futuro
y el recuerdo de un mal pasado.
El primero te llena la cabeza de ansiedad.
Te hace imaginar tragedias que aún no ocurren.
Te hace vivir preocupado por problemas que quizá nunca lleguen.
Te roba el presente con miedos inventados por una mente cansada.
El segundo te encadena a lo que ya pasó.
Te obliga a revivir heridas, traiciones, errores, pérdidas y momentos que ya no puedes cambiar.
Te hace mirar hacia atrás tantas veces que terminas caminando sin dirección.
Y así se va la vida.
Con el cuerpo en el presente,
la mente en el futuro
y el corazón atrapado en el pasado.
Pero nadie puede ser feliz viviendo dividido.
No puedes disfrutar lo que tienes hoy si sigues temiendo lo que podría pasar mañana.
No puedes sanar si sigues abriendo todos los días la misma herida de ayer.
Llega un momento en que debes decir:
“Ya no voy a sufrir dos veces.
Una por lo que pasó.
Y otra por lo que imagino que podría pasar.”
Suelta el miedo al futuro.
Suelta la culpa del pasado.
Respira el presente.
Porque la felicidad no siempre llega cuando todo está perfecto.
A veces empieza cuando decides dejar de torturarte por lo que ya fue
y dejar de angustiarte por lo que aún no existe.
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