Es necesario comenzar este artículo aclarando que nada de lo que
contiene dispone de una base científica demostrable, que no está basado
en experimentos contrastados, que no hay intelectuales que lo avalen,
sino que posiblemente se trata exclusivamente de una elucubración mental
que no pasaría ninguna prueba analítica rigurosa. Quiero decir que no
tiene mayor importancia, que es sólo un divertimento de mi pensamiento, y
que no tengo intención ni deseo de convencer a nadie de que lo que voy a
escribir es cierto.
Aunque… quién sabe… igual tiene algo de
verdad…no lo sé… en cualquier caso te invito a leerlo. Si ves que algo
resuena en tu interior de algún modo y no te parece tan descabellado…
estupendo. Y si no es así olvídalo fácilmente y no dejes que perturbe
tus creencias muy arraigadas.
En mi opinión, las ideas, los
pensamientos, las especulaciones, los conceptos, las imaginaciones, las
invenciones, las creencias, y todos esos productos cerebrales o
intelectuales o que son el resultado de las reflexiones, nos llegan de
dos sitios básicamente: de la mente o del corazón.
Y como hay tal
confusión entre las personas acerca de lo que es mente y lo que es
pensamiento, y del origen de las cosas que se nos presentan dentro de
“la cabeza”, cuento lo que a mí me funciona para distinguir.
Creo
que pensar es un proceso de relacionar ideas, pero hecho SIEMPRE en una
mente condicionada, con unos prejuicios que nos hacen repetir
continuamente lo mismo sin que nos hayamos puesto a considerar si las
ideas de hace treinta años siguen vigentes, o si nos hemos estancado en
ellas sin permitirlas-permitirnos evolucionar; si las hemos actualizado
para que sean coherentes con lo que somos en este momento actual, si
están regidas por miedos reales o imaginarios, si se basan sólo en los
conocimientos intelectuales y pensamos desde el complejo y la mente
pequeña y limitada; no revisamos si son ideas equivocadas o castradoras o
timoratas o sin sentido o muertas; nos conformamos con saber que son
“nuestras” y, además, no las queremos perder porque son las únicas que
conocemos y ni siquiera somos conscientes a veces de que podemos
tirarlas por la borda, liberarnos de su estrechez de miras, rebelarnos
contra su esclavitud, y mandarlas-mandarnos a la mierda en ese sentido.
La mente es, o dice ser, racional. En principio, eso quiere decir
cuadriculada y limitada. Además, la mente se considera independiente de
nosotros y con plena libertad para hacer sus elucubraciones del modo que
considere oportuno y presentándonos después sus creaciones y
conclusiones como si fueran nuestras propias. Y, encima, nos creemos que
son nuestras y las acatamos como si realmente lo fueran. Se nos olvida
en demasiadas ocasiones que la mente es un instrumento a nuestro
servicio, una herramienta para utilizar conscientemente, y no es nuestra
directora, quien nos manda, y menos aún infalible. Y que sus
conclusiones son suyas y no nuestras.
Veo la mente en ese sentido
bastante limitada, excesivamente condicionada, no del todo fiable
–todos hemos podido comprobar la cantidad de “errores” y
“equivocaciones” que comete-, y que es un poco complicado relacionarse
bien con ella.
Por otra parte -y de esto sí que soy realmente
consciente, o sea que lo saco de la divagación que es el resto de lo
escrito-, todos –repito: todos- disponemos de una sabiduría innata, con
la que ya nacemos, que en opinión de unos es un regalo o don divino, y
en opinión de otros es la sabiduría acumulada en encarnaciones
anteriores.
Así como la mente la situamos simbólicamente en la cabeza, esta sabiduría innata la situamos en el corazón.
Así que es el corazón –otros lo llaman intuición- quien tiene la
capacidad de “pensar” mejor que la mente, la habilidad para tomar
decisiones con más precisión, y además evita todos los conflictos
mentales, todo ese darle vueltas a las cosas una y otra vez, y todas las
dudas acerca de la incapacidad de uno para pensar bien por la falta de
costumbre bien por creerse poco inteligente.
El corazón y la
intuición afinados –y se afinan aún más cuando les permitimos expresarse
y les demostramos confianza- son muy atinados, aprecian lo visible y lo
invisible, disponen de ecuanimidad, y deciden sin nuestra intervención
invasiva por lo tanto de un modo más certero.
Hay cosas que es
mejor pensarlas y cosas que es mejor sentirlas. Y la sabiduría está en
saber distinguir cuándo una cosa, cuándo la otra, y cuando tener en
cuenta a ambas al mismo tiempo. Y para eso no hay –o no conozco- una
fórmula universal. Son la atención, la experiencia, y la propia
sabiduría innata quienes dan pistas de cuál utilizar en cada momento.
Repito: no hagas caso de lo que has leído. O sí…
Te dejo con tus reflexiones…
(Y si te ha gustado, te agradeceré que lo compartas. Gracias)
domingo, 22 de agosto de 2021
DIFERENCIA ENTRE MENTE Y SABIDURÍA INNATA (Por Emma Fernandez)
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario