martes, 17 de agosto de 2021

EL SUFRIMIENTO 2ª Parte (Por Emma Fernandez)

 Viene de la 1ª parte.        Si alguien te está molestando, fastidiando, sacando de quicio, piensa… Cuando le has dado permiso para que te moleste, te fastidie, te saque de quicio?, ¿Con que le has dado poder sobre tu vida, eh? Le has entregado la llave de tu libertad, y ahora te diviertes cuando él te divierte y te fastidias cuando él te fastidia, ¿no es eso? Pues ¡Valiente persona estás tú hecha! Echarle a otros la culpa del propio malestar de uno es un escape, un mecanismo de defensa psicológico, un tratar de quitarse la responsabilidad de los hombres y echársela encima a los demás, un hacerse la victima inocente e indefensa que nada puede hacer más que sufrir pacientemente lo que otros despiadadamente le echan encima.
Si has de tomar medidas para contrarrestar el sufrimiento que te ha producido o pueda producirte, tómalas y arregla el asunto de persona a persona; pero lo que no vale es quedares sentado sin hacer nada más que quejarte a los cuatro vientos de la injusticia de que eres objeto, y pretender que te tengamos lástima y te demos la razón. De ninguna manera”.
Todo lo leído explica convincentemente la necesidad de revisar nuestra forma de actuar con respecto al sufrimiento, y la nula necesidad de persistir en esa actitud.
Con la honradez que debe caracterizar a todos los buscadores, preguntemos dentro de nosotros, desglosando cada uno de los tipos y motivos de sufrimiento que padecemos, cuál es la realidad que se esconde tras ellos, ¿Qué busco con ese sufrimiento?, ¿Qué espero recibir a cambio?, ¿Porqué no paro la incesante conversación del sufrimiento en su búsqueda de encontrar justificaciones?
He averiguado que muchas, muchísimas veces, se usa el sufrimiento como chantaje para que los demás se fijen en nosotros. ¿Será ese mi caso?, ¿Estoy buscando que la gente no se fijen mí por mí, sino por cuánto sufro, qué desgraciado soy, qué cruel es la vida conmigo?,
¿Será que pretendo llamar la atención con cualquier motivo y he aceptado éste como bueno?, ¿Debo seguir buscando otro motivo por el que sufrir?...
Después de lo escrito sobre el sufrimiento, después de intentar aclarar lo que no es sufrimiento, ahora quiero decir que hay otro tipo de sufrimiento que hemos de distinguir con perfecta claridad, y es un sentimiento creativo, enriquecedor, útil, necesario. Este sufrimiento no es inaguantable, porque tiene un sentido comprensible en donde se remansa. Con un poco de atención y honradez, se pueden distinguir.
Si fuésemos capaces de entender las enfermedades y el sufrimiento como procesos de transformación física y psíquica, ganaríamos una visión más profunda y menos desviada de los procesos psicosomáticos y psicoespirituales, y empezaríamos a darnos cuenta de las muchas oportunidades que ofrecen el sufrimiento y la muerte del ego. Para las culturas tradicionales, la enfermedad, el sufrimiento y la muerte son manifestaciones de la sabiduría inherente del cuerpo, a la que basta con rendirnos para alcanzar áreas de percepción capaces de revelar el verdadero fundamento de nuestra existencia terrenal.
Este sufrimiento se podría considerar como la puerta que permite el acceso a otro plano, por eso es un asunto delicado consolar a los demás, sobre todo si no lo solicitan, porque se puede estar eliminando la oportunidad de descubrimiento y aprendizaje que les aporta.
El resistirse a la vida en su irse abriendo al devenir origina un gran sufrimiento. Cuanto más cerca está el hombre del grado de evolución que le permitiría percibir la voluntad del SER, más le atormenta la negativa de su yo-egoísta, que no quiere ceder el sitio, obedecer, abandonarlo todo al SER. Y es aún más desdichado si, al no comprender el sentido de los repetidos asaltos del SER, se cree obligado a soportar valerosamente esa tensión; de esa forma no se da cuenta de que su actitud heroica y apasionada es justamente lo que engreda su sufrimiento.
No hay palabras que separen los dos estados de sufrimiento, solamente el sentido afinado sabe distinguirlos; hay pequeños y sutiles matices… en el primer caso sabemos, aunque no queramos reconocerlo, que es más una cabezonada o una rabieta lo que nos hace seguir sufriendo… en el segundo caso no hay motivo, nada que pueda ser el nacimiento del sufrimiento… en el primer caso, no hay un resultado, nada que justifique haberlo pasado… en el segundo caso, aunque no se vea inmediatamente lo que ha pasado en el interior mientras se estaba sufriendo, hay una seguridad absoluta en que se han estado colocando cosas en su sitio, en que se tenia que estar “AQUÍ Y AHORA” pendiente del sufrimiento, observando que células se estremecían, qué pensamientos caducos se morían, sintiendo como se estaba realizando la puesta a punto, sabiendo con una certeza que vencía a las dudas que “algo” o “alguien” cuidaba con exquisito mimo el proceso, y que la sabiduría del cuerpo reclamaba esa parada en la actividad cotidiana para expresarse, para resolver asuntos aplazados e inaugurar una nueva etapa… en el primer caso, siempre hay arrepentimiento… en el segundo caso, siempre hay paz.
Te dejo con tus reflexiones…

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