domingo, 15 de agosto de 2021

EL SUFRIMIENTO 1ª Parte (Por emma Fernandez)

 “La principal razón por la que las personas no son felices es porque se complacen insanamente en sus sufrimientos”, dijo el Maestro.
Y contó cómo, viajando él cierta noche en la litera superior de un vagón de ferrocarril, le era imposible conciliar el sueño porque en la litera inferior había una mujer que no dejaba de gemir: “¡Que sed tengo, Dios mío, qué sed tengo…!”
Una y otra vez se oía aquella lastimera voz, hasta que, finalmente, el Maestro descendió sigilosamente por la escalerilla, salió del departamento, recorrió todo el pasillo del vagón hasta llegar a los servicios, llenó de agua dos grandes vasos, regresó con ellos y se los dio a la atormentada mujer: “¡Aquí tiene, señora: agua!”
“Muchas gracias señor, que Dios le bendiga…”
El Maestro volvió a su litera, se acomodó en ella… Y estaba punto de conciliar el sueño cuando, de pronto, oyó de nuevo la lastimera voz: “¡Que sed tenía, Dios mío, qué sed tenia…!
(Del libro “un minuto para el absurdo”, de Tony de Mello.)
El sufrimiento es una actitud evitable e innecesaria. Atrás quedaron todas las teorías que defendían los cambios mediante el sufrimiento, a la vista de que se consiguen mejores resultados con el amor.
El sufrimiento es confundido muy a menudo con el dolor con el que tiene claras diferencias. El dolor (del diccionario: sensación molesta experimentada por una parte u órgano del cuerpo, transmitida al cerebro por terminaciones nerviosas sensitivas) es “sentible”, se nota inequívocamente; afecta directamente al cuerpo y además es producto de una marca o señal que hace apreciar el origen del mismo. El dolor es físico, es irrespetuoso con las personas y afecta a todos, sea cual sea su nivel evolutivo o intelectual.
El sufrimiento se refiere a otra cosa. Según el diccionario, “sentir un daño moral”.
El sufrimiento es evitable porque no tiene entidad por sí mismo, sino que es totalmente mental; nos ataca, se instala en nosotros, habitualmente nos rendimos, ya que desconocemos la posibilidad de vencerlo con la compresión, y, sobre todo, se puede vencer con la claridad, con tener claro que el sufrimiento es, simplemente, la no aceptación de la realidad.
Si yo sufro con cualquier situación, la que sea, es porque se opone a mis deseos, a mis ilusiones, a lo que yo quisiera. Es porque está en contra del Yo Ideal o del Yo Idea. Es porque no quiero admitir y reconocer que eso, lo que sea, “es”, a mi pesar y en mi contra.
Considero que sufrir por una situación es el precio de no haber luchado antes por ella.
Sé que durante un tiempo no podremos evitarlo, por lo menos hasta que conozcamos íntimamente su inexistencia; que, mientras, tendremos alguna cosa que sufrir; en ese caso suframos con alegría, ya que es posible.
Entender el sufrimiento es acabar con él.
Hemos conseguido que sufrir sea la más fácil de las actividades humanas y ser feliz, la mas difícil. Curioso. Y triste.
La vida, por sí, no es problemática ni sufrida; la vida carece de adjetivos hasta que se los colocamos. El sufrimiento no está en la vida, no está en la realidad, está en ti. El sufrimiento solo vive en una muy pequeña parcela del “Yo confuso”. El sufrimiento es una obra de la mente.
Vemos un ejemplo: imagina cómo te sientes cuando alguien te insulta… ¿Por qué sufres? El insulto no es más que una palabra que se la lleva el tiempo, no se puede tocar, no puede hacer marca, no existe. Si alguien te insulta y no tiene razón, simplemente te desconoce y se ha equivocado. ¿Qué cambia de ti si una persona que te desconoce se equivoca al emitir un juicio?, ¿Acaso no sigues siendo la misma persona aunque el otro se equivoque con una palabra?
Además, piénsalo, nadie te trastorna, te trastornas tú mismo.
Sería una lástima que dejáramos en poder de los demás la capacitad de hacernos felices, de hacernos sufrir, de permitirnos tener o no esperanza…
Tony de Mello entendía perfectamente todo esto. Me permito citaros textualmente párrafos completos:
“Todos llevamos dentro de la cabeza un modelo de la realidad que nos ha sido inoculado por la tradición, la formación, la costumbre y los prejuicios. Cuando los sucesos de la vida y la conducta de las personas que están a nuestro alrededor son como el modelo, permanecemos tranquilos y nos parece que todo marcha bien; pero cuando no son como el modelo, nos alborotamos por dentro. El tal modelo, para colmo, es accidental y arbitrario. Cae en la cuenta de eso, y nada volverá a trastornarte.
El trastorno personal, mi sufrimiento, no viene de la realidad objetiva fuera de mí, sino del pre condicionamiento dentro de mí. Quita el condicionamiento, y el trastorno desaparece. Mi manera de ver y de pensar, mis juicios y mis principios, aun mis gustos y mis preferencias, son el resultado del largo proceso de vivir en el complejo familia-colegio-iglesia-sociedad que ha moldeado mi mente y ha decretado cómo debo reaccionar “espontáneamente” ante hechos y situaciones. Reconocer que mis sufrimientos vienen de mi mismo es el primer paso para remediarlos.
Hay algo que te hace sufrir a ti y, sin embargo, no le hace sufrir a otra persona. Eso quiere decir que la causa del sufrimiento no está en la realidad objetiva, sino en tu manera de percibirla. El modelo que llevas dentro de tu cabeza es distinto del que otro lleva en la suya, y así fue como el mismo incidente a ti te afectó y a él no.

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