Se habla mucho de la importancia de aprender a estar en soledad como parte del camino de sanar y soltar una relación no sana, lo cual es apropiado y necesario.
Sin embargo, quienes hemos transitado este proceso, sabemos que es mucho más fácil decirlo que hacerlo.
En parte, porque nuestra percepción de la soledad ha estado inextricablemente relacionada con heridas primarias como el abandono o el rechazo, las cuales tiñen la experiencia de estar a solos de miedo, dolor y ansiedad.
Pero también, porque esta soledad que nos trae el fin de una relación tóxica es parte de un cambio profundo, y sin duda, desestabilizador.
Un cambio que nos liberó de las pesadas cadenas del maltrato, el engaño, el desamor o la insatisfacción, pero a la vez, nos deja sintiéndonos perdidos en esta nueva y desconocida realidad.
Si estás hoy en esta parte del proceso te invito a considerar que es precisamente en este espacio del medio, en este “limbo” lleno de incomodidad donde sucede la magia de verdad.
Aquí, mientras nos distanciamos del pasado, pero no logramos aún vislumbrar nuestro futuro, es donde juntamos fuerza, donde nos damos permiso para ser distintos, para transformarnos.
Desesperados y a ciegos, nos retorcemos como orugas en su crisálida, con dolor, cambiando, mutando, dejando de ser quienes éramos para convertirnos en quienes realmente queremos ser.
En este tramo del camino es donde mudamos la piel vieja, esa que nos llevó hasta donde estábamos pero que en adelante ya no nos servirá.
Porque ya nunca más nos arrastraremos.
Porque ya nunca más volveremos a atrás.
Usa esta parte del viaje para deshacerte de lo que ya no te sirve: creencias, historias, comportamientos, formas no sanas de amar.
Reconoce dónde estás ahora y date las gracias por haberte dado la posibilidad de evolucionar.
Toma las enseñanzas y úsalas para crear tu yo del futuro, tu nueva realidad.
Y cuándo estés listo, abre delicadamente el capullo.
Sal a la luz.
Tu sabrás cuando es el momento.
Despliega tus fuertes y maravillosas alas.
Ha llegado el tiempo de volar.
Jo Garner
No hay comentarios:
Publicar un comentario