sábado, 19 de febrero de 2022

LOS MIMOS, CAPRICHOS Y SUS DERIVADOS 2ª Parte (Por José Miranda)

 

  Hola gentes, vamos a seguir con el tema de la entrada anterior, los mimos y los caprichos, aunque hay quien piensa que se trata de algo bonito y necesario, yo tuve la oportunidad de presenciar muchas circunstancias y situaciones protagonizadas por personas encuadradas en este perfil, y en la vida social y profesional les suponía una dificultad añadida, y cosas y casos que eran aceptables y normales para otras personas, para ellas eran inaceptables e insoportables, y para facilitar la comprensión de lo expuesto, voy a contar una historia real de un compañero de trabajo.
 
En el año 1970, después de aprobar el curso de formación para operador auxiliar de telefónica en la escuela de Sevilla, ingresemos en la empresa con un periodo de pruebas de dos meses, 18 de ellos fuimos destinados a Vigo Pontevedra, suponía un cambio de clima, de cultura, y de situación en general. Había un mozo de Sevilla que obedecía al perfil que estamos tratando de mimoso, cariñoso y un tanto caprichoso, y ya durante el viaje echaba de menos a su familia (sobre todo a su madre), y también a su circulo próximo de relación, según comentaba había sido tratado siempre con mucho mimo y atenciones especiales, hasta tal punto que había desarrollado una adicción a esa forma de trato, y al separarse de su madre y resto de personas de su círculo próximo de relación, se encontraba en situación de desamparo, las gentes no le decían lo que él estaba acostumbrado a oír diariamente, no lo trataban como los de casa y familia, el capataz y los compañeros no le hablaban con mimo y cariño, le daban órdenes y le asignaban tareas muy pesadas a las que no estaba acostumbrado, porque durante el curso se libró de lo más pesado por medio de una amistad o recomendación, pero allí era uno más, no había distinciones ni privilegios ni favores especiales. Llegó a estar tan desesperado que empezaba a enfermar, y abandonó el empleo y se fue junto a los suyos.
 
El nos comentaba que había sido siempre muy mimado y querido, y todo lo que pedía le era concedido, su madre siempre la decía que era el mejor, el mas guapo, el más simpático, el más lindo, el más, el más y el más, y él también lo creía así, porque después de escucharlo tantas veces a su madre y alguno más de la familia, por lógica termina en la creencia de que es una realidad, la sorpresa es cuando se sale del entorno familiar y nos enfrentamos a la sociedad, a las muchas formas de condiciones laborales con sus niveles de dificultad, a la creación de nuestra propia familia, donde en principio nadie te dice que eres lo mejor, el mas guapo, lo más de lo más, eso solo ocurre en la intimidad de la familia, y solo en algunos casos, y quizás también en los casos de los enamoramientos ciegos, porque si el enamoramientos en lúcido, se le puede decir: “eres muy bueno”, pero en ningún caso: “eres el mejor”. 
 
Cuando le decimos a alguien que es el mejor, el más guapo, el más inteligente, etc., le estamos mintiendo, porque para saber que es el mejor, habría que conocer de forma total al resto de todas las personas que forman la humanidad, y reconocer por evidencia que es superior en todo y por todo al resto, solo entonces se le puede decir a alguien que es el mejor con un mínimo de veracidad, y como es imposible que alguien pueda conocer ni tan siquiera a una persona de forma total, pues por eso es una falsedad el decirle a un ser querido que es el mejor, el más guapo, con este proceder le estamos creando una imagen desvirtuada de sí mismo, al decir “eres el más” le incorporamos al odioso mundo de las comparaciones, (el más, el menos).
 
Solo en casos muy especiales puede servir de ayuda el agasajo, la alabanza, el enaltecimiento, y el dirigir palabras, gestos u otras formas que sitúen a las personas por encima de su realidad o tenencias, la mayoría de las veces se le daña, porque le hacemos creer que son dueños o portadores de un valor, virtud o cualidad que en realidad puede que no posean, pero como se lo dice su padre, o su madre o hermano, o aquella persona que quiere impresionarla con algún oculto propósito etc., pues se lo tienen que creer, y después cuando nos enfrentamos a la sociedad resulta de que nadie reconoce aquellos méritos, o aquellas maravillas de las que nos ha estado hablando tanto tiempo, puede llegar a ser frustrante y deprimente. 
 
A mi me gusta la convivencia sencilla y natural, sin enaltecimientos ni agasajos, sin comparaciones, sin calificaciones, sin encasillamientos y absoluta aceptación y respeto hacia todo y todos y reconociendo que cada pesona es una exclusiva en el universo, y por tanto es improcedente cualquier tipo de comparación, pero yo en este aspecto creo que estoy algo anticuado porque el mimo y las alabanzas se ejercen como algo de lo mas normal, e incluso para algunas personas es algo imprescindible.  Saludos. 

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