En mi opinión, quienes no saben controlar y gobernar su mente son más
propicios a los sufrimientos innecesarios que provocan los pensamientos
obsesivos o catastrofistas, o los que son fruto del miedo, o los que
están equivocados.
La mente perturbada, la que campea haciendo
estragos sin que nadie se lo impida o le ponga límites, sin que se le
quite el poder que ella sola se otorga, es una mente que va a
condicionar –y desastrosamente- la vida.
Me refiero, lógicamente,
a esa mente trágica y pesimista, obtusa y sin aperturas, que se regodea
en el sufrimiento y todo lo dramatiza en exceso, y que magnifica los
males repitiéndolos continuamente, con lo cual les dan tanto poder que
llegan a aparentar ser reales.
Se puede afirmar que lo que se piensa puede llegar a adquirir la misma fuerza que si fuese realidad.
Lo importante, o lo grave, no es lo que nos sucede sino lo que hacemos
en la mente con ello. Parece que le concedemos el poder de decir a qué
le damos importancia y qué no nos importa.
Al mismo hecho le
podemos dar una categoría ínfima o podemos hacer de ello una tragedia.
Un desaire –tal vez sin intención- podemos convertirlo en el inicio de
la tercera guerra mundial o pasarlo por alto. La misma palabra, o el
mismo hecho, dependiendo de cómo estemos en ese momento –más bien de
cómo esté nuestra mente- puede dejarnos indiferentes, hacernos sonreír o
montar en cólera.
Se trata, por tanto, de quitarle el poder y desechar todo aquello que nos pueda perturbar.
El mismo hecho, la misma situación, afectará de un modo distinto a cada
persona en función de cuál haya sido el proceso mental del hecho.
Se trata, por tanto, de convertirse en una persona equilibrada,
gobernadora de su propia mente, que antes de estallar es capaz de
observar la situación con ecuanimidad y juzgarla con imparcialidad para,
a partir de ello, decidir conscientemente el modo de actuación.
En numerosas ocasiones hemos tenido que pasar por el trance de
arrepentirnos después de haber estallado en un acto, o con una
respuesta, cosa de la que luego nos hemos avergonzado. Y, esto lo
sabemos por experiencia, pedir perdón –de corazón- es más duro que
pararse y contar hasta diez antes de soltar una ofensa o dar una
respuesta que no es nuestra sino de nuestra mente estresada, mal
educada, o que está al servicio de un ego innecesario y
contraproducente.
La objetividad, la serenidad, el equilibrio, y
la justeza, son cualidades para actuar desde una decisión razonada y
madurada en la que el pensamiento se pone a nuestro servicio, en el que
no somos un arrebato sino que somos consciencia, en la que nos somos y
actuamos como energúmenos sino como esa persona juiciosa que aspiramos a
ser.
En esos momentos -en los que la mente pretende jugarnos una
mala pasada- es cuando tenemos que ser consecuentes y regir nuestra
mente, que es regir nuestra vida.
En esos momentos es cuando uno
ha de saber diferenciar claramente el pensamiento de la realidad, la
verdad de la idea, lo cierto de la suposición, y que no sea la mente por
su cuenta quien lo califique de un modo u otro, y que seamos capaces de
cuestionar los pensamientos que aparecen en nuestra mente, y que
sepamos diferenciar entre los que son impulsivos y los que son
meditados.
Lo real es la vida, lo tangible, lo demostrable, lo
cierto. Lo que sólo pertenece al reino de la mente no pasan de ser
ideas, suposiciones, cábalas…
Mi sugerencia es que verifiques
cada uno de los pensamientos que aparezcan en tu mente antes de darles
credibilidad. Que seas reflexivo. Que controles los impulsos, sobre todo
cuando eres capaz de intuir desde el principio que son frutos que aún
no han madurado.
Es mejor esperar que precipitarse, y es un buen modo de evitar penosas consecuencias.
Procura distinguir bien entre la mente descontrolada –la que actúa
libremente sin contar contigo, es impulsiva y caprichosa, y tiene
bastante ego entre sus ingredientes- y la mente que es un instrumento a
tu servicio para elaborar los pensamientos, y para tomar decisiones,
pero bajo tu observación y vigilancia.
Lo que piense tu mente, cuestiónalo.
Lo que pienses tú, dalo por bueno.
Te dejo con tus reflexiones…
Francisco de Sales
jueves, 13 de octubre de 2022
CUIDADO CON LO QUE PARECE REAL EN LA MENTE, PERO NO LO ES EN LA VIDA (Por Emma Fernandez)
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