En mi opinión, el poder sobre nosotros, sobre nuestros sentimientos o
reacciones, sobre nuestra estabilidad personal y emocional, es algo que
no deberíamos entregar a nadie. No es recomendable.
Es cierto
que las emociones nos pueden a veces. O casi siempre. Es lo que tiene
esto de ser Humanos: que nos vemos bamboleados por ellas para lo bueno y
para lo menos bueno.
Pero el hecho de que sea así no nos condena a tener que quedarnos en la parte sufriente de esa situación.
Tenemos la libertad –y la obligación- de tomar nuestras propias
decisiones para gobernar nuestra vida. Tras el terremoto inicial que nos
provocan algunas emociones ha de venir el momento en que uno se haga
cargo de su situación –desde la serenidad y la objetividad-, y deje de
obedecer sumisamente a los impulsos primarios, a las reacciones
descontroladas, a la derrota sin lucha, y se haga cargo de sí mismo.
Es muy conveniente evitar que ni los otros ni las circunstancias tengan
poder sobre nosotros y nuestras decisiones, sobre nuestra vida y
futuro. Y eso se consigue responsabilizándose. Siendo consciente de que
uno tiene que afrontar las situaciones que se le presentan y tiene que
resolverlas del modo más favorable en vez de quedarse impávido y sufrido
ante lo que se presenta.
La prueba de lo anterior se verifica
con el hecho de que la misma situación o el mismo acontecimiento afectan
a cada uno de un modo distinto. Lo que para uno puede ser una tragedia
para otro no es más que un pequeño incidente. Lo que para uno es
emocionante para otro es anodino.
Somos nosotros los que
adjudicamos los adjetivos a cada cosa, y les otorgamos la capacidad de
afectarnos o dejarnos indiferentes.
En mi opinión, tenemos que
afrontar y resolver todo aquello que nos afecta, al mismo tiempo que
tenemos que ponernos a salvo de las cosas que nos desestabilizan o
perjudican.
Tenemos que revisar nuestras reacciones, el porqué y
el para qué de lo que hace nuestro inconsciente, las costumbres que no
se han actualizado, los modos de hacer que actúan por su cuenta… todo
aquello en lo que estemos involucrados se ha de hacer visible para poder
modificarlo desde el consciente. Lo inconsciente puede convertirse en
nuestro enemigo.
No debemos permitir que una palabra ofensiva
ajena nos saque de nuestro centro, que las opiniones de los otros tengan
más valor que las nuestras propias, que cuando algo no salga a nuestro
gusto explotemos, que la rabia tome el control de nuestra vida a veces,
que la tristeza se quede más tiempo del necesario cuando ya no es
necesaria, que el dolor se haga crónico, o que los otros con sus
palabras o sus actos condicionen nuestra estabilidad.
Es mejor
que estés por encima de las reacciones momentáneas y tengas control
sobre tus reacciones y sobre todo aquello que te perturba y todos
aquellos que te descentran. Es tu tarea. Hazlo. Por tu bien.
Te dejo con tus reflexiones…
Francisco de Sales
sábado, 15 de octubre de 2022
¿QUIEN TIENE PODER SOBRE TI? (Por Emma Fernandez)
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario