martes, 14 de febrero de 2023

ALEJANDRO ¿CREES SER UN MAESTRO ESPIRITUAL?

 

-¡NO! Hasta el fin de mis días seré un discípulo. Conozco mi inmensa, inmensa, inmensa, inmensa ignorancia. Ignorancia corporal e ignorancia mental. Primero que nada no sé que es esta vida que provoca los latidos de mi corazón, la multiplicación de mis células y fija la cantidad de tiempo que existiré. ¿Cuál es la voluntad que hará crecer en mi cadáver cabellos y uñas?
También, mentalmente, teniendo un cerebro compuesto por millones de neuronas, tantas como las estrellas que vemos en el cielo, solo capto en mi conciencia un porcentaje minúsculo de esta inmensidad. Mi yo consciente desconoce los poderes que se ocultan en mi vasto inconsciente. Como tú y todos, porto en el cráneo un poderoso aliado, del que desconozco sus inmensas capacidades. Creo que el cerebro humano posee cualidades que solo nos será posible utilizar cuando nuestro cuerpo, que está en evolución, se haya transformado en un organismo, dotado de nuevos sentidos capaces de producir cambios en la materia, vencer la gravedad terrestre, alargar la duración de nuesta vida millares de años más.
Así como no conozco por entero mi cuerpo ni mi mente, tampoco conozco mi planeta. Vivo en una superficie de relativamente pocos kilómetros, cuyo calor extremo no nos permite profundizarla más. Algunos imaginan que en sus profundidades hay un mar, o inmensas montañas, árboles gigantescos, quizás una raza de monstruos inteligentes, un sol pequeño, etc. Voy viajando en una gran bola que navega a velocidad vertiginosa por un Cosmos misterioso, quizás infinito. Igualmente puede ser infinito el mundo microscópico. Los científicos están muy lejos de encontrar el fondo de la materia.
La sabiduría humana se basa en absoluta ignorancia. Puedo creer en un Dios Creador, pero no tengo los órganos cognitivos suficientes para conocer qué o quién es. Como de Dios nada podemos decir, no sé lo que somos, ni de dónde venimos ni a dónde vamos.
Aceptando esta ignorancia, me entrego a la indefinible vida. Siendo parte de ella, debo tener una misteriosa utilidad, servir para algo. Soy un ignorante privilegiado, siendo una parte del todo, ese Todo es mío. Debo aprender a amarme para luego amar a la totalidad: Dios es mío, el universo es mío, la Tierra, los planetas, el sol, son míos. Míos son los minerales, los vegetales, los animales, los seres humanos. Ese es mi tesoro, la realidad completa. Esa es mi sabiduría, conocer mi sagrada ignorancia, no tratar de ser lo que no soy, aceptar que todo es uno, que debo respetar lo que soy, respetar mis continuos cambios, nacer es cambiar, morir es cambiar, soy un cambio eterno e infinito, soy la Verdad, la Belleza, la Bondad, soy el Amor, soy la Felicidad, soy Nosotros, soy el Dioses, soy Yo, como tú, como todos.

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