lunes, 20 de febrero de 2023

PUBLICACIÓN DE: Edgar Redondo.

 

Acá les dejo a mis amig@s, para su reflexión, 5 líneas del extraordinario discurso de Jiddu Krishnamurti con el que renunciaba, y a la vez disolvía, “la Orden de la Estrella de Oriente” que había sido fundada con el propósito de que él, Krishnamurti, representara el papel de Instructor del Mundo, ¡el nuevo Mesías!
Sus palabras son, para mí, como un vaso de agua fresca en el desierto... por eso es siempre bueno releerlo. (Ahhhh, abajo en el primer comentario dejo el Link al corto discurso):
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1) […] Sostengo que la Verdad es una tierra sin caminos, y no es posible acercarse a ella por ningún sendero, por ninguna religión, por ninguna secta... La verdad, al ser ilimitada, incondicionada, inabordable por ningún camino, no puede organizarse; ni puede formarse organización alguna para conducir o forzar a la gente a seguir un sendero particular.
2) […] Una creencia es un asunto puramente individual, y no pueden ni deben organizarla. Si lo hacen, se convertirá en algo muerto, cristalizado, en un credo, en una secta, en una religión que debe imponerse a los demás.
3) […] no quiero seguidores, y lo digo en serio. En el momento en que siguen a alguien, dejan de seguir a la Verdad... Mi único interés es una cosa esencial: Hacer que el hombre sea libre. Deseo liberarlo de todas sus jaulas, de todos sus temores, y no crear religiones, nuevas sectas, ni establecer nuevas teorías o filosofías... Ayudarles a romper todas sus limitaciones, porque sólo eso le dará la felicidad eterna.
4) […] Tienen ustedes la idea de que tan sólo ciertas personas posee la llave del Reino de la Felicidad. Nadie la tiene; ninguna autoridad tiene esa llave. Esa llave es el propio ser de cada uno, y únicamente en el desarrollo, en la purificación y la incorruptibilidad de ese Ser, está el Reino de la Eternidad.
5) […] la única espiritualidad es la incorruptibilidad del propio Ser, que es eterno, que es la armonía entre la razón y el amor. Esa es la absoluta e incondicionada Verdad, que es la Vida misma.
..... Jiddu Krishnamurti. Discurso de disolución (1929).

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