–Tómate un respiro. ¿Te has encontrado de repente
atrapado en ese pensamiento traicionero? Date un respiro, literal y
metafóricamente. Respira profundamente -primer paso para la desconexión-
y dedícate a otra cosa. Al inspirar introduces ese aire que limpiará tú
mente de ese pensamiento, y al exhalar imagina como los expulsas de ti y
dejas tú mente limpia. Siente cómo tú interior respira una gran
tranquilidad. Repite esto tantas veces como necesites.
– Muévete.
La actividad física tiene ciertos efectos bioquímicos -como la
segregación en el cerebro de sustancias químicas como la norepinefrina y
la serotonina- que repercuten positivamente en el estado de ánimo y el
modo de pensar.
– Atención y firmeza. Presta atención y proponte
parar el pensamiento de una manera contundente y asertiva. En cuanto
detectes ese tipo de pensamiento circular y corrosivo muestra tu
autoridad de una manera contundente, como lo harías con un niño pequeño
que se está poniendo en peligro: “¡Basta ya!”, “¡Me merezco tratarme con
cariño!” o cualquier otra expresión que surta efecto contigo mismo.
– No dejes que tus pensamientos te venzan. Recuerda que tú no eres tus
pensamientos, y que eres tú quien lleva las riendas de tu vida. Tú
puedes.
– Anótalo en tu agenda. Cuando observes que tu
pensamiento es circular, inútil y agotador, o simplemente que no es el
momento para dedicarte a ello, haz un sitio en tu agenda para tratarlo
en el momento oportuno, en las condiciones adecuadas. No se trata de
ignorar o evadir problemas, sino de afrontarlos de una manera eficaz y
en las mejores circunstancias.
– Ocúpate de ti y confía en la
capacidad de los demás para resolver sus propios asuntos. Si no depende
de ti, hazte a un lado y deja los problemas en manos de quien dependa.
Esto no quiere decir que no puedas ayudar desde el apoyo, la escucha,…,
pero esto es muy diferente a hacerte cargo.
– Encuentra apoyo en ti mismo y en aquellos que te rodean.
– Escribe un diario. Anotar tus pensamientos te ayuda no sólo a
organizarlos, sino a comprender más tarde tus errores de planteamiento,
tus tendencias nocivas y tus miedos.
– Descubre lo que te gusta y
úsalo para cargarte de energía y alimentar tu autoestima. Busca
actividades que te proporcionen emociones positivas: ve a darte un
masaje o al gimnasio, escucha tu música preferida, ve al cine, sal a
cenar con tu pareja o amigos.
RUMIACIONES EN MEDIO DE LA NOCHE.
Si en mitad de la noche empiezas a dar vuelta a los problemas,
devuélvete a tu presente. Cierra los ojos, ayúdate de la respiración
profunda para eliminar esos pensamientos. Ve haciendo un recorrido por
todo tú cuerpo: tus pies, los gemelos, los muslos,… hasta la cabeza (si
es que no te duermes antes…) y los vas destensando… Vas poco a poco
regalándote una sensación de bienestar y relajación. Si vuelven los
pensamientos, de nuevo te devuelves a tú respiración y a tus sensaciones
corporales.
RECUPERAR LA PERSPECTIVA.
Una vez frenado
el hábito de las rumiaciones, hemos de mirar el problema. No nos estamos
entrenando para ser ciegos a nuestros problemas, sino para estar más
centrados, para no distraernos en preguntas y pensamientos circulares
que nos alejen de la solución. Es preciso colocarse en una posición
mental que permita tener una cierta perspectiva del problema, para
afrontarlo de manera eficaz. Te damos algunas claves que te pueden
ayudar:
– Enfoca bien. Evita que tus miedos distorsionen tu visión. Interpreta las cosas de la manera más realista posible.
– Reconoce tus emociones. Acepta tu dolor, tristeza, miedo,… Al igual
que la alegría forman parte de ti, de la vida. Míralas, afróntalas y
aprende a ellas. Si sientes que no sabes cómo, pide ayuda.
–
Simplifica. No siempre las causas de tus problemas son profundas y
complicadas. Puedes estar de mal humor simplemente porque has dormido
mal, estás cansado o incubas un catarro.
– Deja de compararte con
otras personas. Los demás tienen su propia idiosincrasia y su propia
historia, y tú también. Aprende a valorarte.
– Deja que fluyan las soluciones. Haz un repaso a todas las alternativas y elige las más adecuadas para ti.
– Simplifica tus metas. Proponte metas abordables que te dirijan hasta
tú meta final. No olvides disfrutar del camino, es lo que da fuerza y
valor a la consecución de la meta.
– Rebaja tus expectativas
cuando las cosas no dependan de ti. No sirve de nada sufrir por que las
cosas no son como te gustaría que fueran. Son como son.
– Comprende que las demás personas también tienen sus problemas y limitaciones, como tú.
– Que no guíe tu vida las expectativas de otras personas. Identifica
cuándo tu pensamiento obsesivo responde a la voz de otras personas, a
las que les has dado poder para controlar tu vida. Recupera tú poder.
M. Ángeles Molina.
sábado, 17 de junio de 2023
RUMIACIONES Y ANSIEDAD 2ª Parte (Por Emma Fernandez)
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