Se ha extendido la idea de que existen “personas tóxicas”. De hecho, el adjetivo “tóxico” ahora se aplica con gran facilidad a cualquier persona que tenga dificultades relacionales. De una u otra manera ha servido para exacerbar la intolerancia. Por eso, es momento de aclarar que en realidad no existen personas tóxicas, sino comportamientos tóxicos.
Ningún ser humano se reduce a una clasificación tan generalista como “bueno” o “malo”. Tampoco, por supuesto, a un calificativo tan negativo como “tóxico”. Las personas, al igual que la vida, son cambiantes. Hay momentos en los que se dejan aflorar comportamientos equivocados o destructivos. Incluso se puede permanecer en ellos por mucho tiempo. Sin embargo, esto no significa que sean tóxicos en sí mismos. Nadie lo es y no se puede usar esa palabra para calificar la esencia de nadie.
Cualquier persona puede llevar a cabo un comportamiento tóxico, pero esto no implica que lo manifieste durante toda su vida. La conducta puede reorientarse y transformarse en constructiva. En cualquier caso, no se trata de “una peste” de la que alejarse, sino el indicativo de que la persona está en problemas y, por ello, no es consciente del daño que hace y se hace.
La mejor manera de ayudar a alguien que tiene comportamientos tóxicos es no permitiéndoselos. Todo vínculo tiene unas reglas de juego, en parte explícitas y en parte implícitas. No se debe permitir que ni unas ni otras toleren la manipulación, el desprecio y cualquier otra conducta que degrade o instrumentalice al otro. Lo que debemos erradicar son los comportamientos tóxicos, no a las personas que los manifiestan.
-lamenteesmaravillosa-
No hay comentarios:
Publicar un comentario