• Busco a alguien que “me haga feliz”.
• Busco a alguien que “me sepa llevar”.
• Busco a alguien “para quien yo sea el centro del universo”.
• Busco a alguien que “me preste atención”.
• Busco a alguien “de l@s que ya no quedan”.
• Busco a alguien que “sea mi persona perfecta”…
¿Te suenan estas frases? Aparentemente son inofensivas y “poéticas”. Las relacionamos con el amor romántico y apasionado (muy fomentado, además, por la industria televisiva, musical y cinematográfica).
Sin embargo, si indagamos un poco más en todas ellas, podremos apreciar que no es “amor” todo lo que reluce, y que, en muchas ocasiones, la base de creencias desde la que se pronuncian tiene mucho que ver (aunque en un principio no lo parezca) con el desamor, la escasez, la falta de autoestima y la irresponsabilidad de la persona consigo misma.
- Una persona que desea que “la hagan feliz” seguramente no sabe ser feliz por sí misma.
- Una persona que necesita que “la sepan llevar” no se sabe llevar a ella misma (es decir, no se responsabiliza de sus estados emocionales y proyecta en el otro la responsabilidad de gestionarlos o soportarlos. Cuidado, pues, con asumir inconscientemente el rol de “conductor” con ella).
- Una persona que necesita “ser el centro del universo” para alguien no es el centro del universo para ella misma (es decir, seguramente no se tiene en cuenta y no se ama, de modo que proyecta esa responsabilidad en el otro).
- Una persona que busca que “le presten atención” es casi seguro que no se presta atención, por lo que convierte al otro en el principal responsable de dársela.
- Una persona que busca a “alguien de l@s que ya no quedan” parte de una creencia de escasez/victimismo/resentimiento, según la cual la mayoría de la gente es “mala” (por tanto, el otro nunca cumplirá sus expectativas y acabará siendo “malo”).
- Una persona que busca a la “persona perfecta” vive en la ilusión, pues la persona “perfecta” no existe: es solamente un concepto platónico en su cabeza, basado en la creencia de las relaciones ideales, idílicas y eternas (toma conciencia de la posesividad, el desamor y las expectativas que se hallan detrás de ese concepto).
Por descontado, en todos esos casos, las probabilidades de terminar en una relación tóxica son inmensamente elevadas, y los celos, la posesividad, el control y la manipulación harán acto de presencia más pronto que tarde, pues todo se fundamenta en una falta de autoestima y en una sensación de vacío, carencia y victimismo. ¿Son, pues, estas frases una muestra de “amor” o tal vez escondan algo más? La próxima vez que las escuches (o que las pronuncies), piénsalo dos veces: ¿desde dónde estás operando? ¿Desde dónde está operando el otro? ¿Eres consciente de que el amor depende de ti y de que, si no has sido capaz de realizarte por ti mismo, la otra persona simplemente te va a reflejar esa frustración, ya que no podrá complacerte las 24 horas del día?
Toma conciencia: que el amor parta primero de ti para que puedas vivirlo en total plenitud junto al otro.
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Javier López Alhambra
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