Había
un mendigo sin casa, que había tratado de juntar comida y se daba
cuenta que todos los días su comida desaparecía; un día atrapó al ratón
que robaba su comida y le preguntó:
- “¿Por qué me robas? Soy un mendigo.
Puedes robarle a gente rica, que no va a tener efecto sobre ellos.”
El ratón respondió:
-"Está en tu destino que sólo puedes tener 3 cosas en tu poder. No
importa cuánto ruegues, no importa cuánto juntes; es todo lo que vas a
tener”.
El mendigo quedó sorprendido y dijo:
-"¿Porqué es ese mi destino?”
y el ratón contestó:
-"No sé. Deberías tratar de preguntárselo al Buddha”.
Entonces el mendigo emprendió el camino para encontrar al Buddha y,
mientras viajaba, descendió la tarde. Llegó a la casa de una familia
rica y les preguntó si podía pasar la noche con ellos. Al dejarlo
entrar, le preguntaron:
-"Joven, ¿porqué estás viajando tan tarde?”
A lo que respondió:
-Tengo una pregunta para el Buddha y mañana voy a continuar mi viaje”.
La familia le consultó: -"¿Podemos darte una pregunta para que le hagas
al Buddha? Tenemos una hija de 16 años que no puede hablar; sólo
queremos saber qué tenemos que hacer para que hable”.
Al otro día el mendigo les agradece por el refugio y les dice:
-"Por supuesto, haré esa pregunta por ustedes”.
Y continúa su viaje. En un momento, ve un mar de montañas que debía cruzar. Escaló una de ellas y conoció a un mago.
El mago decide usar su báculo para llevar al joven y volar sobre el océano de montañas. Y el hechicero le pregunta:
-"¿Dónde vas? ¿Por qué estás decidido en cruzar estas montañas?
A lo que el joven contesta:
"-Voy a hacerle al Buddha una pregunta sobre mi destino”.
El mago le dice:
-¿Puedo darte una consulta para que le hagas al Buddha, por favor? He
intentado ir al cielo durante mil años. Según mis enseñanzas, debería
poder ir al cielo ahora. ¿Puedes preguntarle al Buddha qué es lo que
tengo que hacer para llegar al cielo?”.
“Por supuesto que le haré esa pregunta por ti”, responde.
Y mientras su viaje continúa, se encuentra con un último obstáculo. Un
río que no puede cruzar. Pero, por suerte, conoce una tortuga gigante
que decide ayudarlo en el cruce. Mientras cruzan el río, la tortuga le
pregunta:
-"A dónde vas"?.
-"Voy a ver al Buddha. Tengo que preguntarle sobre mi destino”.
La tortuga entonces dice:
-“¿Puedes, por favor, consultarle sobre mí también? He tratado de
convertirme en Dragón por 500 años. Según mis enseñanzas, ya tendría que
haberme transformado en Dragón. ¿Puedes preguntarle al Buddha qué debo
hacer?”.
Entonces el joven agradece a la tortuga por llevarlo a través del río y responde:
-“Por supuesto que haré esa pregunta por ti”.
El mendigo finalmente conoce al Buddha.
Y el Buddha dice a la multitud:
-“Responderé 3 preguntas a cada uno, pero sólo 3 preguntas”.
El joven queda anonadado, porque tiene 4 preguntas para hacer. Entonces
piensa con cuidado. Piensa en la tortuga, viviendo 500 años tratando de
convertirse en Dragón. Piensa en el hechicero, que ha estado viviendo
mil años intentando llegar al cielo y recuerda a la joven que deberá
vivir toda su vida sin hablar. Entonces se observa a sí mismo. Dice:
-“Soy sólo un mendigo sin hogar. Puedo volver y seguir mendigando”.
Y así, mientras contempla los problemas de los demás, sus propios
problemas parecen pequeños; y siente lástima por la tortuga, por el
hechicero y por la joven, y decide realizar sus preguntas.
Al hablar con el Buddha, le hace las preguntas. El iluminado responde:
-“La tortuga no desea dejar su caparazón. Mientras no esté dispuesto a
abandonar la comodidad de su caparazón, nunca se volverá un dragón.
El hechicero siempre lleva consigo su báculo y nunca lo deja; éste actúa como un ancla, alejándolo del cielo.
Y en cuanto a la joven niña, va a poder hablar cuando conozca al amor verdadero, su alma gemela”.
Entonces el mendigo se inclina en reverencia ante Siddhartha Gautama
Buddha y emprende su viaje de regreso a casa. Se reúne con la tortuga y
le dice:
“-Sólo debes dejar tu caparazón y te convertirás en
Dragón”. La tortuga se quita su coraza y dentro de ella encuentra perlas
preciosas halladas en las partes más profundas del océano. Se las
entrega al mendigo y dice: -“Gracias. Ya no necesito esto porque soy un
dragón”. Y sale volando hacia el infinito.
El mendigo se
encuentra también con el hechicero en la cima de la montaña y señala:
-“Sólo debes dejar tu vara y ascenderás al cielo”. El hechicero deja
caer su vara y se la entrega al joven; dando gracias juntando las manos,
se eleva hacia los cielos.
El joven ahora tiene la fortuna de la tortuga y el poder del hechicero.
Regresa con la familia rica que le había brindado refugio y les dice:
-“El Buddha dijo que su hija podrá hablar cuando conozca a su alma gemela”.
Y en ese preciso momento, la joven baja las escaleras y pregunta:
-“¿Es ese el joven que estuvo aquí la semana pasada?”
La joven, y, el que una vez fue un mendigo sin hogar, hallaron a su alma gemela el uno con el otro.
Está historia nos enseña tantas cosas, tantas lecciones.
Para quien escribe, significa que hay que dar para luego recibir, hacer
para luego recoger, amar para luego ser amado y ser íntegro en cuerpo y
alma para ser. Para SER.
A veces, si queremos convertirnos en
dragones, si queremos ser leones, debemos estar dispuestos a dejar atrás
lo que nos reconforta, lo que nos hace sentir más seguros. Debemos
dejar nuestra zona de confort, cómo hizo la tortuga; dejar nuestras
anclas, como hizo el hechicero; y para encontrar el verdadero amor,
debemos a estar dispuestos a convertirnos en alguien que coloca a los
otros antes que a sí mismo.
Cuando estás solo y hundido en tus
pensamientos, a veces tus problemas parecen tan grandes que hasta
sientes que se acaba el mundo; pero si miramos la vida y los problemas
de otras personas, otras personas que no tienen tantas oportunidades
como nosotros, y que pasa su vida peor que nosotros, a veces hace que
nuestros problemas se vean minúsculos. Y si estamos dispuestos a ayudar a
quienes están luchando más que nosotros, puede llegar a cambiar el
curso de tu propia vida, de tu destino, y el universo va a devolverte
esos actos de una manera que nunca imaginaste y nunca esperaste.
Hasta de las aparentes desgracias de la vida pueden surgir nuevos
horizontes antes no vislumbrados, no pensados y hasta no deseados.
No importa lo que desees o lo que no desees: lo que tenga que llegar,
llegará. Lo quieras o no. Queda en ti la forma de tomar lo que el
universo te depara.
Y todo lo que haces regresa.
Va a volver hacia ti. Todo lo bueno que haces en el mundo y para el mundo va a volver hacia ti.
Si estás pasando por un momento difícil, espero que esta libre y breve historia pueda ayudarte.
Todo vuelve. Siempre.
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sábado, 22 de junio de 2024
CUENTOS Y LEYENDAS (Por Juan Antonio Portillo)
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