Si
te consideras una semilla estelar y realmente “vienes” de un lugar de
conciencia elevada, terminarás comprendiendo el proceso de evolución de
los habitantes de la Tierra sin juzgarlo, pues la conciencia comprende
la inconsciencia. De hecho, la inconsciencia está destinada a
convertirse en conciencia.
Esto
no implica que no puedas estar en desacuerdo, o que no consideres
conveniente apartarte de determinadas personas o estilos de vida que no
te hacen bien. Eres libre de hacer lo que desees; de hecho, estás aquí
para realizarte a tu manera y alinearte con un nuevo paradigma. Pero
enredarte en el conflicto dual de verdades absolutas (que siempre
termina en guerra) y considerarte el poseedor único de la verdad y de
las mejores “razones” te llevará de nuevo a la inconsciencia.
Esa
es la “trampa” de este planeta: creer que eres “consciente” (ego
espiritual) y que todos deberían opinar y hacer lo que tú, y, por lo
tanto, sentirte en el derecho de criticar, juzgar o ridiculizar a quien
ve las cosas de modo distinto. La lucha entre verdades para imponer la
“correcta” se da entre personas inconscientes. Y para eso no vino una
semilla estelar, sino para ir más allá de ese conflicto dual y
reconocer, por encima de todo lo superficial, la conciencia de unidad.
Es decir, que todos formamos parte de lo mismo.
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