Hay algo que pocas veces nos detenemos a pensar: cada persona que entra en nuestra vida no solo trae su historia… también trae su mundo.
Un mundo hecho de creencias, heridas, sueños, miedos, formas de amar y de ver la vida.
Y cuando te acercas a alguien, cuando lo escuchas, cuando lo permites en tu espacio… de alguna forma también estás entrando a ese mundo.
Por eso hay encuentros que te expanden. Te inspiran, te dan paz, te hacen ver la vida con más claridad.
Sales de ahí sintiéndote más ligero, más tú. Como si hubieras recordado algo importante.
Pero también hay otros que te confunden. Que te drenan, te llenan de dudas, te alejan de tu centro. Sin darte cuenta, empiezas a cargar emociones que ni siquiera eran tuyas.
* Hay personas que son refugio…
y otras que son tormenta.
* Hay personas que te acercan a tu paz
y otras que te alejan de ella.
Y lo más importante es entender que tú eliges a qué mundo entras y cuánto tiempo decides quedarte ahí.
* No necesitas quedarte en lugares donde tienes que apagarte para encajar.
* No necesitas cargar historias que no te corresponden.
* No necesitas salvar a nadie perdiéndote a ti.
Elegir bien con quién compartes tu tiempo es elegir también el tipo de vida que quieres vivir.
Porque al final, cada conexión es una puerta.
Y cada puerta te lleva a un lugar distinto.
Cuida muy bien cuáles decides cruzar. 
Gracias, gracias, gracias!
Nos amo 
Nos bendigo
Dios con nosotros y en nosotros
No hay comentarios:
Publicar un comentario